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Capítulo 15: "Colas enredadas"

La mañana se aproximaba sobre la aldea de Taizan, y para despejar las sombras, allí se encontraban aquellos cuatro postulantes que deseaban salvar todos los reinos. Reunidos por una sola causa y, guiados por el báculo de Sir Syrkei, se enfrentan ahora a la odiosa tarea de derrocar a ese reptiliano tiránico. No obstante, tal vez aún era muy pronto para desempeñarse en la batalla, ya que ahora mismo se reorganizaban.

—¿Qué tal le fue señorita Léa? —preguntó el joven zorro, quien ahora se había acercado de buenas a primera a la humana que sería futura reina.

—¿No la amenazó cuando se le acercó? —mencionó entre enojado y preocupado Alik.

—Estoy bien —se rió ella ante el ocurrente comentario de su catalizador—. Y no se preocupen, todo salió sobre ruedas, ahora sólo hay que ir a buscar a una persona llamada Natalla, e intercambiar palabras con ella —les mencionó.

—¿Natalla? —levantó una ceja sin entender el pelinegro.

—Sí, ahora... ¿puedes decirnos a dónde se encuentra esa chica Zaid? —le preguntó al rubio, y éste asintió.

—Es por aquí —sin cuestionar sobre sus planes, muy amablemente él guió a la joven y al atolondrado muchacho a la dirección en la que percibía su presencia.

—¿Está segura de esto princesa? —preguntó por lo bajo Alik, quien aún cargaba a la dormida Iris.

—Sé cuando alguien quiere engañarme, y cuando debo confiar en mis instintos —le aseguró a su compañero—. Ahora apresurémonos, no sabemos que puede estar haciendo ahora nuestro enemigo.

Cuánta razón había en tan sólo una oración, pues ahora, las notas alarmadas del viento, nos permitían darle un vistazo a los renegados, quienes viajaban violentamente y a terribles prisas sobre esa carroza una vez más. No obstante, del par de malvados, sólo uno estaba viajando sin inmutarse, más el otro, se encontraba completamente aterrado por el frenesí de su recorrido.

—¡Oh, su majestad Hakim! ¿Podemos ir más despacio? ¡El sacudir constantes de este vehículo me parece completamente aterrador, y temo derramarme en el trayecto! —mencionaba con una determinada desesperación el muchacho que desde un comienzo lo acompañaba.

Sin muchas más opciones, su amo acató su petición, y elevó su mano asomando ésta por la ventanilla, la cual serviría como señal para el conductor. De ahí la velocidad bajó, y ahora el zarandeo también disminuía su dominado galopar.

—¿Así está bien? —preguntó él girando hacia su sirviente.

—¡Sí, sí mi amable señor! ¡Le agradezco tanto su bondad! —decía entre dramáticas lágrimas aquel ejemplar, el cual a su vez se sujetaba del brazo de su señor.

—Siempre tan impertinente, Belfry. Otra vez tu hermano te va a reprochar en cuanto te vea —mencionó él con una apacible sonrisa, pero en lugar de bajar las orejas, su esclavo se vio maravillado por esa expresión tan encantadora.

—¿Cómo podría mi señor? ¡No hay nadie que pueda dominarme tan bien como lo hace usted! —alegó con extremo romanticismo, el cual dejaba que se desbordara al chocar con su mirada esmeralda. No, no podía disimular cuan adorado le resultaba Hakim Vitali, su amo y señor, pues sus sentimientos por él eran tan claros como la misma luz que reflejaban las nubes para ser vistas por los mortales.

—Tan insolente —mencionó el de ojos azules casi en un suspiro, pues no podía evitar ese contacto entre orbes con su esclavo, y antes de cualquier avance, algo agitó el carruaje, lo cual interrumpió su charla elocuente—. Parece que ha llegado —Vitali se alejó de su sirviente, y le dio mayor importancia a la puerta, la cual se abrió mostrando una figura llamativa.

—¿Otra vez estás con tus tonterías Belfry? —preguntó un pelirrojo que entraba al vehículo y se acomodaba en frente de los dos.

—Yo debería de ser el que te reprochara, Samael —mencionó el peliblanco con una expresión de desconformidad. Mientras tanto, por la parte de su hermano, él se mostró algo triste.

—¡Oh, vamos! Siempre voy a cubrirte las espaldas mientras tú no estás en la capital de Legizamon para... tú sabes... para sostener nuestras mentiras —aseguró sonriendo de forma macabra—. Por cierto, esa mujer ya está en el juego.

—¿Te refieres a Léa Milenios? —preguntó él.

—Sí, esa misma —cruzó una de sus piernas de una forma poco refinada—. Y por lo que vi, carga con dos catalizadores.

—¿Dos? —murmuró con una sorpresa disimulada.

—Pero aún hay más. Uno de tus zorros desapareció, e imagino que sabes... de quién se trata —le dijo en lo que se apoyaba sobre una de sus manos.

—Zaid —el de cabello albino, no tuvo dudas respecto a esto. De ahí su mirada se ensombreció y apretó sus puños con cierto descontento, provocando que entonces se levantará con estrepito, se asomará por la puerta que se encontraba aún abierta, y gritara a todo pulmón a su conductor que retrocediera para volver sobre sus pasos. Tal accionar daba a entender la ira irracional que ahora lo estaba invadiendo.



La Rosa Blanca

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En el texto hay: fantasia, musica, musica y romance

Editado: 17.06.2020

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