Melodía de Verano

Capítulo 9

Despierto temprano por la mañana, y después de desayunar, me dirijo a completar la lista de ayer. El clima está un poco más fresco, y se lo agradezco al cielo. 

Caminando por las calles de la Valeta, encuentro de pronto una pequeña tienda de arte, donde compro un estuche que incluye un cuaderno, lápices, gomas, fijador, carboncillos, pasteles y difuminos. 

Al salir, decido que iré a explorar un poco la ciudad, y tal vez así encuentre algún lugar donde bailar. 

 

Regreso a los jardines Upper Barrakka, y al descender por una escalera, se encuentra la entrada a un museo. Es un fuerte subterráneo llamado “Lascaris War Room”. Camino por un túnel largo y obscuro. Llego a la puerta y pago la cuota. Es un museo de la guerra. Hay cuartos llenos de mapas y máquinas utilizadas en distintas épocas. 

 

Al salir del museo, considero que aún es muy temprano, por lo que paso al departamento a dejar las cosas que he comprado. Pienso qué hacer antes de almorzar. 

«Son vacaciones, ¿no? 

¡Es momento de ir a la playa!»

 

♫♫♫

 

Recostada en un camastro, con una margarita en mi mano, me siento en un verdadero Edén. 

«Al fin, mis merecidas vacaciones.»

Hay niños jugando en la arena y en las olas del mar. Algunas personas están buceando y hay motos de agua también. La playa no está llena a reventar, pero si hay bastante gente. 

De pronto, un balón de volleyball se acerca volando hacia mí. Al cerrar los ojos, espero el impacto, sin embargo, este nunca ocurre.

Abro los ojos y veo que el balón ahora es sujetado por un chico que parece salido de una película de surfistas. 

—¿Te encuentras bien? 

—Si, yo, eh, gracias…

«Suficientes margaritas para ti, Elisa.»

El chico lanza el balón a un grupo de adolescentes a unos metros de nosotros y se gira a mí. 

Su cabello rubio y rizado está amarrado con un elástico, dejando su bronceado rostro a la vista. Sus ojos miel se encuentran debajo de unas cejas oscuras y delgadas.  Sonríe y sus dientes relucientes se asoman finalmente. 

Prego. 

—Ah, ¿italiano? 

—Sí. ¿De dónde eres, bella

—¿Cómo sabes que no soy de aquí? 

—Te recordaría. 

Me sonrojo y luego la imagen del capullo británico mofándose de esa frase viene a mi cabeza. La sacudo de mi mente y vuelvo a concentrarme en la plática. 

—Soy de España. 

—¿Vienes de vacaciones? 

—Sí. ¿Tú igual? 

—No, yo vivo aquí desde hace un par de años. 

—Ya veo… Soy Elisa, por cierto.

—Matteo. —extiende su mano y toma la mía a modo de saludo. —Y dime, Elisa. ¿cuánto tiempo piensas quedarte? 

—Todo el verano. 

—Sabes, esta ciudad tiene lugares hermosos. Si quieres un tour, yo podría dártelo. 

—Suena tentador. 

—Debo irme ahora al trabajo, pero tal vez nos encontremos en otra ocasión. —se levanta y veo su bien trabajado torso playero con discreción. —Un gusto, bella signorina. —sonríe y se va. 

 

Después de un par de horas y de haber nadado un poco, camino de vuelta al departamento. En el trayecto diviso un letrero pequeño que dice “Clases de Baile”. 

«Excelente.»

—Buenas tardes. ¿En qué puedo servirte? —me pregunta una señora amablemente. 

—Buenas tardes. Me gustaría saber acerca de las clases que ofrecen. 

—Mira, hay clases para principiantes de lunes a viernes de 3 a 5, y clases para avanzados los viernes y sábados de 6 a 8. El costo es mensual, y ya incluye la inscripción. ¿Te gustaría inscribirte? 

—Sí, gracias.

Mientras la recepcionista hace un par de anotaciones en su libreta me asomo por la puerta que da al estudio. Es una gran sala con piso de madera y paredes de espejo. Al fondo hay un piano. 

Regreso al escritorio y pago el monto correspondiente. 

 

♫♫♫

 

Me encuentro en la sala del departamento leyendo un libro después de almorzar. 

Mientras estoy absorta en las palabras de Arthur Conan Doyle, escucho de pronto una melodía familiar que entra por la ventana. 

«Africa de Toto»

Dejo el libro a un lado y me acerco un poco más a la ventana. 

«Es uno de los vecinos, eso es definitivo.»

La canción es espléndida per se, pero la forma en la que, quien sea que la esté tocando, lo hace, es maravillosa. 



Cassie Dawson

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En el texto hay: musica, romance, amor de verano

Editado: 22.03.2020

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