No supe olvidarte

15

Ingrid aparece rápido en la habitación, se queda parada en la puerta unos minutos, camina hacia mí, apoyando sus manos en cada uno de mis hombros, mientras yo sigo llorando a lado de su cama. La enfermera entra con unos formularios y pide que salgamos de la habitación. 


—Uno de mis guardaespaldas te llevara a tu casa, no es bueno para el bebé esta situación, todas tus emociones las sentirá él o ella — acacia mi rostro con su mano también  tiene los ojos llorosos — mira tienes que ir al funeral, tienes que ir porque yo te presentare y acabare con esta mentira, lo haríamos los dos pero nos ha dejado antes de tiempo, así que dejare de ser la viuda de Dennison y serás tú la única mujer con ese título ok. Me besa la cabeza y uno de sus hombres me lleva del brazo hasta la salida. 


Entro en el elevador de mi edificio y me derrumbo por unos segundos que tardó en llegar hasta el piso, las puertas se abren. 


—¡Por dios! ¿Qué te ha pasado? ¿Qué te han hecho? —No hablo simplemente lloro — Ven te llevare a tu casa — me ayuda a levantarme del suelo del elevador y camino. 


Ni sé de qué manera ha sacado mis llaves del bolso solo se, que me ha dejado en el sofá de mi sala y ha buscado un vaso para servirme agua, me ofrece el vaso y yo lo tomo, todo lo que puedo, se arrodilla enfrente de mi para quedar en la misma altura sin tener que sentarse. 


—Ha… muerto, me ha dejado — sigo llorando — no… no ha luchado por mí, por nosotros… se ha rendido. 


—¿Quien ha muerto? ¿Te refieres al padre de tu bebé? — solo puedo asentir con la cabeza, mientras el dolor que siento ahora no me deja hablar. 


Saca un pañuelo de la bolsa de su camisa y me limpia las lágrimas con él, me mira con tristeza, después sostiene mi rostro desde la quijada, siento como sus dedos aprietan ligeramente. 


—Yo tuve la culpa, no deje que me explicara cuando vino a verme, le dije cosas muy feas — trato de tranquilizarme — me ha dicho la verdad y fui una tonta, esperaría el tiempo que fuera necesario por él, por nuestro hijo, pero el tiempo se le ha acabado. 


—Shhh, tienes que estar bien por el bebé que esperas, el no conocerá a su padre, pero te tendrá a ti, tu que le dirás lo maravilloso que fue, tu que le hablaras de él, de lo mucho que se querían, de lo felices que fueron, tu que no permitirás que olvide a su padre aunque no lo conozca. 


Me rodea con sus brazos atrayéndome a su pecho, dándome calor, dándome fuerza, y si, tiene razón, no conocerá a su padre pero me encargare de que conozca al hombre del que me enamore, ese hombre persistente que lucho para tener mi atención y mi corazón.  


No se cómo llegue a mi cama, solo sé que siento pesados mis ojos, deben de estar hinchados de tanto llorar, me siento en la cama y veo que estoy arropada, no recuerdo haber caminado hasta aquí, me duele mucho la cabeza, y lo veo a él, sentado en una silla a lado de mi cama con los brazos cruzados por el pecho. 


Los hombres que traigan pañuelo están en peligro de extinción, es muy lindo cuando alguien te lo ofrece para secar tus lágrimas, me gusta el amos a la antigua, flores, chocolate, cartas, pero en esta época esta difícil que los hombre hagan eso. 


Debí escucharlo antes de recriminarle, debí darle mi tiempo la última vez que vino a mi departamento, debí dejar que me explicara, mi dolor fue más grande, mi enojo fue más grande que la razón. 
Me levanto porque necesito hacerlo, si permanezco un rato más en la cama nadie me sacara de ahí. Voy hasta mi armario, busco un vestido negro decente, saco unas sandalias plateadas, las uñas de mis pies y mis manos están pintada de rojo se verán bien. Saco una ropa interior cualquiera ya no me interesa escoger. 
Dejo todo en el baño porque tengo visita si no, me vestiría en el dormitorio, entro en el baño, me desvisto, el agua cae sobre mí, me siento triste, acabada emocionalmente, ya no tengo fuerzas. 
Me ha dejado, no ha luchado por nosotros hasta parece mentira que solo lo volviera a ver en esta situación. Mis lágrimas se mezclan con el agua de la regadera, mientras permanezco parada, dejando que el agua empape mi cuerpo. No sé cuánto tiempo ha pasado cuando salgo, mi vecino está en la sala. Me estoy secando el pelo con la toalla y se me queda mirando. 


—Te prepare café ¿Cómo te sientes? — ver lo sentado en mi sala me hace sentir que tengo apoyo. 


—Gracias, me siento fatal, pero si sigo en esa cama no me sacara nadie de ahí, así que mejor, me esfuerzo en mejorar. 


Alguien toca mi puerta y el abre, Ingrid, ha llegado, en lo que ellos se sientan y se presentan, yo aplico algo de maquillaje para tapar mis hinchados ojos. 



Cecilia Ovando

Editado: 16.07.2018

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