No te mentiré #3

Capítulo 39

El lugar que había  elegido para viajar era Viena. La ciudad más importante del Imperio Austrohúngaro, que se mantenía en alza a pesar de que se había aliado con Napoleón. Más tarde, Viena se convertiría la capital de Austria. Tras el paso de Napoleón y su derrota, Austria conservó la mayor parte de sus territorios, incluida Viena, que estaría en los años venideros en el ojo del huracán de las revueltas y guerras. Por ahora, estaban realizando reformas urbanísticas en la ciudad vienés mejorando el aspecto de esta misma y la vida en sociedad.

Para lady Ophelia era la primera vez que visitaba Viena. Todo lo que veía, lo comparaba con Londres. Eran diferentes pero cada una tenía su toque especial. No se esperaba que la prima de su amiga, lady Gates, estuviera casada con un familiar del emperador de Austria, Francisco José I.

Su doncella personal y ella estaban emocionadas por pasar la estancia en un palacio. Sin embargo, no pasaron al palacio. La prima de ella residía en una casa alejada de la ciudad, limitada por una pequeña muralla de piedra que había a los alrededores. Cuando el carruaje se acercó, alguien abrió el portón de hierro y les dejó pasar permitiendo que el vehículo se adentrara en los jardines, que estaban cuidados y resplandecían con su belleza natural. El carruaje recorrió el camino que les dirigía hasta llegar en la puerta de la casa.

— Ophelia, mi prima puede intimidar al principio —dijo Charlotte antes de entrar en la casa—. No sabe de su situación y puedes actuar con tranquilidad.

— ¿Con tranquilidad? —tragó saliva sintiendo un ligero pánico en las venas —. Su prima está relacionada con el emperador.

— Su marido, el señor Muller — le corrigió quitándole importancia —. Es un primo lejano de él. Tengo que reconocer que no lo conozco, lo suficiente para saber cómo es su carácter. Si se puede decir que también es mi primera vez.

— Ya veo — se encandiló a primera vista de la casa que aunque no era un palacio, se acercaba lo bastante.

Christine no podía tener la boca cerrada. Había decidido acompañar a su señora para que no estuviera sola en el viaje. Además, que su papel de doncella no lo había abandonado, ni lo haría después. Por esas razones, la decidió acompañar. Estaba impaciente por saber cómo eran las habitaciones donde se hospedarían. ¡Había sido una idea fantástica haber aceptado ese viaje aunque iban a estar unas semanas! Lo suficiente para que su señora se recuperase de los golpes recibidos los últimos meses. Ella necesitaba distraerse y disfrutar de los placeres de la vida. Aunque lord Darian, la había defraudado, eso no quitaba que ella podría darse una oportunidad y ser feliz alejada del camino de su esposo. Una decisión que ella apoyaría hasta el final. Su lealtad se debía a lady Darian, por lo tanto, lord Darian no contaría con ella.

Entraron en esa majestuosa casa donde había más sirvientes que en la casa de lady Darian en Londres. Era como entrar en un cuento de princesas. Antes de ver a lady Muller, se instalaron en sus respectivas habitaciones que eran amplias y con decorados hermosos. Se notaba la exquisitez y el lujo de la riqueza en cada esquina de la habitación. Sin imaginarse quién tocaría la puerta, entró una mujer con suntuosas prendas. Supuso que era lady Muller, percibía por cada poro de su piel altivez y arrogancia, dos cualidades, o mejor dicho, dos defectos que ella conocía muy bien.

Hizo una media reverencia y una leve inclinación con la cabeza.

— Lady Muller. Le debo dar las gracias por dejar que mi doncella y yo podemos disfrutar de esta estancia.

— Usted es lady Darian — su mirada la evaluó de arriba abajo. No se le escapó su escrutinio —. Me imaginé que sería más bella.

Ella no se amedrantó a su comentario. Reconocía que en ella se veía su propio reflejo y supo cómo actuar.

— No podría serlo; no hay mujer más hermosa que usted Muller.

Pudo apreciar el brillo vanidoso en los ojos. Había acertado con el cumplido.

— Me alegra saber que se haya dado cuenta de ese detalle — en su mano que llevaba un abanico, lo abrió y se abanicó con él —. Aunque claro, la esposa del emperador, Isabel de Baviera es la mujer más bella. En fin su belleza no tiene paragón. Espero que disfrute de Viena, lady Darian. Bienvenida.

— Gracias, lady Muller — ella asintió y salió de la habitación.

Charlotte miró a su prima y luego a ella con una sonrisa.

— Me quito el sombrero, Ophelia. Sin ninguna duda, sabes tratar a la gente como mi prima.

Ella esbozó una sonrisa que no le llegó a los ojos. Sabía tratarla porque lady Muller era muy parecida a ella.

— No hablemos de ello. ¿Qué tiene pensado para hacer en Viena?

 Entonces, su amiga le contó los planes que había pensado para disfrutar de la ciudad. Así hicieron...

 

Fue en un día de su primera semana, que salieron hacia el centro de Viena, cuando decidieron ir de tiendas, al menos, para gastar el dinero en vestidos caros, y vio a una persona que nunca creyó ver allí mismo.




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