Matar para Amar : Serie l

CAPÍTULO 1: El huracán de sus Ojos.

FAITH

Aquella noche lluviosa fue el comienzo de nuestra historia, en dónde conocí a mi héroe, aquel que a pesar de derribarme casualmente me salvó la vida y la inocencia. Aquella inocencia que solamente le pertenecía a él desde el momento en que nací, porque desde entonces todo resultó escabrosamente maravilloso.

Cuando entre abrí los ojos suavemente con molicie y cierta debilidad, jamás recordé estar así realmente, no recordaba siquiera que es lo que había sucedido conmigo y tras observar el techo tétrico supe de inmediato que estaba postrada en una cama en algún hospital ¿Qué me ha pasado? ¿Por qué estoy aquí? Las preguntas me abruman la cabeza mientras me reincorporo con cierta rudeza y trato de sentarme.

Siento el cuerpo adolorido, como si me hubiesen dado una paliza, de esas que no se olvidan.

De pronto me vuelvo a recostar debido a que una enfermera acaba de entrar trayendo consigo una bandeja de comida que desde luego se ve muy apetitosa.

Ella me sonríe animada al ver mi mirada asustadiza.

—Me alegra que estés despierta— hace una pausa mientras deja la fuente sobre una pequeña mesita de al lado— justo a tiempo, necesitas alimentarte para recuperar fuerzas.

— ¿Qué me…?— me entrecorto en cuanto lo veo a él, recostado en uno de los muebles de al lado, completamente dormido y con ambos brazos cruzados.

Su rostro perfectamente varonil me deja con la mente más que en blanco, me maldigo por las mariposas que revolotean dentro de mi vientre y es que se siente tan escabroso sentir esto por un patán como él que no quiero admitir que también se siente dulce.

Entonces recuerdo y no puedo evitar encolerizarme con él.

 

*** (48 horas atrás) ***

Estoy tan satisfecha y cómoda en mi cama que cuando veo el despertador de al lado noto que ya son más de las 10 am pasadas y que además de todo el maldito despertador no ha sonado. Me levanto exaltada y camino hacia el guardarropa, saco algo liviano que ponerme, como un vestido negro de verano y por último me pongo un par de zapatillas.

Me echo un rápido vistazo en el espejo para cerciorarme de no tener una cara que quizá pueda asustar al primero que me vea y finalmente salgo de la habitación tratando de arreglar mi cabello con los dedos. Bajo los escalones amplios de la mansión y me dirijo hasta el patio trasero en donde se encuentra mi madre, tomando el sol con un traje de baño justo al lado de mi hermana mayor.

Pongo los ojos en blanco.

—Cariño ven siéntate y cuéntanos algún chisme bueno— pide mi madre,  aún mantiene su cabeza recostada hacia atrás.

Suelto un suspiro rápido y sonrío aliviada de saber que mamá no está molesta conmigo por levantarme algo tarde.

—No tengo algo nuevo que contar, creo que hoy no hay noticias para alegrar el día— tomo asiento a un lado— ¿Y papá?

—En el trabajo como siempre ¡Duh!

Revoloteo los ojos tras escuchar la voz sarcástica de Rachel, ella y yo nunca nos hemos llevado bien a pesar de ser hermanas, tan solo me lleva por dos años y parece que yo soy la mayor. Ella siempre está dando problemas a la familia por querer ser la “Chica Rebelde” que andaba con gente mala.

—No te estoy preguntando a ti— le espeto completamente molesta.

—Ah, ah no quiero escucharlas discutir de nuevo por favor estoy descansando tranquila, no lo arruinen o las botaré a ambas— por suerte mi madre interviene.

— ¡Elizabeth! ¡Elizabeth!— la voz de mi padre quién grita desde la sala nos hace sobresaltar, parece angustiado y algo exasperado.

Cuando aparece por la entrada y se da cuenta de la presencia de Rachel y de la mía finge una sonrisa amplia, como queriéndonos transmitir paz aunque claramente solo está esforzándose.

— ¿Qué pasa Iker? ¿Por qué tanto escándalo?— mi madre lo mira sorprendida.

—Necesitamos hablar a solas y en privado, ahora— determina luego de darse media vuelta para regresar por donde vino— te espero en mi oficina.

Mi madre Elizabeth se levanta sin perder más tiempo y lo sigue. Me quedo cuestionándome sobre aquella escena extraña,  algo dentro de mí sabe que algo malo está pasando y simplemente no quieren hacernos participe de ello más sé que a veces puedo exagerar pero mis intuiciones nunca me fallan.

Tras unas largas horas de espera, en especial por mí parte ya que Rachel se ha marchado almorzar y ya también ha regresado, aparece mamá con una cara entre las manos, quiere transmitirnos tranquilidad aparentando frescura, no obstante, la conozco tan bien que sé que alguna noticia le cayó muy mal.

—Faith ya he hecho tu matricula así que deberías ir alistando algunas cosas para tu primer día— se da la vuelta y se detiene para girarse a medias y mirarnos de reojo— por cierto, mi hermana regresa de Nueva York y se quedará de manera permanente aquí.

Se marcha sin más, haciendo resonar sus tacones en el piso pulcro y fino del lugar.

Negué con la cabeza suavemente sin poder creérmelo aún, mi tía Alessandra es mucho más joven, a diferencia de mamá tiene 40 y mamá es la mayor con 45 años, su esposo, mi tío Liam es del contemporáneo de mi tía Alessandra, ambos vivían juntos en una gran mansión y a pesar de tener tanto dinero aún no tienen un hijo. Solían decir que no estaban preparados para ser padres aunque yo estaba segura de que podrían ser los mejores por la manera en la que se comportaban conmigo cada vez que solía a visitarlos, Alessandra siempre tomaba más el papel de ser mi mejor amiga y casi una segunda madre aunque lo justo sería que ocupase el primero ya que se comportaba de la mejor manera conmigo.



Steffi.Bvorón

Editado: 09.06.2020

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