Mavis Baker investigadora paranormal.

Prólogo.

 

 

 

Rumania, Transilvania 1819.

 

 

La bruja miraba desde las sombras, muerta de la risa, como el joven príncipe se llevaba a la boca en un fino movimiento la copa de vino. Ansiosa espero a que se acabará hasta la última gota del líquido rojo, lo haría pagar por jugar con sus sentimientos.

 

— Le estoy haciendo un favor a todo el mundo...— susurro para sí misma. Un estruendo desde el comedor hizo que girará la cabeza rápidamente.

 

El príncipe yacía desmayado en el lustroso piso de mármol blanco, a su lado la pobre reina gritaba angustiada por ayuda, pero nadie sabía qué hacer ni el mismo rey que tenía los ojos abiertos viendo sorprendido como la espuma blanca salía de la boca de su joven hijo, de su primogénito y único heredero.

 

— ¡Hagan algo por favor! — lloraba la mujer sosteniendo con fuerzas el cuerpo del chico.

 

 

Pero ya nada se podía hacer. La bruja riendo salió de la sala cubierta por su gruesa capa negra, con cuidado de no ser vista escapó del castillo.

 

 

Afuera el viento le voló la capucha y le revolvió la mata de cabello rojo como la sangre. Con una sonrisa maliciosa vio como montones de hombres salían de la fortaleza. Espero a que se acercaran un poco y entonces echo a correr hasta desaparecer en el espeso bosque, el batallón la siguió.

 

— ¡Ahí esta! ¡Atrapadla ahora mismo! — grito uno de los hombres señalándola con el dedo.

 

 

Veloces, como guepardos, todo el escuadrón se le echo encima a la hermosa mujer que en un abrir y cerrar de ojos había desaparecido en el aire. Lo último que escucharon fueron sus malvadas carcajadas resonando por todo el bosque.



Mia Arguedas

Editado: 02.01.2020

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