¡no me toques!

Capítulo 6.

Los seres humanos se acercan entre sí por su naturaleza común, pero los hábitos y costumbres los mantienen separados.

-Confucio.

 

Viernes, 6 de abril del 2018.

"Ayudame a ayudarte:D"

Pego la nota lo más rápido que puedo y luego toco el timbre, doy media vuelta y salgo corriendo casi cayendo en uno de los escalones de las escaleras, me escondo detrás de un arbusto y observo como el vecino abre la puerta con el ceño fruncido. Mira a los lados y escondo mi cabeza para que no me vea, me asomo un poquito y él por fin se da cuenta de la nota en la puerta.

Entra en su casa y sale con unos guantes, un paño y el spray desinfectante en mano, achino los ojos en su dirección. Lo primero que hace es despegar la nota, la lee y rueda los ojos, arruga el papel y lo guarda en su bolsillo seguramente para tirarlo a la basura más tarde. Aunque con lo dramático que es lo más seguro es que lo queme.

Rocía el spray en la puerta y lo limpia con el paño, y vuelve a entrar en su casa.

Me levanto de un salto y bufo, esto no es tan sencillo.

 

Sábado, 7 de abril del 2018.

"No seas grosero y acepta la ayuda de esta joven española.

Pd: No quiero subir hasta una alacena para comer mis galletas, tengo miedo de caerme."

Repito el mismo proceso de esconderme y él hace lo mismo que ayer, pero cuando saca la nota ve la otra que deje debajo.

"No quemes mis notasL"

Arruga igualmente la nota y resoplo.

No voy a darme por vencida.

 

Domingo, 8 de abril del 2018.

"Por tu culpa me caí de la escalera, tenia tanto miedo que estaba temblando.

Eres un mal vecino."

Sus labios se curvan hacia arriba, es la primera vez que lo veo doblar la nota y no arrugarla. Es un pequeño progreso.

 

***

 

Mi hermana y cuñado acaban de irse, almorzar un domingo en compañía de esos dos ha alegrado mi día. No me gusta estar sola, lo detesto, pero no puedo estar preocupando a mi hermana por cosas tan insignificantes como esta. Tampoco quiero preocuparla por las pesadillas que aparecen con más frecuencia últimamente, es cansador, esas pesadillas debieron esfumarse pero siguen ahí recordándome mis errores una y otra vez. Suspiro y niego con la cabeza.

El Señor Nieves hoy guardo mi carta sin arrugarla y sonrío. Espero que eso signifique que está reconsiderando mi propuesta porque ya no me gusta pasar todos los días aquí y sola.

My Little Milk no vendrá en mucho tiempo, solo ha pasado una semana que estoy aquí y quiero volver a España, no me siento cómoda aquí como pensé que lo estaría. Tal vez deba hacer una pequeña salida y visitar lugares turísticos. Arrugo la frente ¿Con qué dinero pienso hacerlo? Suspiro y me dejo caer por completo en el sofá.

No tengo ningún libro que editar y eso es frustrante, esto no solía suceder. Ahora solo estoy sobreviviendo con mis ahorros y no puedo malgastarlos, no sería prudente de mi parte hacerlo. Aburrida decido salir a tomar un poco de aire, me pongo las sandalias y salgo afuera, hace mucho calor y creo que debería salir a comprar un helado.

Me siento en uno de los escalones de la escalera y apoyo mis codos en mi muslo, y mi rostro en mis manos. Extraño mucho a mis padres, trago saliva intentando no deprimirme, siempre que lo hago la culpa viene a mí como un golpe en el estomago, me deja sin aire.

— ¿Esta gente sabe los microbios que hay en el suelo? —Levanto la cabeza para ver a una pareja mayor en mi frente y arqueo la ceja—, desagradable.

— ¿Perdón?

La señora hace un ademan con la mano.

—Tranquila, entiendo que no todos poseen la sabiduría necesaria para percatarse de esas cosas.

Bufo, esta señora en verdad es grosera. Un momento... la piel pálida de ella y el cabello negro creo que me es familiar. Al ver mejor a su pareja estoy viendo prácticamente al Señor Nieves con unos cuantos años de edad más.

Son sus padres.

— ¿Podría levantarse de una vez? Queremos pasar —Dice con voz gruesa.

Sin duda alguna ya entiendo porque el Señor Nieves es así de maleducado, sus padres no han hecho para nada un buen trabajo.

Si mi madre me oyera hablándole así a alguien ya hubiese tenido tremendo castigo, y nunca volvería a hablar mal. Solo les sonrío y les señalo el enorme lugar que queda a mi izquierda.

—El lugar es lo suficientemente espacioso para que pasen los dos —Aparto la mirada de ese par de ojos negros y la fijo al frente.

—Por cosas como está sabía que él no debía mudarse —Se queja la señora—, espero que su casa esté impecable porque...

—Mejor vámonos Gema. Creo que la joven aparte de no saber sobre la suciedad tampoco tiene idea de lo que es la privacidad.

¿Me está diciendo chismosa?

Levanto la cabeza para quejarme pero la pareja sube los escalones dejándome con la palabra en la boca. Volteo la cabeza sacándoles la lengua, ¡Ag! ¿Por qué soy la sucia para todo el mundo?



Mila Baez

Editado: 01.08.2020

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