No te vi venir

VIII

He pasado días encerrada repitiendo la misma rutina, escapándome en las embestidas de ese ser.

Siento como tiran de mi piel los huesos en la espalda buscando un poco de alivio, como el corazón intenta romperme el pecho para salir despavorido a encontrar un refugio. Me falta aire, color, vida. He estado cubriendo mi alma en la curva irreversible de la pena cada que me estruja. Y muevo como puedo mis ojos mientras tambalean en mi cabeza; y le dedico una mirada eterna llena de odio al sujeto que ahora camina hacia el sofá para echarse a beber de nuevo, para reponerse del cansancio, para volverme a poseer por la fuerza liberando las culpas de un infierno que ha comprado en rebaja.

“Nunca subestimes a la víctima, no sabes lo que es capaz de hacer impulsada por la oscuridad”.

Me veo corriendo hacia él para destruirlo, pero también veo cómo se desvanece su cuerpo entre mis manos antes de dar el golpe final. Mi mente me recuerda en ese último pensamiento lo débil que me he vuelto. Ya no tengo tiempo ni siquiera de intentar la muerte para escapar, porque hasta la muerte me resulta insuficiente, inalcanzable. Siento tanta miseria en cada herida, en las voces invisibles de los que algún día me encontrarán para “apiadarse de mí” porque he sido profanada. Soy digna de este castigo. Eso también lo dirán ellos.



Camo

#8551 en Joven Adulto

En el texto hay: amor, pasion, crimen

Editado: 04.05.2019

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