Mis días con el señor Perfecto

Capítulo 15

— ¡Todo es tu culpa!— Grité.

— ¿Mi culpa? ¿Pero que hice?— Cuestionó.

— Idiota... iba a morir por tu culpa...

— ¡Deja de golpearme!— Gritó. — No es mi culpa que no sepas que hacer con tu vida.

— ¡¿Crees que intentaba matarme?!— Grité.

— Es lo que parecía. — Dijo con el ceño fruncido.

— ¿A ti qué? Hablas como si te importara.

— Pues me importa, ¡¿Sabes el susto que me llevé al verte ahí?! Pensé que no iba a poder sostenerte... eres una pequeña malcriada.

— ¡Cállate! ¿Crees que todos podemos ser perfectos como tú?

— No dije eso en ningún momento Andrea. — Miró firme.

— Eres un idiota Egmont, ¿Por qué demonios me rechazaste?— Pregunté llorando.

— No puedo satisfacer tus necesidades, entiéndelo, si te entro en mi vida, es probable que los medios te destrocen, ¿Crees que quiero verte desgastarte?

— No me recrimines nada, no tienes derecho. — Dije furiosa y con más lágrimas en mis ojos.

— No, ¡Tú no tienes derecho! ¡¿Por qué te rechacé es que me odias tanto?! ¡¿Por eso le dices a todos que soy gay?! ¡¿Por qué no te dije que te quiero te vas con Frankie, te besas con él y te haces su novia?!

Iba a golpearlo, pero él me colocó debajo de él, su mirada contactó la mía y cuando me di cuenta, nos estábamos besando. Los besos eran cada vez más profundos, mis manos abrazaban el cuello de Egmont, nos separamos por falta de oxígeno, él se paró y luego yo.

— Demonios Andrea...— Dijo.

— ¿Qué hice ahora?— Pregunté. — Tú fuiste el que me besó a mí, tú eres el único que confunde.

Abrazó mi cintura y quedé estática.

— ¿Por qué sales con Frankie queriéndome a mí?— Preguntó. Sus palabras dieron fuertemente en mi pecho. Sus ojos brillaban de tan sinceros que eran.

— Eso no sé cómo se dio. — Admití.

Él colocó su frente sobre la mía, se sentía tan bien estar así...

— No puedes hacerme esto Egmont. — Dije.

— ¿Hacerte qué?— Cuestionó.

— Me estás ilusionando...— Dije.

— No te ilusiono Andrea, lograste tu cometido, es todo. — Habló.

— No comprendo...— Dije confundida.

— Yo me rehúse a que pudieran hacerte daño los medios, por eso te rechacé, ¡joder...! Te fuiste a los brazos de mi mejor amigo, sin pensar en lo que yo sentía, yo solo trataba de protegerte, pero me has dado el miedo de mi vida... juré que si te salvaba, no iba a rechazarte más...— Admitió.

— ¿Qué significa eso?— Cuestioné observándole a los ojos.

— Que yo también creo que me gustas, Andrea. — Sus palabras se volvieron cánticos de santos, mi corazón bailaba de la emoción. — Repito para tus registros que no soy gay... hoy te voy a mostrar que tan gay soy.

Me besó y me apegó más a su cuerpo, mi amor en sí no es unilateral... Egmont y yo... estamos en la misma línea.

Caminamos hacia la cama y sonreí al igual que él.

— ¿Me mostrarás que tan gay eres?— Pregunté.

— Eso fue lo que dije. — Afirmó.

— Eso es sexy...— Dije. — Pero no quiero sexo.

— Igual lo tendremos Andrea...— Dijo.

— ¡¿Qué?! No, no, no...— Me asusté traté de alejarme de él pero tiró de mí hasta su pecho.

— Te quiero hermosa. — Besó mis labios nuevamente.

— No, nada, nada de eso. — Dije.

— Vamos Andrea... no sabes en la abstinencia en la que me tenías. — Dijo.

— ¡¿Yo?! Yo no soy la que anda pensando cochinadas.

— Sé que me quieres. — Dijo.

— Te quiero pero no para eso, no ahora. — Dije.

— ¿Sabes lo difícil que es concentrarse en no hacerte daño? ¿Sabes lo difícil que es no estar a tu lado?

— Pobre de mi señor perfecto... lo tengo en penitencia. — Me sonrojé. — Pero me asusta Egmont... es mi primera vez...

— Me satisface saber eso. — Dijo.

— ¿Por qué?— Cuestioné.

— ¿Seré tu primera vez?— Preguntó.

— Si. — Admití.

— ¿Y quieres que ese sea yo?— Cuestionó.

— Si... así que... está bien... hagámoslo. — Mi sangre estaba hirviendo de la vergüenza.

— Amo esas palabras. — Besó mi frente. — Pero está bien, te daré hasta mañana. — Me guiñó el ojo.

— ¡¿Eh?! No, no, no. — Me puse roja de los nervios.

— Hoy dormirás conmigo. — Ensanché mis ojos y me acostó en la cama.

Me abrazó y no pude evitarlo, también lo abracé. Hasta que...

— ¡Egmont!— Grité.

— Pensé que lo haríamos Andrea, no es mi culpa. — Se encogió de hombros.



Nicole DB

Editado: 26.10.2020

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