Mi querida Alicia

Capitulo II

Le temblaba la mano al apretar con sus pocas fuerzas el bastón. No apartaba la mirada fija en el suelo, ni reaccionaba ante el estímulo que le perpetro por completo después de soltar tales palabras. ¿Quién era este sujeto? ¿Y cómo sabia de Silvio?

_ ¿Que acaba de decir? _, preguntó ambiguo y desorientado. El anciano solo se percató en sacar el sombrero de boina que traía, mostrando la calvicie que se reflejaba al sol. Respiro profundamente en un delicado estado de salud, y se dirigió lentamente hacia el muchacho.

Poseía una mirada penetrante, casi inalterable para quien buscase vulnerar su persona. Esto llego a atemorizar un poco al muchacho. " Ya oíste lo que dije", respondió el anciano de manera certera. " No hay de porque buscar razón alguna para querer hablarte. Soy como tú. Soy alguien que sabe más de lo que debería saber, y que ha pagado su vida por proteger aquello".

El muchacho no sabía de lo que estaba hablando el anciano en su escena de impulso frenético. El anciano no tenía nada más que sus palabras contra las de él. Y él, sin nada más que querer escucharlo. Lleno el ambiente de un silencio tan tormentoso, que el muchacho no aguanto en acabar con su intriga.

_ ¿Quién es usted? _, pregunto desafiante.

El anciano no reaccionaba a ningún estimulo que le interpusieran en frente. Solo se expresaba de manera pensativa y prudente al momento de hablar.

_ ¿De verdad quieres saberlo? _, respondía al nivel del chico.

Se mantuvo firme, sin nada más que decir. Según él pensaba que ya tenía la respuesta a su pregunta. Saca de su bolsillo un rollo de tabaco en sus manos. Lo sentía tan suave al tocarlo con la yema de los dedos, el cual se le quedó mirándolo mientras reposaba en su palma arrugada.

_ Soy quien escribirá tu historia, Roger_, respondía con seguridad sin apartar los ojos del tabaco. Solo ten paciencia para que veas que todo se conjuga gracias al amor y el tiempo.

Roger parecía no entender en absoluto lo que deparaba esta mente volátil. “¿Escribir su historia? ", reflexionaba profundamente. El anciano al notar que el desvarió de datos más confundía al adolescente, le pidió que tomara su mano con toda la calma del mundo. El muchacho se extrañó a tal proposición incoherente. Extendida aquella mano temblorosa y dura al observar no se apartaba ante ningún rechazo.

_ Tú sabes donde esta Silvio; ¿Dónde está? _, directo al grano con un tono desafiante. El hombre mantenía su mano extendida en el aire, y su mirada no se apartaba ni un segundo de los ojos del muchacho. Una mirada penetrante, similar a la de un lobo visualizando su presa. Manteniéndose firme a dar respuesta alguna.

Se sentía impaciente en la forma en que el anciano se mostraba indiferente ante la gravedad de las palabras del muchacho. Para él le era muy importante saber lo que tuviera que contar aquel sujeto, pues las palabras que decía parecían ser imposibles, pero a la ves tenía una pisca de fe.

_ Si tan impaciente estas..._, interrumpiendo los pensamientos del muchacho. ¿Por qué no me das la mano? Y así encontraras todas las respuestas que andas buscando, es sencillo, no pido nada más que solo eso. Si sabes que no tienes otra opción más que dominar esa desconfianza que tienes ante mí, y notar que lo que digo va enserio. Toma mi mano, y conocerás mucho más que tus respuestas.

Roger no sabía que decir al respecto, no le era fácil aceptar las palabras de un desconocido. Era imposible creer que conocía a Silvio, ni menos que conocía su historia. ¿De qué historia habla? ¿Y por qué escribir de ella? La noción de por qué creer, y por qué obedecer a la petición del extraño, era lo que más lo llamaba a la acción.

Se tomo la cabeza queriéndose arrancar el pelo, cerro los ojos ligeramente ante el sujeto que continuaba con su mano extendida. Se sentó a su lado, y al ver su propia palma ante él, con sus dedos rozando entre sí.

_ ¿Esto me dará todas las respuestas que quiero? _, le pregunto por última vez al anciano. El sujeto no respondía a su pregunta, solo acerco más su mano ante el muchacho. Él al no ver más remedio que pudiese saciar su impaciencia y curiosidad, le dio la mano al hombre, y este la presiono al momento de sentir su roce alrededor.

No sintió ningún cambio en su ser, pensaba de inmediato que todo era una farsa. Sintió como la cálida mano del anciano empezaba a enfriarse de a poco de manera evidente. Alzo la cabeza y noto al sujeto medio dormido, tratándose de mantener en pie del agotamiento.

_ ¿Qué debería ocurrir? _, le decía Roger. El anciano haciendo el esfuerzo de levantar su mano izquierda apuntaba hacia arriba.

_Mira a tu alrededor_, decía mientras estaba absorto en su decaimiento.

Roger no sabía bien que era lo que debía ver supuestamente. El ambiente se sentía igual, la brisa seguía continua al meneo de los árboles. Pero los arboles no se movían. Tampoco las personas a su alrededor. Espantado ante tal quiebre de la realidad, no supo que sentir o que hacer. Del espanto casi suelta la mano del anciano, quien lo atrajo a él rápidamente.



S.M Haller

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En el texto hay: amor y magia, accion, amor

Editado: 01.05.2018

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