No seré tuya #4

Capítulo 29

Después de ese momento que habían compartido, en aquella habitación, la relación entre el duque y la joven había mejorado, como si las tensiones o las malas palabras que habían tenido en los anteriores días habían desaparecido de sus mentes. Tanto era así, que se había creado un ambiente amistoso y cordial entre ellos. Uno si pensaba mal, podría parecerle  que había algo oculto, pero no había nada. Solo el recuerdo de ese momento que habían pasado juntos, donde se habían relajado y jugado a ser la reina y debutante.

Esos minutos y horas, quizás, habían sido valiosos para los dos, pero no hablaron de ello y, menos, delante de la carabina de la joven. A partir de ese día, la señora Ferguson se mantenía como madre gallina con su polluelo, que no la dejaba ni siquiera tan solo un respiro. Únicamente, cuando llegaba a la noche y cada una se iba a su dormitorio, Ally podía respirar tranquila.

Precisamente, esa noche, la anterior a su presentación social en la Corte, había ido a su dormitorio. Pero no podía dormir y estaba nerviosa. Por eso, se había ido a la terraza que comunicaba con el salón. Hacía un fresco agradable pero no era helado. Nunca en su vida, podría haber pensado que sería presentada ante la reina. ¿Ella, la ladrona? Jamás en la vida. Unos años atrás, había estaba buscando junto a Charles comida entre la basura porque no podían llevar nada a las bocas. Había sido un gran sufrimiento para ellos hasta que Dante apareció.

No escuchó los pasos que se acercaban a la terraza. Los pasos se detuvieron en cuánto la vio, sentada en uno de los escalones. Tenía las piernas encogidas, abrazadas por sus brazos. Verla así; le enterneció. No solamente sintió eso. Se aproximó hacia ella, que notando su presencia, elevó la mirada a él.

La iluminación de las velas del salón era la única luz que los iluminaban con sus luces y sombras. Además, esa noche era cerrada. No había luna; solo estrellas infinitas en el cielo oscuro.

— ¿Puedo? — preguntó el duque, refiriéndose si se podía sentar a su lado.

Asintió con un nudo en la garganta y con los latidos alocados de su corazón. Intentó mantenerse tranquila para que él no sospechara la intensa agitación de su cuerpo. ¡Hasta tembló!

—¿Tiene frío? —parecía que se iba a sentar, pero se lo pensó dos veces para girar sobre sus pies y volver hacia dentro.

No sabía dónde había ido; le desilusionó pensar que se había marchado. Era un miedo tonto porque él regresó con una manta en sus manos.

— Toma — ella lo cogió sintiendo que su estómago daba un salto desde una altura lejana-. No quiero que enferme.

Ally extendió la manta mientras el hombre se sentaba a su lado. Él apoyó las manos sobre los muslos, mientras que ella las tenía escondidas en la manta. Su mirada ambarina fue hacia él.

—  Nunca he enfermado, que yo recuerde — el duque se encogió de hombros y la miró con una sonrisa, pillándola. Pero no la apartó.

—Aun así, no querrás mañana tener un resfriado justo en el mismo día de su presentación. Sería desastroso que estornudara enfrente de la reina. Sería una gran ofensa.

— No sea pájaro del mal agüero — le soltó.

Le encantaba picarla; reconoció, dándose cuenta que ese pequeño placer había sido desde el principio, cuando la conoció. Nunca había dejado de sentirlo. Intentó ignorar ese pensamiento.

— Solo soy precavido — le replicó y le tocó la nariz de manera juguetón, provocando en ella un enmudecimiento en sus extremidades. Pero parece ser que no se dio cuenta, porque dijo: —.   ¿Está nerviosa?

Por unos segundos, ella pensó que podría haberla descubierto. Su corazón tronó como un loco hasta que una brizna de razón se coló en su mente y se pudo calmar. Un poco.

—¿Pregunta por mañana?

—Sí. No va a haber otro evento más importante que yo recuerde. Además, a partir de mañana, muchos caballeros se disputarán por su mano.

— Ah, eso — no pudo controlar que su voz sonara más triste de lo que quería transmitir.

— ¿No le entusiasma? — ella negó la cabeza y apartó la mirada —. Pensé que era lo que quería. Llegamos al acuerdo. Yo trataría en buscarle un buen marido y... - carraspeó intentando quitar el peso pesado, que se había instalado en su pecho —  usted aceptaría. ¿Cree que no tendrá oportunidad de conseguir un buen caballero que considere como marido?

Ella optó por callar y el silencio habló por ella. Julian la miró y se quedó observándola un buen rato.

 —Ally, ¿puedo llamarla así?

Alzó la mirada sorprendida que le pidiera permiso. El nombre de sus labios era como una caricia para sus sentidos. Asintió y esperó que él hablara. Lo que no esperó, que en esa noche, él fuera tierno con ella. Eran pocos momentos que él se mostraba así. Como Julian, de quién se había enamorado perdidamente.




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