Mucho ruido y pocas nueces (#6 Serie Refranes)

CAPÍTULO 2

Santino le pidió a María Paz que se reunieran después del trabajo para tomar un café. Poco pudo concentrarse el resto de esa tarde. Incluso tuvo que soportar el enojo del Editor en jefe por un error de gramática en uno de los manuscritos que estaban a punto de pasar al proceso de impresión y que era responsabilidad de María Paz.

Apenas llegó la hora de salida, María Paz se arregló rápidamente y se despidió de su amiga para ir al encuentro de Santino.

- ¡Viniste! – Le dijo Santino con una hermosa sonrisa de oreja a oreja que casi le cortó los calzones a María Paz.

- Por supuesto. ¿Cómo podía no venir? – Le respondió sonrojada hasta la médula.

- No puedo creer la suerte que tengo de volverte a ver, Pachi. Estos años he pensado mucho en ti y en la promesa que te hice la última vez que nos vimos, ¿la recuerdas? – “¡Cómo olvidarla!”, pensó María Paz, si soñaba con ella a diario.

- ¿A qué promesa te refieres, Santino? – Fingió no saber de qué hablaba. No quería que Santino pensara que era una perdedora por haber atesorado aquella promesa infantil aún en su recuerdo, aunque al parecer, él tampoco la había olvidado.

- Aquella vez te dije que si alguna vez nos volvíamos a encontrar y si aún estabas interesada en mí, me pensaría eso de ser tu novio. Ahora te lo vuelvo a preguntar. ¿La recuerdas? – María Paz asintió mientras emitía un suspiro mal disimulado. – Entonces la pregunta es, ¿aún estás interesada en mí? – Santino enarcó una ceja y le brindó una semi sonrisa para rematar las defensas de ella y lograr la respuesta que estaba esperando con ansias.

- ¿Tanto te apura la respuesta? – Contraatacó María Paz.

- De tu respuesta se define mi futuro. Si me dices que SÍ, me quedo en este lugar y forjo un futuro para los dos. Pero si la respuesta es NO, partiré de aquí hoy mismo buscando nuevos horizontes. Ya sabes, un músico siempre debe tener una mente abierta a las posibilidades. – María Paz quedó de una pieza. Sin duda no esperaba esa conversación, ni tampoco que fuera tan directa. Se sentía acorralada por el tiempo. Tenía miedo, sin duda, pero más miedo tenía de perder para siempre a Santino. Había esperado por ese reencuentro por años y ni en sus más quiméricos sueños pensó que se haría realidad de forma tan espectacular.

- Entonces mi respuesta es ……SÍ. – Respondió y Santino se levantó de golpe de la silla elevando los brazos en señal de victoria y dando un grito de júbilo. Luego se acercó hasta María Paz, la levantó también de su asiento y la besó en los labios ante la mirada curiosa del resto de los presentes en aquel café.

Santino pagó la cuenta y se fueron de allí. Caminaron en silencio tomados de las manos y llegaron a un hermoso parque. Una vez allí, se sentaron en una de las bancas y María Paz tomó la palabra.

- ¿Y ahora qué, Santino?

- Ahora que estamos juntos, no veo necesario esperar más tiempo para compartir nuestras vidas. ¿Te gustaría que viviéramos juntos? – Le propuso él.

- ¿Es en serio? – María Paz estaba sumamente emocionada. Al parecer Santino sí iba a cumplir su promesa y ella no sería tan tonta de dejar pasar esa oportunidad con el hombre que amaba.

- Por supuesto. Hoy mismo puedo mudarme a tu departamento. Te pediría que te mudaras tú conmigo, pero el lugar es demasiado pequeño para los dos y creo que te sentirás más cómoda si sigues rodeada de tus propias cosas. Total, siempre es más fácil mudarse para un hombre que para una mujer, ¿no crees?

María Paz de pronto se puso nerviosa. Todo estaba sucediendo de forma tan rápida que comenzó a sentirse abrumada.

- Sí, creo que sí. Seguro sería mucho más cómodo para mí. – Rió nerviosamente.

-Entonces no se diga más. Dame tu dirección y espérame allí. Yo iré por mis cosas y te veo al rato, ¿estás de acuerdo, Pachi? – María Paz asintió dudosa pero aun así siguió adelante.

 

Desde ese día Santino y María Paz vivieron juntos. Tal y como dijo él, sus cosas se limitaban tan solo a un gran bolso con su ropa y su inseparable guitarra, pocas cosas se podía decir. No le fue difícil acomodarse en el departamento de María Paz. Todo lo contrario. Se sentía dueño y señor del lugar. Estaba feliz. Tendría un lugar para vivir, comida y una mujer que calentaría su cama y estaría dispuesta a todo por él. ¿Qué más podía pedir?

María Paz al principio se sentía insegura. No hacía mucho que había dejado la casa de sus padres para irse a vivir sola. Le atraía eso de ser autosuficiente. Sin embargo aquel reencuentro con Santino cambiaba todos sus planes. ¡Pero era Santino, el amor de su vida! Por supuesto que todo su mundo se pondría patas arriba. Pero era un precio que estaba dispuesta a pagar, sobre todo porque él le prometió forjar un futuro para los dos, y eso solo podía significar una sola cosa …… “Matrimonio”.

 

**********************

La vida de María Paz de pronto se transformó de manera brutal. Había sido una niña muy querida por sus padres, pero desde que se enteraron de que estaba viviendo con un hombre, y más aún, uno que no tenía trabajo y que estaba siendo mantenido por su hija, pusieron el grito en el cielo y cortaron toda relación con ella. Al menos hasta que terminara con esa relación abusiva o el hombre en cuestión cambiara, cosa que veían muy improbable.



Amelia Sotelo

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En el texto hay: esperanza, romance, triangulo amoroso

Editado: 15.01.2021

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