Narrador Amateur

Vacío

Cuando abrí los ojos una luz extremadamente brillante aturdía mis sentidos, mi cabeza punzaba de forma inimaginablemente horrible era como tener un pequeño insecto chocando contra mi cráneo, coloqué mis manos firmes en los suelos que me rodeaban y cuando lo miré todo era verde como lo recordaba, me tiré contra el suelo y a pesar del aumento al pulsante dolor de mi mente estaba realmente feliz, absorbía el aroma de algo que creí no volver a ver.

Lo último que vi, era lo que está a mi alrededor, lo que hasta ahora no había desaparecido, era como si las llamas se hubieran saltado este espacio del mundo, nerviosa me moví con violencia en busca de Daya ¿dónde estaba? Sentía que hasta los pensamientos dolían y me nublaban la mirada evitando que descubriera una verdad que ya conozco. Dejarse derrumbar siempre fue fácil para mí, y creo que... nunca dejará de ser fácil. Cuando el joven que estaba frente a mí me tomó del cuello con una especie de collar una corriente caminó a través de mi cuerpo y sentí que mi alma salía de él. Luego, otra vez la consistencia del aire regresaba a ser tenso como yo lo conocía y aun así mi respiración pesaba, las cosas se multiplicaban al igual que las personas que me tomaron para alejarme de lo que hace unos segundos fue mi libertad.

Volteo entusiasta hacia atrás y regrese con fuerza esperando lo más duro en el momento que tome el disco que me ataba con las manos y provoca que esta pinza se soltara, he de admitir que mis manos ardían por la fuerza que tuvieron que mantener durante mi plan de escape. Tome del suelo el collar y lo encendí.

-¿Quién es la que manda ahora? – dije acercándome amenazante con lo que hasta ahora no dejaba de darme toques eléctricos. -¿Por qué hacen esto?- grité mientras tomaba el arma que se encontraba en el suelo. Apuntando a la cabeza del joven mire sus ojos, esperaba súplicas, dolor; pero solo agacho la mirada, cuando su curvatura tomó un ángulo de determinado, mire su tatuaje, él era como yo. Lo pateé del rostro y en momento en que los otros dos hombres se movieron furiosos hacia mí, el sonido silbante de la pistola había resonado. Tiré el collar al suelo y lo pisé destruyéndolo.

- ¿Dónde está ella?- Protesté furiosa, Estaba asustado yo lo sabía, pero en este momento yo no iba a ser la niña asustada, lágrimas corrieron por sus ojos y entonces me miró destrozado.

-Mataron a Adán, ¡Lo mataron porque pensaban que él me buscaba a mí!

-Espera... -Lo miré confundida y lo ayudé a levantarse, cuando lo miré reconocí sus ojos- tú eres... pero... tú lo dejaste, ¡mataste a mi mejor amigo! ¿Quién era Adán? ¿Un nuevo objetivo?

-¡Yo nunca quise matar a nadie! ¡¡Quería ser normal!!

-Pues si normal es ser un asesino yo no quiero ser nada, te lo preguntaré por última vez ¿Dónde está Daya? ¡Dónde está mi novia!

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Hace unos años decir esas palabras me habría matado y aunque probablemente pase ahora nada habría sido mejor que conocer a Daya, yo me había mudado a causa de un problema que mi padre tuvo con la amante de mi madre, y desde entonces crecí sin la mujer que me dio la vida. Cuando eso sucedió yo le echaba la culpa a esa mujer, a la maldita mujer que se metió con mi madre y con nuestra familia. ¡Era repugnante!

Mi mejor amiga, si eso fue. Alrededor de un año después una chica llegó a mi clase con la sonrisa más grande y sincera que nunca había visto, era carismática, era divertida, así que por razones que quizá no entendía nos volvimos las mejores amigas del lugar, unas chicas rebeldes y fiesteras que siempre, lo que se dice siempre, estaban juntas. Luego un día solo llegó un pequeño aire, jugábamos a yo nunca nunca pero no el típico juego de tomar cerveza, pues aquellos que ya habían hecho las cosas tenían que hacer que los otros también las cumplieran. Y fue cuando llego la frase "Yo nunca nunca he besado a una persona de mí mismo sexo" levantaron sus vasos llenos de alcohol y entre ellos solo quedábamos fuera una chica llamada Marian y yo. Daya me miro con picardía, no sabía si era en broma o simplemente por el alcohol entonces se paró de su asiento y fue hasta mí.

-Hay que cambiar ese nunca por un ¿siempre?- dijo sonriendo, mi corazón punzaba con fuerza y eso me asustaba, de un momento veloz puso sus dos manos en mi cuello acariciando con los pulgares mis mejillas, dobló sus codos conforme se acercaba y luego sentí ese contacto, un beso, un beso perfecto. Mi terror se había ido en el momento que nuestros labios se movían tan rápido que parecía que iban al compás de la música que se escuchaba en el lugar. Cuando se separó yo aun tenia cerrados los ojos hasta el momento en que todos gritaron en festejo "uhhhh" y lo próximo que vi fue a esa chica sonriente que conocí en clases. Esa chica hermosa que había sido mi mejor amiga por tanto tiempo.

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El olor a tierra me dificultaba tanto seguir en pie tan fácil

- ¿Dónde carajos estamos?- Seguía en silencio, tomé el arma y la volteé golpeando su rostro – ¡Te hice una maldita pregunta!

-Está bien, Está bien, Tranquila- me miró inclinado con las manos sobre sus hombros- Solo... no me hagas daño, yo quiero lo mismo que tú.

-No lo creo – lo tomé del camisón – ¡Camina! – Y antes de pasar a la puerta que tenía en frente me detuve en seco jalándolo conmigo y me acerqué a su oído- Si me llevas a una trampa no dudaré en pasar una bala por tu maldita cabeza.

-N-No, N-No- su voz se hacía débil cuando respondía, sabía entonces que yo tenía el control

-Sigue- exclamé soltándolo hacia el piso

Minutos después estaba parada frente a un centro de concentración, yo tenía a este chico por el cuello y la pistola apuntando a donde debía, si aun había militares no me iba a arriesgar a morir sola.



Panda Wilde

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En el texto hay: microrelatos, historiacorta

Editado: 19.01.2019

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