Mi dulce ángel.

Capítulo 1.

— ¿Está todo bien, mi niño?– preguntó mi madre después de pasar su delgada mano por mi mejilla.

—Sí, es sólo que pensaba en la historia que me contaste de niño. – Tomé otra cucharada de cereal. — ¿Crees que soy un milagro?

— ¡Por supuesto bebé!, yo había jurado esa noche que te había perdido…— murmuró lo último con la voz un poco quebrada. — Le agradezco a Dios el poderte tener entre mis brazos, Xenres eres lo mejor que me ha pasado en la vida.

Mi mamá siempre se ponía sentimental cada que tocamos el tema, su pareja en ese entonces le había pegado de una forma tan bestial que por un momento creyó haber tenido un aborto, pero no fue así. Al poco tiempo huyó de ese lugar para darme una vida digna, ¿por qué no le digo padre a ese hombre? Es porque para mí no es lo correcto, amo tanto a mi mamá que saber sobre la existencia de ese sujeto me revuelve la comida con violencia.

—Tengo que cortarte ese nido. — bromeó al pasar y despeinar mi cabello negro.

— ¡Vamos, no está tan mal!

La figura de mi madre era delgada al igual que alta, su cabello es de un tono castaño y corto a la altura de su nuca, sus ojos era una historia muy diferente puesto que era un verde tan sutil que si no ponías atención podrías confundir con un tono gris.

—No quiero que me vuelvan a llamar del instituto por ese fleco que tienes. — reí por lo bajo.

Tomó unas tijeras para comenzar a despeja mi frente, mi cabello caía lentamente lo que me daba una extraña sensación, nunca me ha agradado que me corten el cabello.

— ¿Por qué no puedo tener el cabello largo?—la pregunta salió sin mi permiso, pero mi mamá sonrió ligeramente.

—En la escuela te enseñan a tener disciplina, por eso a las niñas se les pide que vayan peinadas. Cuando era niña nunca me gustó, ¿Sabes? Pasaba por la puerta y luego me quitaba la liga del cabello. —dirigí mi mirada hacía su cabello. —Créeme, — señalo su cabello— esta fue la mejor opción.

—Pero a mí me gusta mi cabello largo. — intenté no sonar tan caprichoso, pero por su mueca de burla pude darme cuenta que había fallado.

— ¡Terminé!— dejó a un lado las tijeras— Ve a vestirte pequeño.

Sin decirnos nada más subí las escaleras de dos en dos hasta mi cuarto, era amplio pero con pocas cosas, realmente nos gusta estar así ya que mamá dice: “Tener el ambiente amplio para que fluyan nuestras energías”, lo que me causa un poco de gracia, pero creo que comparto esa idea.

Al ponerme el uniforme y verme al espejo pude divisar mis ojos, hace unos años atrás una mujer me había dicho que tenía un mar en ellos. Recuerdo haber llorado ese día creyendo que me ahogaría por dentro.

Sin más bajé rápidamente hacía la salida no sin antes haberme despedido de mi mamá, ella odiaba esa palabra: “adiós”, esa palabra determina un final por lo cual cada que decía eso me pellizcaba mi mejilla.

“¿Qué te sucede?, no te despidas si nos volveremos a ver al final del día”

— ¿Vas a subir o te quedaras viendo?— el tono brusco del chofer me hizo regresar a la realidad.

—Lo siento. — sentí mis mejillas calentarse puesto que mis compañeros al escucharlo rieron de mí.

—Que idiota. — la voz de Jack fue la que más sobresalió de todas, pero lo ignoré.

Busqué con la mirada a Zad, él al verme sonrió para después quitar su mochila y yo poder tomar asiento.

— ¿Cómo estás hoy Xen? ¿Te cortaron el cabello?— asentí sin ganas.

—Volvieron a llamar a mamá por eso.

—Te dije que no importaba que te peinaras, se daría cuenta. —me encogí de hombros.

—Bueno, a la próxima te haré caso. — reímos.

—Esa es la frase que deberías decirme diario niño.

Zad era 1 mes mayor que yo, por lo que siempre se las daba del “abuelo” aunque después odiaba con que le dijera que era un viejo. Es del tipo de personas que puede hacerte reír mucho y divertirte, pero cuando se enoja contigo es como abrir la caja de pandora.

—Hoy llegará un chico nuevo. — mencionó sin mirarme.

— ¿Y es malo?



Kamy Noh

Editado: 10.02.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar