No seré tuya #4

Capítulo 39

Se levantó a medianoche porque no podía dormir. Las dos palabras, que le había dicho Alice, le habían dejado paralizado. Mudo y muerto de miedo. Nunca esperó escuchar esas dos palabras, y menos de ella. Le hubiera dicho que también la amaba. Sin embargo, debido al miedo, no lo dijo. Había sido un cobarde. Solo le respondió con otro beso y un abrazo. Notó que el cuerpo de la joven temblaba. Quizás, deseando oír "un te amo" por parte de él. Ojalá, lo hubiera podido hacer. Hubiera sido valiente y haberle confesado que él sufrió por amor unos años atrás cuando se había enamorado de Diane. No solamente fue por lady Howard, aquella mujer mentirosa y arpía. El amor que sintió por su hermanastra fue un doloroso golpe que le costó levantarse y superar. Pero no sabía cómo decírselo. Tampoco, esas dos palabras llenas de amor y vulnerabilidad.

En esa noche volvieron a hacer el amor como si la presencia de ese hombre no hubiera estado en la casa. Como si no hubiera fantasmas de por medio. Sin embargo, Julian se sentía mal consigo mismo después de hacerle el amor. Tenía miedo de haberla defraudado de alguna manera a ella, aunque no se lo había dicho, ni había demostrado decepción.

Conteniendo un suspiro, se puso los calzones del pijama y una bata sobre su cuerpo. Decidió dar una vuelta a ver si aclaraba sus pensamientos y tomaba alguna decisión que otra. Echó un vistazo a la mujer que dormía en su lecho. No se había percatado de su ausencia. Aunque no quería dejarla, necesitaba tener un momento de espacio para sus pensamientos que estaban convulsos. No era para menos. Ella le había dicho que lo amaba. Y él no le había correspondido con las mismas palabras. Fue por el pasillo cuando se percató que había luz en la habitación adyacente del lecho de Dante y Diane. Abrió la puerta y se encontró a Diane con la bebé Sophie en sus brazos. Era la viva imagen de Diane, pequeñita y adorable. Al verlo, le pidió que no hiciera ruido porque había conseguido dormirla.

— ¿Cómo estás? —le preguntó en voz baja.

— Cansada pero bien.

Dante abrió la puerta que comunicaba con la habitación y se sorprendió al ver en ella a Julian. Le saludó con la mano mientras iba hacia a su mujer.

— Werrington, ¿no puede dormir? — parecía que en esa había más de un trasnochado.

— Es evidente que no – Diane intercambió una mirada con su marido, este le entendió. Asintió y se llevó a la bebé dormida a su habitación.

— Buenas noches, Werrington – dijo en un tono bajo para no despertar a la pequeñita.

— Ya que estás aquí, quiero hablar contigo.

Él asintió ya que había dejado una conversación pendiente.

— Me lo imaginaba. Yo también quería hacerlo.

Se sentaron cada uno en una silla.

— ¿De qué querías hablarme? – preguntó Julian tomando la iniciativa. ¡Aún le era raro tenerla enfrente y no sentir el menor aleteo!

— Cuando supe de tu boda con Ally, me enfadé mucho. Primero con Dante por habérmelo ocultado, y contigo, por no haber hecho bien las cosas. Ally es una joven que necesitaba tu protección, no el escándalo que provocaste – él hizo una mueca -. Bueno, ahora que la veo feliz, mi enfado se ha desvanecido. Quiero saber si tus sentimientos hacia ella son sinceros.

— Te das cuenta lo extraño que estamos manteniendo esta conversación.

— Julian. Lo sé. Pero no quiero que sufra Ally.

— Tu marido ya se encargó de advertirme.

— No sería él sino lo hiciera. Julian, no has contestado a lo que te he preguntado.

Él inspiró una bocanada de aire. Porque otra vez se sentía desnudo y vulnerable. No le gustaba estar al filo del precipicio.

— Antes no sabía qué nombre podía dar a mis sentimientos, Diane. Una vez pensé que no te olvidaría. Me volví loco. Lo que sentí por ti rayó hasta la obsesión – continuó soportando la mirada compasiva de Diane -. Cuando sentí algo por ella, no era más que irritación o curiosidad. ¿Quién iba a imaginar que esos sentimientos se desembocarían a otros, más profundos y fuertes? Está claro que yo no. Tengo miedo, Diane.

— ¿De qué? Ella te ama, aunque no me lo ha dicho. La he visto cómo te mira. Por favor, Julian. Créelo. Me sabe tan mal ver del daño que te he hecho. No es justo.

— Sé que me ama, Me lo ha dicho esta tarde pero el problema está que no me atrevo a decírselo. 

— Te daré un consejo, Julian. Una vez perdiste el barco por no darte cuenta de tus sentimientos. El destino hizo que tuviésemos caminos separados. Por una decisión u otra, por nuestros sentimientos, estamos aquí. No pierdes este barco. El amor que te ofrece Ally es sincero. Ella no se merece que estés indeciso.

— No es indecisión – recalcó y el miedo se agudizó —. No quiero perderla.

— ¿La amas?

La garra le estrujó más el corazón y supo que no podría vivir sin ella. Una vida sin Ally sería un futuro incierto y tenebroso. Estaría vacío.




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