Melodía de Verano

Capítulo 53

—¿Puedo ver?— pregunta Aiden desde mi habitación. 

—Aún no.—respondo desde la sala de baño.

—Elise, llevas una eternidad allí dentro. 

—Ya casi termino, no seas tan desesperado. 

Escucho como suelta un suspiro exasperado y luego el rechinido del colchón, indicando que se ha recostado en la cama. 

Llevo alrededor de media hora frente al espejo. Acomodo mi cabello detrás de una de mis orejas y coloco los aretes dorados que he comprado con Angele. Miro mi reflejo y me agrada lo que veo. Nadie pensaría que la chica de hace un par de días y la que está frente a mí son el reflejo de la misma persona. Luzco sonriente, vistiendo un fresco vestido color esmeralda a la perfección. Además un permanente rubor parece no dejar mis mejillas desde anoche. 

<<Anoche…>>

Sólo de recordarlo siento como la temperatura de mi rostro aumenta -aún más de lo que ya está-.

Ha sido tan dulce conmigo, y ha sido tan distinto de cualquier cosa que hubiera imaginado. 

 

—Elise, juro que si no sales en 5 minutos, voy a entr— Abro la puerta y Aiden se queda callado frente a mí. Me mira de pies a cabeza y mi corazón late con fuerza. 

—Diablos… —musita. 

—¿Todo bien? 

—De maravilla…—dice al momento que me toma por la cintura en un movimiento rápido y me besa. —Valió la pena la espera. —y  no puedo evitar sonreír ante su comentario. 

 

♫♫♫

 

—¡Te dije que ese vestido te sentaría a la perfección!— dice Angele a mi lado mientras nos dirigimos al club de baile. —¿Qué ha dicho Aiden? —pregunta en un susurro. 

Miro a Aiden en el asiento de enfrente mientras conversa animadamente con Elías sobre deporte. 

—¿Sobre qué? 

—¡Sobre el vestido! —exclama en un susurro. 

—Le ha gustado. —respondo por lo bajo. 

—¡Estupendo! Objetivo conseguido. —levanta su mano y choco mi palma con la suya mientras reímos por lo bajo.

Aiden carraspea y gira su rostro hacia nosotras. Me siento como una niña atrapada en plena travesura. 

—En realidad, me ha encantado. —me guiña y se gira a seguir conversando tranquilamente. 

Angele y yo nos miramos con expresión de sorpresa y puedo sentir como una vez más me ruborizo intensamente. La pelinegra muerde su labio inferior intentando suprimir una carcajada y puedo ver el rostro triunfante del inglés a través del retrovisor.

 

Llegamos a un club donde hay luces de colores brotando de las ventanas y la música parece hacer vibrar la estructura desde los cimientos. 

Una vez más, la fila se sigue hacia la esquina de la calle, pero Angele consigue que entremos de inmediato. 

Las personas bailan en parejas en todo el espacio que hay disponible. Mesas alrededor de una gran pista de baile se encuentran casi repletas por personas que miran con emoción los pasos de aquellos de pie. 

Se puede observar a algunas personas cansadas, pidiendo una bebida con desesperación debido al ejercicio. 

La música se escucha fuertemente y puedo sentir como mi corazón comienza a latir al ritmo presentado. 

Caminamos hacia nuestra mesa y pedimos un par de margaritas para comenzar. 

 

Después de un rato nos levantamos a bailar. 

La variedad de canciones es estupenda. Abundan los ritmos latinos como salsa, merengue, y bachata.

Al principio pensé que tal vez Aiden batallaría un poco con estos últimos, pero vaya que estaba equivocada. Si ya pensaba que el hombre bailaba bien, ahora es oficial. 

No hay ritmo alguno que este chico no domine. 

En España, principalmente en Ibiza, existen algunos lugares para bailar música latina, y bueno, siendo de habla hispana, he escuchado muchas canciones.

Comienza a sonar una canción colombiana que realmente es de mis favoritas de este género. 

Tomo a Aiden de las manos y le comienzo a indicar como es el ritmo de la canción, pues luce un tanto confundido al desconocerla. Muevo mi cuerpo al compás y al poco tiempo sigue la melodía a la perfección. 

Me hace dar un par de vueltas y me pierdo en la canción. Comienzo a cantarla mientras bailamos. 

Aiden me mira y sonríe. 

—¿Qué pasa? 

—Tu voz es linda cuando hablas español, sigue cantando. 

 

Lo miro y decido cantarle la canción, porque realmente necesito decir lo que está en la letra, y porque sé que no me va a entender cuando lo haga. Necesito expresarlo, aunque no se lo diga directamente. 

Le digo que deseo que se quede y que lo besaré tan fuerte que él mismo no querrá marcharse. Que lo despertaré cada mañana con una caricia, y estará presente en mi mente cada noche, siempre que él haga lo mismo. Que aunque él deba marcharse, realmente desearía que pudieramos estar aquí... juntos. 



Cassie Dawson

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En el texto hay: musica, romance, amor de verano

Editado: 22.03.2020

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