Los secretos del pasado

Capítulo 1 Lo que no debería recordar

Elara no recordaba haber despertado.

Simplemente… abrió los ojos.

El techo sobre ella era blanco, pero no completamente. Tenía pequeñas grietas, líneas finas que parecían extenderse como si alguien hubiera intentado romper algo desde dentro.

Parpadeó lentamente.

El silencio era absoluto.

Demasiado.

No había sonidos de la ciudad.
No había pasos.
No había respiración ajena.

Solo ella.

Elara se incorporó con lentitud, sintiendo un leve dolor en la sien, como un eco persistente de algo que su mente no lograba alcanzar.

—¿Dónde… estoy? —murmuró.

Su voz sonó extraña. Lejana.

Como si no le perteneciera del todo.

Miró a su alrededor.

La habitación era simple: paredes claras, una mesa metálica, una silla al fondo… y una puerta cerrada.

Pero había algo más.

Algo que no encajaba.

Elara frunció el ceño.

En la pared, justo frente a ella, había marcas.

No eran grietas.

Eran… símbolos.

Se levantó lentamente y se acercó.

Su pulso comenzó a acelerarse.

No eran simples dibujos.

Eran códigos.

Morse.

Pero estaban incompletos.

Fragmentados.

Como si alguien los hubiera escrito con prisa… o con miedo.

Elara levantó la mano y pasó sus dedos sobre ellos.

Y en ese instante—

Una imagen atravesó su mente.

Un pasillo oscuro.

Luces rojas.

Un grito.

Su respiración se cortó.

—No… —susurró, retrocediendo.

Eso no era un recuerdo normal.

Era demasiado vívido.

Demasiado real.

Apoyó una mano contra la pared para mantenerse en pie.

Su mente comenzó a llenarse de fragmentos:

Un laboratorio.
Una voz.
Un nombre…

V-01.

Elara se quedó inmóvil.

—Eso… no tiene sentido —dijo en voz baja.

Pero en el fondo, algo dentro de ella respondió:

Sí lo tiene.

Su mirada volvió a los códigos.

Esta vez, los leyó con más atención.

—… .-.. / .- .-. .- … —murmuró lentamente.

Se detuvo.

Su respiración se volvió más pesada.

—Elara…

Sus propios ojos se abrieron con sorpresa.

—Es mi nombre…

Pero había algo más.

Los símbolos no terminaban ahí.

Debajo, casi borrado, había otra secuencia.

Más larga.

Más compleja.

Elara tragó saliva.

—Esto… esto no lo escribí yo…

Pero alguien sí lo hizo.

Y lo dejó para ella.

Cerró los ojos un segundo.

Y entonces lo sintió.

Esa sensación.

La misma del laboratorio.

La misma del miedo.

La misma de que algo…

la estaba observando.

Elara giró lentamente hacia la puerta.

Silencio.

Pero no estaba sola.

Lo sabía.

Siempre lo sabía.

Y esta vez…

no era una visión.

Elara avanzó lentamente por el pasillo.

Las luces parpadeaban con un ritmo irregular.

No era aleatorio.

Era… como un pulso.

Como si el lugar estuviera vivo.

Sus pasos eran cuidadosos, pero su mente no se detenía.

La voz.

Lo que dijo.

“Elara no es tu nombre real.”

—No… —susurró—. Eso no tiene sentido.

Pero en el fondo, algo dentro de ella… no se oponía.

Como si una parte suya ya lo supiera.

Se detuvo.

Las paredes frente a ella comenzaron a iluminarse.

Símbolos.

Docenas de ellos.

Pero esta vez… eran diferentes.

No estaban quietos.

Se movían lentamente, como si respiraran.

—Esto no es solo un código… —murmuró.

Se acercó.

Y en ese instante—

Los símbolos cambiaron.

Se reorganizaron.

Y formaron una nueva secuencia.

Elara dio un paso atrás.

—Está reaccionando a mí…

Respiró más rápido.

Y los símbolos cambiaron otra vez.

Más desordenados.

Más caóticos.

—A mis emociones…

Cerró los ojos.

Intentó calmarse.

Uno…

Dos…

Tres…

Cuando volvió a mirar—

Los símbolos estaban estables.

Ordenados.

Claramente legibles.

Elara tragó saliva.

—Entonces… si me descontrolo… el código cambia.

Y si cambia…

podría equivocarse.

Y si se equivocaba…

No quería pensar en eso.

Se concentró.

—… .-.. / .- .-. .-… —leyó—.

Se detuvo.

—Elara…

Silencio.

Luego otra línea apareció debajo.

Más lenta.

Más pesada.

—… -. --- / . .-. . … —murmuró.

Su voz se quebró.

—“No eres…”

El aire se volvió frío.

Muy frío.

Elara dio un paso atrás.

—No… no sigas…

Pero sus ojos no podían apartarse.

La última parte del mensaje apareció.

Como si dudara en mostrarse.

—… . .-.. .- .-. .-

Elara dejó de respirar por un segundo.

—Elara…

“NO ERES ELARA”

El mundo pareció detenerse.

—No… —susurró—. Eso es imposible…

Pero el mensaje seguía ahí.

No cambiaba.

No desaparecía.

Era fijo.

Real.

Elara retrocedió lentamente.

—Entonces… ¿quién soy?

Su cabeza empezó a doler.

Un dolor agudo.

Como si algo quisiera salir.

Y entonces—

Una imagen.

Violenta.

Brusca.

Un cuarto blanco.

Mucho más brillante que este.

Una niña.

Sentada.

Inmóvil.

Mirando al frente.

Y una voz.

—Sujeto V-01… reinicio completo.

Elara se llevó las manos a la cabeza.

—¡NO!

La imagen desapareció.

Respiraba agitada.

Descontrolada.

—Eso… no fue una visión normal…

Eso se sintió diferente.

Más… real.

Más profundo.

Más antiguo.

Miró nuevamente los símbolos.

Habían cambiado otra vez.

Ahora eran más simples.

Como si el sistema… estuviera esperando.

—Quiere que lo descifre… —murmuró.

Pero esta vez no era solo un código.

Era una respuesta.

Respiró hondo.




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