Necesidades implacables

“Capítulo I Recuerdos”

Gritos, tamborileros, explosiones. Nuevamente me encontraba en aquel infierno, todo a mi alrededor estaba en llamas y la voz de Victor Greko, resonaba con fuerza y odio atreves de los altoparlantes que se encontraban dispersos por todo el barrio, ordenando que la matanza continuara.

De un momento a otro, y tras únicamente un parpadeo, me encuentro rodeada por ellos. Algunas de sus miradas reflejan odios, otras necesidad, pero todos parecen estar de acuerdo en el hecho de atacarme. Cierro los ojos y espero lo inevitable.

Despierto, aun me encuentro en el abandonado bar de Nikolay, sigo sentada sobre la misma banqueta y con la cabeza recostada sobre la misma vieja y apolillada barra de madera, al igual que anoche.

Una botella vacía de Vodka se encuentra frente a mi frente a mí, llevándome ambas manos a la cabeza, comienzo a entender porque estoy tan mareada. Corro la botella hacia un costada, el simple hecho de verla me provoca ganas de vomitar, al hacerlo me doy cuenta que una pequeña libre se halla debajo de ella. Rasco mi cabeza con curiosidad y sin despegar el rostro de la incómoda pero cálida superficie de madera, tomo la libre, pero todo se borroso, froto mis ojos en un intento de recobrar mi visión normal, pero es en vano, no logro distinguir nada de lo que dice.

Apoyo ambas manos sobre la barra y me dispongo a levantarme, con la visión aun nublada me dirijo hacia los baños, a cada paso que doy me tambaleo, por el camino me voy agarrando de cada mesa pared u objeto que este a mi alcance. A duras penas logro llegar a los lavaderos del baño, tras un par de intentos fallidos, consigo abrir el grifo y remojar mi rostro un par de veces, al terminar seco mi cara con la manga sucia y desgastada manga del buzo gris que llevo puesto. Levanto mi vista y todo a mis alrededores se ve claro, los mármoles blancos del piso siguen tan sucios y polvorientos como de costumbre, la pintura marrón de las paredes parece caerse a pedazos, mientras que una que otra polilla se encuentra revoloteando por los tirantillos del techo y por la pequeña ventanilla al fondo del baño, la cual Nikolay dijo que iba a tapar hace semanas, aún siguen cayendofiltrándose copos de nieve, formando una pequeña piladebajo de la misma.

Estoy a punto de volver a la barra, cuando noto que mis ojos se encuentran enfrentada con el reflejo de mi rostro en el espejo del lavado. Me quedo observándome por unos instantes, mi cara tenia uno que otro magullón y arañazo, mis ojos verdes se veían inertes, casi apagados y mi cabello corto y rubio se hallaba todo despeinado y sucio

<< Tu también tienes un bonito cabello…>> dijo su voz en mi cabeza.

  • ¡Cierra la boca Vin…! – intento decir, pero un atronador ruido de vidrio rompiéndose interrumpe mis palabras.

Había estrellado mi puño contra el espejo, despedazándolo por completo, lágrimas de dolor y odio se desprenden con rabia desde mis ojos y se deslizan hasta mis mejillas.

Saco mi mano lentamente de la pared donde antes había un espejo y la observo, un grueso fragmento de vidrio se encuentra incrustado entre mis nudillos y mi dedo índice, la sangre comienza a brotar lentamente mientras mis dedos tiemblan, apenas intento sacarlo con mi otra mano, una fuerte pulsación consecutiva de un chorro de sangre que mancha todo el lavado, me impiden continuar con la acción.

Con el pedazo de vidrio aun incrustado entre mis dedos vuelvo a la barra del bar, me siento en misma banqueta, me estiro y agarro una de las botellas de Vodka de laestantería frente a mí, la idea de beberla y volver a dormir cruza por mi mente, hasta que aquel raro comentario de Nikolay resuenan en mi cabeza

<< Sabias, el Vodka sirve para todo, heridas, dolor de cabeza, aburrimiento. Mi madre me dejo beber Vodka desde pequeño y mírame, aquí estoy grande, fuerte y sólido como un muro>>

Una sonrisa se tornó en mi rostro, seguida de un par de carcajadas. Observe nuevamente la botella de Vodka y deje caer todo su contenido sobre mi mano, un ardor infernal recorre toda la herida, a pesar de que intento contener el llanto, una que otra lágrima termina por escapárseme. Con las puntas de los dedos pulgar e índice, de mi mano izquierda, agarro el grueso pedazo de vidrio y tras tomar un enorme bocanada de aire, lo arranco de mi mano, un largo chorro de sangre sale de mi mano y rápidamente comienza a crear un pequeño charco sobre la barra, suelto un grito que hace eco por todo el local, y entre sollozos, me saco mi viejo buzo y lo envuelvo alrededor de mi mano.

Con la respiración agitada y el corazón latiéndome con fuerza, tomo aquella libreta que tantos problemas me había dado y estoy a punto de arrojarla, cuando distingo que en la primer pagina está escrita la palabra “Garden” en letras negras, grandes y subrayadas, con los ojos abiertos de par en par, doy vuelta la página, solo para encontrarme con una frase que decía

“Es hora de cerrar el círculo, es momento de recordar verdades y asimilar en vez de olvidar. Por: Sarah Kirsteen”

Las respuestas a mis pesadillas, junto a la verdad tras aquellos nombres que me provocaban un vaivén de emociones, parecían encontrarse en aquel pequeño bloc de hojas escritos con mi puño y letra. Por un instante temí, pero poco a poco, la necesidad de saber ms sobre aquel pasado que tanto me perseguía en sueños, fue apoderándose de mí. Finalmente, tome la libreta, di vuelta la página y me dispuse a leer.




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