Matricidio

CAPITULO: 4

Después de un descanso muy reparador, se levantó a las seis para estar lista a tiempo para su trabajo, hoy no la llevaría su padre (tenía su auto, pero casi nunca lo usaba); Cristian insistió en recogerla él, ya que el hotel le quedaba de camino a su trabajo.

Se ducho, peino y maquillo un poco; bajo a desayunar a las 7 (eso viniendo de ella era temprano). Comió un vaso de zumo de naranja y un par de tostadas con mermelada. Termino y cogió su bolso llevaba puesto una falda tubo negra, una blusa manga cero blanca y unos zapatos negros de charol.

Su cabello estaba amarrado en una coleta con una liga negra, la presencia era lo esencial en su trabajo. Se escuchó un claxon de seguro era Cristian quien ya la esperaba.

Se miró por última vez en el espejo y una vez que dio el visto bueno a su atuendo, salió a toda prisa.

Era una buena jefa, daba la confianza necesaria y solo algunos de sus subordinados eran sus amigos.

REBECA

-. Hola – le doy un beso en la comisura de sus labios

-. Buenos días – me sonríe mostrando todos sus dientes perfectos

-. No tenías que molestarte – repuse mientras me colocaba el cinturón

-. Es un pequeño detalle con mi prometida – me dio un guiño y puso el auto en marcha

-. Ahora sí creo que nadie pondrá en duda que de verdad nos queremos

-. Acaso ¿no es eso cierto? – inquirió

-. Es muy cierto, te quiero mucho

-. Y yo a ti – respondió

En 10 minutos ya estábamos en la puerta del hotel, Cristian bajo rápidamente para abrirme la puerta; no me sorprendió, lo hacía desde la universidad.

-. Gracias – dije tomando su mano para salir del auto

-. No es nada – acariciaba el dorso de mi mano

-. ¿Aun tienes dudas? – pregunte ya que se notaba nervioso

-. Bueno – me abrazo sin previo aviso – crees ¿Qué es lo correcto? - dijo cerca de mi oído

-. No lo sé – dije abrazándolo un poco más fuerte – solo no olvidemos nuestra amistad.

-. Estoy nervioso – dijo soltando el abrazo

-. Tranquilo – junte nuestras manos – solo serán por dos años

-. Dos años más aguantándote – acaricio mi mejilla – pequeña loca

-. Oye – reí – más tarde no olvidemos que nuestras familias quieren reunirse para afinar detalles de la boda

-. Ahí estaré – beso la comisura de mis labios y se fue

Llegue al hotel de cuatro estrellas, tenía 200 habitaciones, y casi 100 trabajadores entre chef, mozos, botones, recepcionistas, mucamas, servicio de limpieza y demás; ya que contaba con un restaurante.

Debía verificar que todos cumpliesen con su función, empezando yo... por poner el ejemplo siempre llegaba a tiempo, impecable y era en extremo educada con los clientes.

Mi mejor amiga es Laura, la recepcionista del restaurante, es un poco más alta que yo con 1.70 y un cabello negro azabache lacio que lo mantiene corto hasta sus hombros, sus ojos son marrones.

Después de pasar a revisar cada área me reuní con ella a la hora del almuerzo y le conté todo (bueno casi).

-. ¿Y cuándo es la boda? – hablo por fin, después de que se quedó en silencio por la noticia.

-. El 14 de febrero

-. Vaya como para que no se les olvide la fecha

-. Sí, Cristian es un buen hombre

-. Pero… - me miro muy seria – siempre que hablabas de él, no ponías un tono romántico

-. Es que aún no sabía que estaba enamorada de él – me excusé, no le iba a decir que... él creía ser gay.

-. Y ¿Qué tal es en la cama? – mis mejillas me ardían, de seguro ya estaba totalmente roja

-. Laura – grite en un susurro

-. Es solo una pregunta - se encogió de hombros, como si su pregunta fuera lo más normal del mundo

-. Pero mujer – me daba aire con mi mano – eso no se pregunta… al menos después de la noche de bodas – reímos

CRISTIAN

Las palabras de Rebeca me dejaron más tranquilo, ella era una linda chica y tenía miedo de cometer una torpeza y dañar nuestra amistad.

Este matrimonio me quita un peso de encima mis padres ya no estarán más molestos conmigo (de hecho estan como antes, super cariñosos y comunicativos) y Astrid tal vez vuelva hacer la misma conmigo.

Llegue a mi oficina que quedaba en el piso numero 7 el bufet era muy reconocido en la ciudad y el 80% de nuestros casos eran resueltos a favor de nuestros clientes.

Mi jefe era el Señor Rodrigo Morely un abogado penalista muy bueno, era un tigre para defender sus argumentos y de buen corazón, ya que el bufet tenía un fondo destinado para ayudar a las personas que no contaban con los recursos economicos para pagar nuestro servicio.

-. Señor Cristian – Cristina, mi secretaria me hablaba por el intercomunicador.

-. Dime – respondí

-. El Señor Morely, lo solicita en su oficina en este instante

-. Ya voy – acomodé mi saco y salí directo a su oficina que estaba un piso abajo, llegue y toque la puerta después de... “adelante”, ingrese.

Él estaba detrás de su escritorio con las manos sobre este leyendo algún expediente, al ingresar dejo los papeles a un lado.



Lizzy

Editado: 09.10.2019

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