Los secretos de Venus

Capítulo 1

«Amar al prójimo tanto como a nosotros mismos y aprender a perdonar con el corazón»

Amor y perdón, dos palabras tan cortas pero que encierran toda una carga emocional que sólo unos pocos valientes o mentirosos, dicen ser capaces de soportar… Quizás sólo se trata de que las personas tienen a idealizarlas y sobrevalorarlas al punto de vivir pregonando, a toda voz, al amor como «un derecho» que se nos da por el sólo hecho de nacer y al perdón como la oportunidad que «todos merecemos» para redimir nuestras culpas y encaminar nuestro futuro, pero no siempre es así.

¿Cómo profesar amor cuando el prójimo llena tu corazón de odio y dolor? ¿Cómo perdonar a quién te destruye la vida hasta el punto de hacerte desear tu propia muerte? ¿Cómo siquiera encontrarle sentido a una absurda vida llena de codicia, egoísmo, maldad, corrupción, desolación y muerte? ¿Cómo confiar? ¿Cómo tener fe en nuestros semejantes cuando vivimos envueltos en una sociedad hipócrita con doble moral?

Ese lugar en mi alma, que una vez estuvo repleto de «buenos sentimientos», ahora es sólo un pozo negro hasta el tope de odio y sed de venganza. Hoy, más que nunca, siento como poco a poco se me agota esa provisión de humanidad que el creador nos regala al nacer.

Drogas, muerte y prostitución. ¿Cómo demonios terminé viviendo bajo tanto excremento? ¿En qué miserable momento mi vida se desvió tanto?

Sí, lo sé... ya es muy tarde para reaccionar, estoy hundido hasta el cuello en medio de toda esta basura.

«El último día» ¿A quién carajos quiero engañar?

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Es lo mismo que me repito, día tras día, durante los últimos 5 interminables e insufribles años. «El último día» sólo llegará cuando, por fin, logre enviar al mal nacido de Jim Jaeguer derechito al infierno, al mundo de ultratumba en el que siempre ha debido estar y asegurarme de que su viaje no tenga retorno, el planeta entero estaría agradecido al saberse liberado de semejante escoria.

Mientras tanto, sólo puedo continuar interpretando mi triste papel… evitando, a toda costa, ser yo quien se gane el viajecito… aunque, pensándolo bien, quizás mi destino final no sea tan diferente al de Jaeguer.

Reconozco que se me ha ido un poco la mano intentando hacer bien mi trabajo, sin poder evitarlo, cada vez soy más parecido a ellos. Aunque en mi defensa diré, que nunca he hecho daño a un inocente y espero que la vida nunca me coloque en esa difícil posición.

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Me llamo Alexander Glizman, para mis familiares y unos muy pocos amigos, para el resto del mundo… sólo Alex. Mientras menos sepan de mí, mucho mejor. Mis padres Alexander Glizman y Denisse de Glizman fallecieron cuando yo sólo tenía 6 años… en realidad fueron asesinados por quien creían su mejor amigo y un gran socio.

Fui testigo presencial de sus muertes y de las muertes de casi todos los presentes en esa reunión de negocios, que no fue más que una vil trampa de la piltrafa humana llamada Jim Jaeguer… Seis vidas perdidas y al menos un par de niños huérfanos, todo en nombre de la maldad y la codicia.

Almas que no descansan en paz y que nunca lo harán mientras sus voces no sean escuchadas y sus muertes vengadas. Tanto Jaeguer como todos aquellos corruptos que, antes de imponer justicia, prefirieron hacerse los ciegos y permitir que ese asesino y toda su mafia continuaran libres e imponiendo terror y maldad… ¡Todos pagarán!

Muchos años han pasado desde entonces y aunque he intentado, tantas veces olvidar, superar y continuar con mi vida, la realidad es que todos esos recuerdos me atormentan a diario, ya que… a pesar de ser tan sólo un niño cuando esto ocurrió, recuerdo todo como si fuera ayer. Cada una de esas muertes me llena de tanta ira, que siento que no viviré en paz hasta que acabe con Jaeguer y toda su asquerosa red.

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Voy manejando mi auto rápidamente por la vía interestatal, cuando una fuerte ráfaga de viento choca contra mi cara y me trae de vuelta a la realidad, como siempre y aunque no lo demuestre, el estúpido sentimiento de anticipación hace mella en mi estómago, sabiendo que me dirijo a un lugar en el que la tortura y la muerte son la orden del día.

Quizás todavía quedan restos de humanidad en mí.

Tan pronto como llego a mi destino… uno de mis compañeros, me espera en la entrada para ponerme al tanto de los acontecimientos.

—Alex, ¿Dónde rayos estabas metido? El jefe no ha parado de preguntar por ti —dice con preocupación—. Búscalo en la de conferencias… ve rápido, antes de que se descontrole… ya lo conoces.

Ése es Silvestre, uno de los hombres de confianza de Jaeguer. Sí, aunque suene irónico, soy guardaespaldas del maldito hombre que juré asesinar y cuyo imperio me propuse destruir, ese justamente, es el «papelito de pacotilla» que a diario me toca interpretar.

«La de conferencias», muy al contrario de lo que cualquiera pensaría, no es más que la infernal sala utilizada para, entre otras cosas, torturar y matar.

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Una vez en el lugar, utilizo mi mejor cara de «me importa una mierda el mundo». Y todo va bien, hasta que…



MarilynF

Editado: 30.07.2020

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