Los ratones de la cocina

Capítulo 30

-¿Fuisteis vos?

La Duquesa sujetaba un tazón entre las manos mientras su hijo terminaba de masticar un bocado de pan con miel.

-Sí -respondió sin vacilar.

-Ya sé que habéis sido vos quien me ha devuelto a mi forma humana, pero… ¿fuisteis vos también quien me convirtió en ese ser repugnante?

Ahora su respuesta no salió tan limpia, aunque sí igual de contundente.

-Sí, fui yo.

-¿Puedo saber con qué fin? -preguntó enfadado, olvidándose por completo del desayuno.

-Tenías demasiado veneno dentro. Mi remedio no habría funcionado en un cuerpo tan grande.

De todas las posibilidades ─y habían sido muchas─ que había barajado desde que hubo recobrado la consciencia hasta que se había dormido de nuevo y aparecido en la cama hecho hombre, ninguna se había aproximado siquiera a esta explicación. La revelación lo dejó estupefacto. Estaba ya tan decidido a pensar lo peor de su madre que ahora, ante este giro inesperado, no sabía reaccionar. Terminó por limitarse a aceptar el tazón que se le ofrecía y beber.

-¿Quién me envenenó? -preguntó cuando pudo volver a poner en orden sus pensamientos.

-La verdad es que no estoy totalmente segura -respondió la Duquesa con sinceridad, y abochornada en su interior por no ser capaz aún de identificar con certeza al enemigo-. El ambiente está tan enrarecido desde que el Rey murió. Hay demasiadas cabezas ansiosas por sostener la corona.

Él la miró confundido.

-No te refieres a Adalberht.

-No, no -sonrió ella-. Irónicamente, él es quien menos me preocupa. Pero ya viste los días de atrás a los barones; parecen perros de presa dispuestos a arrojarse a la yugular de cualquiera.

Transcurrieron unos segundos en silencio mientras Kasimir volvía a comer y a beber.

-¿Lo asesinasteis vos? -acabó por preguntar directamente. La atmósfera invitaba a no andarse con rodeos.

-¿Al Rey? ¡Por supuesto que no! Yo sabía que esto podría ocurrir; que las cosas podían ponerse mal para ti si el trono no te era entregado antes de que él muriera. Pero todo parecía seguir su curso. Después de ese baile en tu honor, el Rey esperaría unos años, no muchos, y abdicaría la corona en ti, su heredero designado. Todo habría ido como la seda.

Nuevamente, las teorías de Kasimir se estaban desmontando. La creía. Lo que decía tenía sentido. Pero eso abría la puerta a un adversario desconocido.

-Entonces, ¿quién?

-Sospecho que la misma persona que ha intentado matarte a ti después. Tengo una teoría, pero no me cuadran los motivos.

-Contádmela.

-Todavía no. Eso te haría descuidado frente a los demás posibles culpables. Necesito que estés alerta a cualquier otro indicio hasta que yo logre confirmarlo o descartarlo.

El Príncipe echó una ojeada a su alrededor. Estaba en la habitación de su hermana, de la que llevaba ya tiempo sin saber nada. No obstante, en este momento, tenía cosas más importantes en la cabeza.

-Y ahora ¿qué pasará? ¿Cómo explicaréis mi transformación? ¿Cómo explicaréis que sois una bruja?

La Duquesa volvió a sonreír.

-No lo haré. Reaparecerás y ocuparás tu lugar como soberano de este reino. Nadie debe osar pedir explicaciones al Rey… o a su madre.

-Olvidáis que han estado a punto de acabar con mi vida.

-Estaré más pendiente. Tomaré mayores precauciones.

Kasimir reflexionó en voz alta.

-Tal vez Adalberht no estaba tan loco, después de todo, con querer marcharse.

Ella lo miró mucho más que enfadada.

-Tu hermano era un cobarde, indigno de ese honor. Mi hijo no lo es.

-¿Por qué habláis de él en pasado? -Kasimir se dio cuenta de que, ahora que conocía los poderes de su madre, el espectro de posibilidades para cualquier acción o discurso que tuviera que ver con ella se había ampliado descomunalmente para siempre.

-Porque es pasado para nosotros. Ya no debe preocuparnos. Y ahora -añadió, tras una breve pausa-, céntrate en recuperarte. Pretendo dar a conocer la buena nueva mañana. De momento, te dan por muerto; o casi. Me ha costado trabajo convencer a los barones de que te he hecho llevar a la casa de un médico cuyo domicilio, por razones de seguridad, era mejor no desvelar. Pero seguro que no tardaron ni un instante en poner en marcha sus maquinaciones sobre con quién reemplazarte. Eso suponiendo, claro está, que no lo tuvieran pensado de antemano. Cada segundo que tardes en volver te perjudicará; así que come, bebe y descansa.



Monica Euen

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En el texto hay: magia, misterio, amor

Editado: 26.08.2019

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