Los secretos de Venus

Capítulo 31

Retomé el control de mis emociones y de la situación en general. Debía deshabilitar a este tipo y sacarlo del juego, pero al mismo tiempo, evitar que él hiciera uso de esa arma… principalmente contra mi humanidad, aunque cualquier disparo, así sea al aire, tendría el mismo efecto devastador, ya que alertaría al resto y eso sería malo… muy malo.

Me escondí lo mejor que pude dentro de aquel matorral, al verlo acercarse cada vez más, de modo que muy pronto estuvimos a casi un metro de distancia, y aunque un pequeño cercado de madera y alambre con púas nos separaba, éste era de muy poca altura, muy propio de los terratenientes que los usaban más para delinear sus tierras que para evitar extraños merodeando, ya que quien se atrevía a merodear de antemano sabía a qué se exponía.

Estaba listo y la cerca no iba a ser ningún impedimento, sería fácil golpearle hasta hacerle perder la concentración. No estaba persiguiéndome de hecho, justo ahora estaba seguro de que no me había visto, sólo salió para desahogar su vejiga.

De repente, el tipo gritó tan fuerte que quien terminó perdiendo la concentración fui yo. Al tiempo que comenzó a disparar, al ver que los disparos no iban dirigidos a mí, las gemelas pasaron por mi mente…

¿Acaso las descubrió a ellas?

 

Su grito y los disparos alertaron a otro de sus cómplices, el cual le habló desde cierta distancia.

—¿Qué demonios te pasa? —dijo el recién llegado.

—¡Una maldita serpiente!... ¡Odio las serpientes! —respondió el primero de ellos.

—¡¿Un grandulón con una AK-47 en las manos llorisqueando por una miserable serpiente?! ¡Que cobarde! —además de la voz del tipo se escucharon risas de otras personas que claramente habían escuchado la conversación entre estos y complementaban las burlas del segundo de ellos.

Sí, la verdad es que, entre la adrenalina del momento y la oscuridad reinante, no me había percatado de una gran serpiente que estaba enroscada en el matorral que yo estaba usando de camuflaje.

¡¡Tampoco me gustan las serpientes!!

¿Cómo me deshago de ella, sin alertar a estos tipos?

¡¡Rayos!! ¡¡Rayos!!

 

Continué inmóvil con mi atención dividida entre la amenaza armada y la gran serpiente que se movía sigilosamente. Hasta que llegó el momento esperado, cuando el segundo individuo dio la espalda para volver con el resto que permanecían dentro de la cabaña.

Cuando desapareció del mapa, fue mi turno de disparar contra el hombre que tenía a mi lado, ya no importaba que el disparo fuese escuchado. Ellos, sin saberlo, me habían dado la coartada perfecta. Tan pronto como se dio cuenta de mi presencia, fue muy tarde para él… un disparo, certero y preciso, en medio de su frente y el primero de mis problemas fue solucionado. Nuevamente escuché risas que provenían de la cabaña.

Me alejé rápidamente del matorral y por supuesto de la serpiente, saltando el pequeño cercado y buscando la forma de camuflarme, ya que para ser sinceros dentro de los linderos de aquel lugar había muy poco detrás de lo cual protegerse, por un momento me recordó a la primera vez que estuve dentro de los pasadizos, un lugar completamente desolado y vacío, pero… aun así, Ares se las había ingeniado para ocultarse usando un ducto ubicado en la parte alta del mismo y atacarme por sorpresa desde arriba.

Para mi suerte, aquí no había paredes altas, ni ductos de ventilación… Para mi desgracia, yo estaba completamente expuesto… ¡Y para colmo de males!

El segundo hombre volvió a salir y regresó a buscar al que yo acababa de matar.

—Rafa, ¡Mas te vale que ya hayas dado en el blanco! ¿Tantas balas para una jodida serpiente?

Aproveché la oscuridad y me pegué lo más que pude a la pared de madera de la cabaña, el hombre pasó muy cerca de mí, si no pudo descubrirme fue porque de inmediato su mirada se centró en el cuerpo inerte de su compañero, el cual por la premura del caso y por los casi nulos lugares disponibles para ocultar ningún cuerpo, opté por lanzarlo de cabeza dentro del matorral.

El segundo hombre caminaba lentamente hacia el cadáver, observando en detalle el matorral, suponiendo que quizás la serpiente había sido la causante del problema, estuvo un rato más mirando con atención los alrededores y cuando intentó dar la espalda para volver e imagino que avisar al resto de lo ocurrido, no se lo permití. No era conveniente realizar más disparos, por lo que sólo me quedaba recurrir a mis técnicas de lucha.

Aprovechando que aún permanecía de espaldas a mí, di una fuerte patada en la parte baja de sus caderas con lo que pude derribarlo y desestabilizarlo, tanto que en medio de la caída también soltó y dejo caer su arma. De forma rápida y ágil, me abalancé sobre él, inmovilizándolo y apretando con mi brazo fuertemente en su cuello, en una especie de llave, impidiéndole hablar, respirar y fracturándolo después… Segunda amenaza eliminada.

Supongo que uno de mis maestros de artes marciales no estaría muy contento con este ataque por la espalda o «ataque a traición», como él le llamaría, pero la vida real tiene la mala costumbre de ser siempre tan diferente a lo que se espera de ella… en este caso, diferente a las prácticas dentro de las cuatro paredes de una academia. En la vida real, todo se reduce a una simple elección… Ellos o yo.



MarilynF

Editado: 30.07.2020

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