No supe olvidarte

12

A la mañana siguiente o más bien casi medio día mi madre ya tenía la comida lista, me he salteado el desayuno por estar durmiendo, aún sigo con mucho sueño, parezco oso invernando.

 

—Hola mama, he dormido mucho ¿En qué te ayudo?


—Ya en nada hijita ¿Damos un paseo luego?


La comida transcurre amenamente, mi hermano le ha llamado a mi madre pues hemos quedado en la plaza para dar un paseo los tres. Después de la comida vuelvo a mi habitación.

 

Paseamos por los lugares más emblemáticos de la isla, mientras paseamos he querido tomar el café expreso, uno de los mejores cafés de aquí, ninguno que se le compare con ese sabor fuerte, esa espuma que se disuelve haciendo que el sabor del café se balancee, hay personas que lo corta con un poco de ron. Es más que una tradición.

 

—Mamá, quiero tomar café — mientras seguimos caminando ella me mira de reojo.


—Conozco un lugar, vamos.


Mientras tomábamos el café me pareció ver a mi vecino del que no tengo idea de cómo se llama ¡horror alucinó con el! Mi hermano llego con una joven linda. Platicamos amenamente, llevan un año juntos, vive cerca del barrio y le gusta bailar mucho a la joven.


Hablamos de lo que nos gusta, de lo que hacemos, de lo que queremos cumplir, nuestros gustos por la comida, hasta que me preguntaron por ropa.

 

—Me encanta la ropa, los zapatos, bolsos, me gusta verme bien siempre, pero lo que más me gusta es comer, no soy de las que necesitan mucho para ser feliz, pero lo de la ropa, zapatos y demás no lo cambio, no siempre podre tener un cuerpo al que pueda poner esos vestidos ajustados que hacen que las personas te miren — es tan cierto, me gusta lo bueno.


—Eso es cierto, soy modista, hago ropa y me gusta experimentar con un modelo nuevo, tallas nuevas, salir de los estereotipos impuestos por la sociedad, las personas que no encuentran lo que buscan vienen a mi taller para que les haga sus trajes, también estoy intentando diseñar joyería con materiales buenos pero que puedo conseguir a precio bajo.


—¿Tienes joyería en venta? Quisiera verla.


—Así como en venta no, solo tengo la que yo misma hago y uso, por ejemplo este brazalete a juego con este anillo lo hice yo — me señala lo que me ha dicho antes.


—¡Es precioso! En un momento te iba a preguntar dónde lo compraste — me rio un poco. Y seguimos con la plática y hemos quedado en que ira mañana a la casa antes de que me valla.


Seguimos paseando Rachel es divertida, muy ocurrente, buena mujer y persona. Para cuando llegamos a la casa mi madre nos sirve de comer ropa vieja sin vegetales, desde la noche en la que llegue he comido comida típica de la isla, extrañaba la comida de este preciso lugar, donde su gente es alegre, tranquila, donde los barrios son dinamita al ver su gente bailar, pero también es una isla donde solo los altos pueden tener mejores condiciones de vida, una mejor prosperidad, es una isla pobre en recursos.

 

La mañana llega rápido, mi último día aquí, donde solo estuve unas horas escasas con mi familia, mi mamá me ha dado el traje que le ha hecho a su nieto, en color amarillo, he llorado pues es el primer presente mi bebé recibe. La novia de mi hermano ha venido y le ha hecho una pulserita a mi hijo y a mí me ha entregado un juego de joyería yo quería pagárselo pero no me lo acepto. Y ahora están en el aeropuerto despidiéndome.
Mi lugar es junto a la ventana de nuevo, veo la hora por última vez y son las nueve de la noche, apago el teléfono y saco mi reproductor, conecto los auriculares y Bon Jovi suena en mis odios. Miro por la ventana sin concentrarme en ningún punto fijo, solo en la música.

 

Siento la mirada de alguien fija en mí, eso hace que me despierte, parpadeo algunas veces para adaptarme a la luz, y cuando veo a pasajero que comparte asiento conmigo me froto los ojos, no puede ser se aparece hasta en la sopa. El solo me mira con una sonrisa de lado mientras sigue tecleando en su computadora.


—Pensé que dormirías todo el vuelo — este hombre en guapo, esa espalda tan derecha, esa espalda que me dice que lo acaricie.


—¿Así? Por qué lo dices, duermo como las personas normales, nada más.


—Jajaja, me acomode y todo hable con la azafata y tú solo estabas ahí, soñando quien sabe que o a quien porque tenía una sonrisa pícara en el rostro y por cierto — se acerca a mi saca un pañuelo de su saco y me limpia con él la mejilla — tienes baba.



Cecilia Ovando

Editado: 16.07.2018

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