No seré tuya #4

Capítulo 33

La señora Ferguson salió de la casa esa misma tarde. Aunque trató la joven Caruso de impedir su salida, lo tuvo que hacer.

— Oh, lo siento, Señorita Caruso no pude hacer bien mi papel. Su excelencia está disgustado conmigo – dijo cuando la joven fue a buscarla.

— No es su culpa – la verdad que los únicos culpables eran ellos; Julian se sentía tan responsable de ello que la solución viable, que pensó,  era casarse. Aún no se creía que se lo había propuesto y de esa manera tan distante y fría.

— Le agradezco sus palabras, pero si no la hubiera dejado que se fuera con lord York, no se habría dado ese momento tan embarazoso, del cual ahora lo sabe todo el mundo.

— Pero eso no lo veo justo – pensó en hablar con Werrington, pero estaba tan dolida y enfadada, que desechó el pensamiento -. No debería haberla despedido. No lo comprendo. Usted consideró que estaba en buenas manos – bueno, realmente el amigo del duque tenía un sentido de humor bastante gracioso. Tanto que provocó que el duque se enfadara bastante.

— Sin embargo, no lo hice bien - siguió Ferguson.

— ¡No! – la joven se levantó la cama, que había sido de su carabina -. El duque está ciego.

— No lo está, señorita – Ally se fijó su mirada compasiva -. Puede que un poco, pero en cuanto a sus sentimientos. Respecto a la ceguera, lo hemos estado todos.

— ¿Qué quiere decir? – se le hizo un nudo en la garganta.

— El duque la quiere – ella negó con la cabeza e intentó reírse, pero de sus labios salió una mueca -. No me cree. Si no la quisiera, no la había besado arriesgándose a que lo pillaran. Al final tuvo la mala pata que los pillasen.

— Fue por puro instinto – dijo con un deje de tristeza en sus palabras-. No me quiere como usted piensa.

— Oh, lo ama – se dio cuenta la mujer y ella no lo negó -. Lucha por él, señorita Caruso.

— Ayer pensó o me dio entender que nuestra relación sería imposible.

— Eso fue ayer... Lo que le dije antes no tiene importancia. Repito, todos estuvimos ciegos.

Alguien tocó en la puerta interrumpiéndolas. Era el duque en persona. Ally intentó mantener la calma mientras él entraba.

— Señora Ferguson no quiero que se marche con mal sabor de boca. También, lo lamento esto.

— Werrington, ella no tiene la culpa de lo que pasó – el aludido la miró y negó con la cabeza.

— No la tiene, pero no lo haría sino fuera por las circunstancias.

— Lo entiendo – dijo la mujer y recogió sus pertenencias –. Llamaré el mayordomo para que la ayude.

— Gracias.

Antes de marcharse, se quedó mirando un buen rato a la joven, aunque esta lo ignoró por completo.

— Señorita Caruso, aunque no me haya creído, él la quiere. Un hombre como él no se arriesgaría a esto. Se dejó llevar por los sentimientos. Tiene que ser fuerte y luchar por él.

— No sé cómo hacerlo cuando... - inspiró fuertemente antes de confesar:– Tengo miedo.

— El miedo es el peor enemigo – el mayordomo apareció y supo Ferguson que se tenía que ir -. Espero que sea feliz, señorita Caruso. Lo que dije ayer, olvídalo. Desde dónde esté velaré por su excelencia y por usted.

— Gracias por aguantarme, señora Ferguson. Espero volverla a ver pronto – ella asintió y se despidió con un abrazo muy emotivo. 

La joven suspiró al sentarse en la cama hecha y miró la habitación vacía. Darse cuenta de que en la casa estaba solamente Werrington y ella le creaba una sensación muy peligrosa.

¿Lucharía como le había dicho o se dejaría vencer por el miedo de intentarlo y perder su corazón en el intento?, ¿o ya había perdido su corazón?

***

Un rato después, buscó al duque queriendo hablar con él. Lo había pensado con más tranquilidad, aunque no lo hubiera gustado la forma de proponérselo, había tomado una decisión. Sabía que debía hacer frente al escándalo. Además, él tenía razón. Su reputación estaba dañada.

 Lo encontró en la biblioteca, tal como lo había visto en ese día. Salvo que había una gran diferencia de la anterior visita. Ella venía con una decisión tomada. Esperaba pensar que había hecho bien aunque su corazón sufriera en el camino.

— ¿Puedo entrar? – se fijó que estaba terminando en escribir una carta -. ¿Esa carta? – intentó alargar el momento. Se sentó enfrente de él.

— Es para sus padres – ella se quedó como una estatua.

— ¿No podría postergarlo? Diane está embarazada y podía afectarle en su embarazo. No quiero que por mi culpa tenga una recaída.

El duque la miró y se cruzó de brazos.

— Se va a enterar por otros medios – ella hizo una mueca, no lo había considerado-. Es mejor que se entere y sepan mis intenciones.




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