New City Chronicles: The loss Compass

CAPITULO 24

—¿No crees que es hora de afrontar el hecho de que sólo era una voz?— preguntó Keila girando en el asiento.

Negué repetidas veces. —No me parece normal que primero la pesadilla apareciera y luego….

—La voz dijera que había vuelto —levantó sus manos—, me parece que estas delirando últimamente.

Giro los ojos en claro gesto de inconformidad, ella sobre todos debería entenderme al soñar cosas pre apocalípticas. Se supone que ella lo ha vivido siempre y viene a decirme a mi que estoy delirando. Cosas como estas definitivamente no le ocurrían a las familias normales.

—Estoy demasiado seguro de que era la voz. —aprieto mi mano en puños. — ¡Demasiado segura!

Mi hermana simplemente gira los ojos, se levanta del asiento y camina hacia mí. —Si la voz es real, lo averiguaremos —extiende su mano y sonríe —, está es mi forma de pagarte el que mantengas en secreto mi sueño.

En momentos así Keila es una clara copia de cierta rubia que todos odian.

Me demuestra cuán madura puede llegar a ser. Y cuanto puede amenazar en oraciones demasiado pintadas.

 

 

…..

 

 

 

CLOE.

Las hijas perfectas no existen.

Eso simplemente es un estúpido estereotipo que día a día los padres inventan con el único propósito de que sus hijos sigan aquellas reglas.

Les cortan las alas. Y yo desgraciadamente no soy la excepción.

—Cómo puede ser que por tu mal comportamiento tenga yo que estar viniendo —habla mamá a través del auto—. Al menos sabes cuanto tiempo y dinero me estás haciendo perder.

Giro los ojos y sin observarla alzó los hombros. Mis padres han sido así desde que al menos yo nací. No los veo casi nunca y cuando lo hago es por cosas como estás.  Mis hermanas dicen que debo dejarlo pasar que no es su culpa el que no puedan estar en casa, que no me preocupe porque ellos están ahí aunque no los vea. Pero eso es mentira.

Ellos solo son trabajo, trabajo y más trabajo. Jamás tienen tiempo para ninguna de sus hijas, ni siquiera mamá y eso que ella no trabajaba como papá.

—Escúchame Cloe —la voz de mi madre se torna dura—. Vuelve a hacer algo como esto y juro que te enviaré a un internado. Esta vez no bromeó.

Aprieto mis manos —Pará ti sería lo mejor. —el veneno en mi voz es demasiado detectable.

—No tengo porque volver a pelear por esto.

Respira me digo  a mi misma, respira y se fuerte no dejes que esta montaña de inseguridad vuelva a caer sobre ti, no lo dejes.

Cuando el auto se estaciona frente a la gran y rupestre casa de los Herabi, sin esperar bajo y me encamino a la puerta, mi madre no hace nada para detenerme en vez de eso puedo sentir como el auto vuelve a encenderse y cuando desaparece doy media vuelta y grito. Lo odio.

Odio tener que cargar con el peso que cargo.

Una cosa es que tus padres trabajen para darnos un mejor futuro y otro muy diferente es el tener que lidiar con sus asedio de intento de padres solo cuando a ellos se les da la gana.

No soy mis hermanas, no puedo sonreír y fingir tranquilidad cuando nadie puede ver realmente cómo me derrumbó segundo a segundo.

Muevo mi pelo varias veces y sin esperar a nadie vuelvo a sonreír, al tiempo que doy la vuelta Keila y Casey salen de la casa apresuradas.

Ambas discuten sobre algo que no entiendo y cuando los ojos de la rubia se posan en mi golpea el codo de la morena. Dos pares de ojos terminan observándome  y es cuando doy comienzo a la actuación.

—¿Pasa algo?

Es Keila quién habla —La comida está en la nevera, Daisy no volverá hasta la cena, Casey y yo iremos a la biblioteca así que no hagas ninguna locura mientras no estemos.

Comienza a caminar y al pasar por mi lado simplemente guiña un ojo, es Casey quien le sigue y sonríe cuando se aleja.

¿Eso es todo? Resignada entro a la casa, escucharla vacía no es algo nuevo para mí, camino hacia la cocina y mientras prendo la estufa y comienzo a sacar la comida del refrigerador la puerta suena. Giro los ojos.

—Si se olvidaron las llaves de nuevo, voy a matarlas —pronunció mientras la abro.

Pero es un chico rubio quien se encuentra frente a mi, puedo reconocerlo como el joven que dejó que mi hermana entrará en media misa y gritara cosas demasiado extrañas, incluso para ella.

—Mi hermana no está aquí.

El chico sonríe y eso me asusta.

Algo dentro de mí me advierte de él, como si quisiera que supiera algo, intenta advertirme pero yo simplemente finjo el estar bien. Como hago siempre.

—La verdad es que me envió para cuidarte —un rojo cubre sus mejillas y puedo sentir que se siente avergonzado.

—Puedo cuidarme sola —susurro—, deberías irte.



D.J.

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En el texto hay: amor, magia, poderes

Editado: 06.05.2020

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