Los secretos de Venus

Capítulo 27

Cuando salimos de la reunión y ante la imposibilidad de conversar con mi compañero, dado que Elisa y el viejo decidieron instalarse en la sala privada, preferí volver discretamente al lado de Venus, mientras observaba atentamente todo a mi alrededor.

Por muy increíble que pareciera, el viejo sólo había dirigido su atención a Venus el día del ataque a Elisa, por llamarlo de alguna forma. Antes o después de eso, la chica era casi que invisible para él… lo que no estaba mal, pero tampoco dentro de lo que yo clasificaría como normal.

¿Qué era eso que ocupaba tanto la mente del viejo como para hacerle cambiar sus malditas rutinas?

Últimamente, estaba tan unido a Elisa, que ella ya parecía una extensión de su cuerpo, esa mujer no se le despegaba ni a sol ni a sombra…

¿Acaso ella era esa pieza que nos faltaba? ¿Qué poder podía tener esa mujer sobre Jaeguer?

Mientras pensaba y observaba, un celular repicó… justamente, el de Elisa. Tomó la llamada en la oficina y luego regresó para decir algo al oído del viejo. En un santiamén, ambos nuevamente estaban listos para partir…

¡¿Por qué rayos estos dos estaban tan sospechosos?!

Podría asegurar que ni en todos mis años de vida, había tenido tantas dudas como ahora. Por algún momento me sentí viviendo en un mundo paralelo, donde nada era lo que parecía ser y todo aquello que durante mucho tiempo creímos seguro y duradero, de repente terminaba siendo totalmente efímero e incierto.

 

Tan pronto como se fueron, continué conversando con Venus, aprovechando el hecho de que ella no tendría la mirada inquisidora de su hermana encima y podría hablar con más naturalidad.

—Princesa… los pasadizos… ¿Por qué no usarlos?

—Créeme lo intenté muchas veces, pero… como bien sabes la vigilancia continua más el hecho de que sólo se me permita el acceso a ciertos lugares de la casa y para mi mala suerte en ninguno de ellos había forma de llegar a uno de los pasadizos. La cocina me está prohibida, el garaje privado no lo he visitado en años y el jardín sólo puedo observarlo desde este ventanal. No ha sido posible para mí llegar hasta ellos.

—El primer día, cuando fuimos al bar… Allí podías haber escapado —me acerqué al ventanal, situándome al lado de Venus, aun «barajeaba» en mi mente toda la información recibida por parte de las gemelas, sinceramente había que tener corazón de hierro… o no tenerlo, para que una situación como la vivida por estas chicas no te afectara.

—¿Me lo habrías permitido? —respondió levantando una de sus cejas y mirándome con una sonrisa sarcástica.

—Sí… no, lo siento, yo no podía… —respondí vagamente mientras intentaba devolver mi mente y mis pensamientos a su correcto lugar—, fue tonto haberte hecho ese comentario… Olvídalo.

—Además, cuando llegué no sabía con certeza qué había sucedido con mi hermana… Si ella era libre o si aún estaba bajo las garras de Jaeguer. Él se encargó de ocultarnos siempre cualquier información.

—Ahora entiendo por qué esa noche no querías regresar y preferiste quedarte paseando por toda la ciudad.

—El permitirme salir contigo, siempre se trató de una pantalla. Una maldita máscara que Jaeguer utilizaba y que en ese momento no sabía con qué finalidad… pero ahora sé, que sólo fui un señuelo para pescar a mi hermana —sonrió amargamente sin voltear para mirarme—. La única certeza sobre esa salida contigo, era que no había ninguna probabilidad de repetirse, por eso quise alargarlo lo más que pudiera, observar detalladamente ese mundo, tan libre, tan vivo y tan cambiante que se encontraba más allá de las cuatro paredes de mi habitación o debería decir, de mi prisión… Además de que no sabía si tenías orden de matarme esa misma noche o quizás al siguiente día.

—¿Ese desgraciado te dijo eso? ¿Te dijo que yo te mataría?

—Me dijo que ya estaba harto de mis debilidades y que tan pronto diera la orden tú serías el encargado de liquidarme.

—¿Por eso me buscaste? ¿Por eso te acostaste conmigo? Estabas buscando volverme tu aliado para que… según Jaeguer, yo no te matara.

Aunque ella intentó explicar, en realidad, no hizo falta ninguna palabra… Su cabeza cabizbaja me dio la respuesta. No me sorprendió, para ser sincero desde un principio sabía que algo tramaba… aunque no negaré que me sentí algo extraño respecto de todo esto, pero no molesto… supongo que nuestro sentido de supervivencia siempre prevalece.

El ser humano como el animal primitivo que es siempre buscará sobrevivir en su ambiente, haciendo lo que sea necesario, esté o no a su alcance… siguiendo las órdenes que nos dicta nuestro instinto. Creando alianzas, uniéndose a la manada más fuerte, la que nos asegure mayor suma de bienestar y sobre todo la que esté en mayor capacidad de ofrecernos protección y seguridad.

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El barco llegó ayer al puerto y esta mañana ya todo está listo para la movilización. Como era de esperarse hay cierta aura de incertidumbre en el ambiente.

Silvestre, dio órdenes a la comisión que se encargará de eso. Más allá de inseguridad, noto preocupación en él, cosa que no suele ser muy habitual. Se supone que es mi trabajo todo el asunto de relaciones comerciales y movilización de mercancías, es a lo que me dedicaba antes de la llegada de Venus, pero… como ya lo habíamos conversado antes, ninguno de nosotros dirigirá el operativo. Mi atención ahora está sobre mi compañero, se está comportando de forma muy extraña, algo sabe o algo intuye y por supuesto que no está tranquilo, de hecho… hace mucho que no lo veo tan nervioso.



MarilynF

Editado: 30.07.2020

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