Nameless

CAPÍTULO III: Transición

<<Nada.
Sin luz, sin sonido.
Sin forma, sin voz.
Sin siquiera saber su identidad, una mano se extendía hacia ella.

Una mano que no pertenecía a nadie.>>

KILLING HARMONY
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Cuando despertó, todo parecía girar en círculos.
Las metálicas e impecables paredes, revestidas de una energía extraña; la luz que, meciéndose en lo alto del techo, alumbraba la habitación; el aroma de las moléculas volatilizadas en el aire y la sangre que se arremolinaba en sus sienes.

Se incorporó con dificultad, cerrando los ojos hasta que su visión dejó de dar vueltas. Luego de volver a abrirlos, miró la camiseta azulada que la cubría y se fijó mejor en sus alrededores. El ambiente, tal y como pudo advertir minutos atrás, tenía un olor extraño: miles de químicos reinaban en él, lo que le recordó que, más que una cáscara vacía, se trataba de una persona.

Diamandis.

Así la había bautizado la anciana que la cuidó hasta su muerte. Antes de eso, sin embargo, ni siquiera sabía cómo se llamaba. Probablemente ni siquiera había una forma en ese entonces. Solo podía recordar las extrañas y acolchadas paredes de la habitación que la contuvo por tantos años, los juguetes didácticos que le enseñaron a hablar, a escribir; las robóticas compañías y, por supuesto, la cálida voz de GADU.

GADU era un acrónimo universal para referirse al Gran Arquitecto Del Universo. Este, con sus artesanas manos, habría planeado la existencia de todas las cosas. Desde la corriente del extenso mar boreano hasta los rayos de Thron en Zagreus, refulgientes en la arena; los cristales, cuya gloria de poseerlos en mayor extensión se le concedía a los alatheianos, y el sagrado orden de las máquinas en Crux, regidas por un principio invisible que este mismo dios había aplicado para toda la humanidad.

Pero no eran sino los cristales su creación más elevada. De naturaleza doble, albergaban el caos en su interior: las pasiones, el raciocinio, la forma más pura y maldita de la moral; aquella que, encerrando al humano dentro de las puertas de la percepción, impedía que alcanzara el estadio definitivo de su ser.

La muchacha alzó una mano hacia las alturas, intentando tomar el destello que brillaba y titilaba en el techo de la habitación. Todas sus extremidades se sentían adormecidas, como si hubieran estado oxidadas por años.

La luz se escapaba por entre sus dedos, inalcanzable, hasta que finalmente la distancia pareció más corta. Era imposible que la atrapara con la longitud de sus brazos; para cumplirlo, debía hacer que la luz se acercara a ella. Sin embargo Diamandis en ningún momento la movió. Lograr esa tarea requería otro tipo de cristal, diferente al que ella portaba: el cristal rojo.

Los cristales pertenecían a la creación más perfecta de GADU. Si mal no recordaba, algunas de las habilidades que aquellas joyas despertaban en el portador incluían telepatía, telequinesis, precognosciencia… Todas podían combinarse, aunque implicaba una gran descompensación en el ámbito físico.

Precisamente, su cristal era del orden telepático. Dependiendo del grado del color, sería la limitación de sus habilidades, por lo que de modo que su tonalidad era de un rojo vibrante su comunicación era unilateral la mayoría del tiempo. Solo otros portadores que tuvieran la capacidad de conectarse con el cosmos podían responderle.

A menos de que, por supuesto, el lazo que tuviera con la persona fuera lo suficientemente fuerte como para no decaer, y así las ondas cerebrales seguirían un camino sin interrupción. De momento, solo había una persona con la que podía hacer aquello…

Luna.

 

Luna fue quien, extendiendo el brazo, parecía acercar esa luz hacia ella.

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Con un abrir y cerrar de puertas, tres personas ingresaron en la habitación. Al centro de todo se encontraba Karla Amenz, situada de espaldas y revisando los archivos al interior de una de las computadoras más potentes de toda la base.

No se inmutó con el chasquido de la entrada. Muy por el contrario, siguió en su búsqueda. El subcomandante Aldous Quarian estaba de pie junto a la comandante Amenz, los brazos cruzados detrás de la espalda hasta que vio a los tres capitanes entrar.

—Arkai, Moreila, Mylar. Es bueno verlos.

—Igualmente, subcomandante Quarian. —Dia sonrió, mientras los dos capitanes restantes asentían.

Nadie pareció cuestionar el silencio de Karla, como si estuvieran acostumbrados a que su concentración fuera inquebrantable.

—La comandante Amenz los estaba esperando. Apenas termine de encontrar el archivo que reporta la situación, se dirigirá a ustedes.

Aldous señaló los asientos frente a la mesa circular, indicándoles que descansaran. Los tres tomaron su señal como una invitación y decidieron sentarse.

—La sala de comandos es realmente espaciosa. Siempre que vengo acá, me pregunto qué tanto habrá costado construirla. —El capitán Moreila se rascó la barbilla y miró la tenue iluminación que se desprendía de las plataformas luminosas. Como de costumbre, no había ventanas, pero esta vez tampoco había holografías que simularan paisajes.

—Debe ser lo suficientemente grande como para albergar la cantidad de personas estimadas.—Arkai comentó.

—Bueno, es verdad. Aunque ahora solo seamos tres, ya que Aldous y la comandante Karla siempre están aquí.

Dia los observaba conversar pensativa. Por alguna razón, tenía el sentimiento de que ya había estado ahí antes. ¿Un deja vu, tal vez? No podía decirlo con seguridad, pero era la respuesta más lógica.

Finalmente, rompió su silencio.

—Me pregunto por qué solo seremos tres los que participarán en estas misiones. Generalmente, somos más capitanes.

—Eso es cierto. Los escuadrones también son más reducidos. —Dijo Moreila.

—Puede que sea por el tipo de misión. Si mal no recuerdo, Mylar, tú debes convencer a alguien en específico, ¿no? —Esta vez, quien hablaba era Arkai.

—Sí. Iré con Jekyll como agente principal y un escuadrón de francotiradores e infantería.

—Pues yo tengo que ir a Zagreus. Orión irá a Crux.

—¿A Zagreus y a Crux?

—Exacto. —Interrumpió Orión.—Glinte irá a Zagreus porque debe negociar con alguien en el mercado. Hay un objeto específico que llamó la atención de la comandante… aunque olvidé cuál era. En cuanto a mí, iré a Crux a hacerle una visita a un sacerdote.

—Era un libro. El TNE.

—¿TNE? ¿Qué significa eso? —Preguntó Dia.

—No lo sabemos. Habrá que averiguarlo.

—Hmm… —Dia miró al techo, meditabunda.—¿Y qué hay de Crux? Me parece curioso que, dadas las condiciones que hay ahí, envíen a un escuadrón tan pequeño… Aunque también tiene sentido. Si fuera demasiado grande, llamaría la atención.

—Creo que es porque está la opción de que el sacerdote sea un aliado, si lo que dice es verdad. Pero si las cosas se ponen feas, tendré que eliminarlo. Eso sin mencionar esas máquinas monstruosas que hay en los templos…

—Por eso mismo lo dice, Orión. Aunque sea selva, esos templos están llenos de maquinaria y trampas. De todas formas, creo que el juicio de la comandante Amenz es correcto, por más que no deje de ser preocupante…

—Supongo que no nos queda otra. —Orión rió, intentando alivianar la situación.—Pero estaré bien. La capitana Dia y tú también lo estarán, Glinte. Somos personas capacitadas para esta clase de misiones, después de todo. Y, si nuestros agentes creen en nuestro liderazgo, pues hay que irradiarles esa confianza.

—Es verdad, pero no estoy dudando de los resultados; solo barajo las opciones.

Dia volvió la mirada hacia ellos.

—Creo que sea cual sea el número de agentes en el escuadrón, la suerte ya está echada. Por supuesto que nuestras acciones influyen, pero… ¿ven ese tablero de ahí? —La capitana Mylar apuntó uno que estaba en el centro de la mesa circular.—Pues no importa cuánto movamos las piezas, ¿no? Al fin y al cabo, las reglas siempre serán las mismas.

—Uh… Creo que me perdí en esa parte. —Orión enarcó una ceja.—Pero ya es demasiada filosofía por hoy. Quizá nuestra mentalidad debería estar enfocada en la victoria y ya, sin darle tantas vueltas.

—Estoy de acuerdo. —Dijo Glinte.—No hay que cerrarnos a otros posibles escenarios, aun así.

—Sí, yo también. Pero supongo que la preocupación es natural. —Dia soltó una pequeña risa.—En fin, ¿qué hay de ti, Aldous? ¿Cuál crees que sea la mejor estrategia?

—La que ya ha sido escogida para ustedes, desde luego. Como bien han dicho, la discreción es importante en estos escenarios. Si fuera un combate en un campo de batalla abierto o un ataque a una central, los escuadrones serían más numerosos, pero por ahora es importante que pasen desapercibidos. Lo demás se los explicará Karla.

—Y… ¿qué tan difícil de encontrar es ese archivo? —Preguntó Orión.—Aunque parece que la comandante Karla ya dio con él, por lo que veo.

—Precisamente. Solo necesito revisar los últimos detalles. —Karla habló, lo que sorprendió a todos menos a Aldous. En realidad, esa clase de interrupciones inesperadas era comunes en ella, pero de modo que el subcomandante Quarian solía discutir de planes estratégicos con Amenz la mayor parte del día, ya estaba más que acostumbrado.—Bien, he terminado. Es un gusto verlos, Mylar, Arkai, Moreila. Por lo que escuché, los tres saben bien en qué consiste su respectiva misión, ¿no? Pero aún parecen tener dudas. Si tienen algo que preguntar, adelante. Serán escuchados.

—Creo que ya llegamos a nuestras propias conclusiones, comandante Amenz. —Dijo Dia.—De todas formas, me gustaría preguntar por los implementos que utilizaremos. ¿Hay algo con lo que no estemos familiarizados o…?

—En cuanto a ti, capitana Mylar, utilizarás tus poderes psíquicos y algunas armas de fuego. Como tu entrenamiento respecto a esa área aún no ha progresado lo suficiente, evita el combate cuerpo a cuerpo.

—¿Y qué hay de nosotros?

—El capitán Moreila y la capitana Arkai deberán utilizarlo en caso de que el panorama no sea favorable. Arkai, de ser necesario, tomarás el TNE por la fuerza. Y tú, Moreila, trata de sacar la mayor cantidad de información posible antes de una supuesta eliminación. Aún no sabemos si realmente se puede confiar en él.

—Entendido. —Dijeron al unísono.

—También recibirán las armas que requieran sus situaciones. Aldous subirá la lista con el armamento y objetos a sus HOLOs. ¿Algo más?

Los tres se miraron, concluyendo que quizá ya había sido suficiente.

—Creo que no. —Dijo Orión.

—Entonces, pueden retirarse.

Los tres se levantaron de sus asientos y caminaron hacia la salida.

—Bueno, supongo que eso es todo por hoy. Nos vemos, chicos. ¡Buena suerte! —Dia exclamó, despidiéndose y caminando hacia el lado contrario al que iban ellos. Ahora debía charlar con Jekyll antes de asistir a su misión.

—Glinte, ¿ya subieron los detalles de nuestras misiones? —Orión le preguntó a su compañera, quien estaba revisando el dispositivo. El holograma de su muñeca le mostró lo explicado por Karla, por lo que respondió afirmativamente.

—Sí. Está la tuya, la de Mylar y la mía.

—Hmm… veamos… —Orión hizo lo mismo, revisando la lista de armas.—Vaya, ¡conque una bazuca! Eso sí que es armamento pesado. De convertirse en una amenaza, esos monstruos de metal explotarán en pedazos.

—No te olvides de las demás.

—Sí, sí… Espera. —Hizo una pausa— Entiendo los detalles de tu misión y la mía, pero… ¿sabes por qué es tan importante conseguir a ese sujeto? Me refiero a Isaac Valken, el de la misión de Dia.

—Es una buena pregunta. Dame unos segundos.

Glinte buscó información en la nube de la base, introduciendo el nombre del susodicho, hasta que dio con la información solicitada.

—Dice aquí que proviene de la Tierra. Es un sujeto buscado por la justicia de distintos gobiernos, pues transgredió las normas de acceso a Azthlan. No tenía los papeles ni los permisos requeridos, además de que viajó en una nave clandestina.

Orión abrió los ojos desmesuradamente.

—¿En serio? ¿De verdad hizo todo eso? Ya hasta suena como uno de nosotros.

—Supongo. Eso es lo que está escrito acá, al menos. —Glinte prosiguió.—También se menciona que es una especie de superhumano. Según esto, tiene una mutación genética que le permite sobrevivir a la actividad radioactiva de la Tierra.

—Eso lo explica todo.

—Y… Mylar se comunicó telepáticamente con él. Por eso el viaje a Lyrae; de modo que sería un aliado importante, la comandante tiene interés en reclutarlo. El problema es que no sabemos su respuesta.

—Esperemos que sea lo mejor. Sería genial tener a alguien así en nuestras filas.

—Ciertamente.

—Pero no creo que te supere en combate cuerpo a cuerpo. En eso tú eres la mejor.

Glinte lo miró con cierto orgullo disimulado. La verdad es que valoraba tremendamente su fama de combatiente experta.

—Gracias.

—No hay de qué, Glinte. Ahora patéale el trasero a ese comerciante, de ser necesario. Claro, aunque no sería muy bueno si se lo patearas antes de negociar… Trata de contenerte, ¿sí? —Le sonrió.

—Y tú sé lo suficientemente precavido como para notar cualquier extrañeza. No vaya a ser que te engañen.

—¡No me engañarán! Además, no soy el único en la misión. No somos muchos, pero varias cabezas piensan mejor que una. En fin… Cuídate, ¿sí? Aunque de todos modos sé que lo conseguirás.

—Tú también. Buena suerte.
_____________________________

Jekyll miró la hora local en su HOLO.

—Llega tarde, ¿Y TIENE EL DESCARO DE DECIR QUE YO SOY EL QUE SE ATRASA SIEMPRE? No puede ser. Capitana, apenas te aparezcas, te lo reprocharé…

—¿Reprocharme qué? ¡Solo fueron unos minutos, Jekyll!

—Vaya, creo que invoqué al demonio.

—Jekyll, no me hagas hacer brujerías.

El susodicho sintió un temblor recorrer su espina dorsal.

—Pero por supuesto que no. En fin, ¿ya nos vamos?

—¡Sí! Ya he salido de la reunión con la comandante Amenz y todo fue bien. Tenía algunas dudas, pero finalmente fueron resueltas. ¿Qué hay de ti? ¿Revisaste los detalles de la misión?

—Revisados y memorizados. Te estaré observando escondido en la barra del bar, mi arma lista para acabar con cualquier intruso.

—Solo espero que la memoria no te falle esta vez.

—No estoy tan viejo. Eh, creo.

—Como digas. En fin. ¿nos vamos?

—¿Qué estamos esperando? —Jekyll sonrió, algo más animado que la noche anterior. Parecía que se había levantado con el pie derecho… y ojalá las cosas no fueran a cambiar.
POR FAVOR, que las cosas no fueran a cambiar.

—Bueno, caminemos hacia el plantel de pilotos. Ahí nos debe estar esperando Kael Hallavan.

—Espera, ¿Kael? ¿Pero no es muy joven para esta misión?

—Sí, pero es igualmente capaz. Confía en él, ¿sí? Si no, no llegaremos a ninguna parte. Y no creo que esté de humor para que lo cuestionemos…

—¿Y por qué no usas tus poderes de bruja para mangonearlo?

—Muy gracioso, Jekyll. Muy gracioso. Pero ya te he dicho que no soy una bruja. Solo muy similar.

Ambos siguieron conversando mientras caminaban hacia el plantel. En cuanto llegaron, ambos pusieron su HOLO en un lector y se les permitió la entrada, las puertas abriéndose ante ellos y encontrándose con las paredes grises, las naves de distinto color y el piso negro y metálico con líneas amarillas.

Un par de francotiradores estaba charlando mientras recostaban sus espaldas en la nave, pero en cuanto vieron a Jekyll y a Dia detuvieron su conversación y se acercaron a ellos.

—Hallavan está esperándolos adentro.

—Bien, Jekyll, vamos. —Dia dijo con determinación, caminando por la rampa de la nave.

—Entendido. —Jekyll suspiró, siguiéndola.

Aquel había sido un día de preparaciones. Parecía una misión sencilla, pero a juzgar por la experiencia de ambos en N.N, ninguna era realmente fácil. En su caso, siempre estaba la posibilidad de que la policía irrumpiera en Lyrae, pues era un planeta conocido por SU actividad criminal y albergar a numerosos apátridas.

De todas formas, Dia aún recordaba su conversación con Glinte y Orión. Solo quedaba dar lo mejor que podían, ¿no? Porque, por más que la suerte estuviera echada, cada acción cometida influiría en el juicio del divino GADU.



Misha

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En el texto hay: religion, guerra, tecnologia

Editado: 03.10.2018

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