Nova

Prólogo

Mis caderas se contoneaban de un lato a otro, las miradas de los recién llegados a mí edificio cayeron en estas con lujuria, hago un pequeño saludo usando mi mano con pequeños movimientos de un lado a otro, mientras que en la otra mano llevaba una pequeña tabla de madera con un clip que sostenía unas hojas de papel con un poco de información acerca de los hombres que buscaban hacer negocios conmigo, le hecho una pequeña ojeada para después volverlos a ver a directamente a los ojos, uno parecía una sardina enlatada dentro de un apretado traje, mientras que el otro hombre se veía con confianza y tranquilidad.                            Estos hombres buscaban hacer negocios con Nova Corp desde hace ya tiempo, nadie lo había logrado, pero sería divertido ver a alguien fracasar, otra vez.  Se acercan los dos lentamente hacía mí con la mirada puesta en mis curvas, genial, otros pervertidos.

-Buscamos a el señor Nova. -Primer error, todos los hombres que pasan por esa puerta parecen creer que el dueño de todo esto es un hombre. Su error fue gratificante, tengo otra oportunidad para poder molestarlos por lo mínimo unos diez a veinte minutos, será divertido.                            

Mi identidad es prácticamente secreta, cuando  yo no busco que lo sea, en todas las entrevistas y juntas que he tenido de trabajo, en cada una de ellas confunden a la dueña de la compañía, osea yo, con un hombre, múltiples veces.                                                                                                                  Cuando se dan cuenta de que una mujer es la mente de todo, se van humillados, y no cuentan lo que sucedió, para mantener un perfil alto; haciendo mi identidad secreta.

-Síganme por favor caballeros.- Los dos asienten y camino frente a ellos para guiarlos al elevador,  las puertas se abren  lentamente frente a mi rostro y entro en este escuchando el resueno de mis tacones sobre el piso de cristal oprimo el botón para subir al piso número cincuenta y seis, y después poner mi huella dactilar y mi ojo frente a unos cuantos escáners , después de todo, íbamos a mi oficina, el lugar con más seguridad del edificio.

La escena de espera se convierte irritante en el momento en el que uno de ellos saca un cigarrillo y lo enciende, asqueroso,en mi empresa esta obligatoria mente prohibido prender un cigarrillo, dañan de una manera sorpresiva el ambiente. Con rápidez lo tomo y lo lanzó con fuerza en el suelo para después pisarlo con mis zapatos de tacón, de algo servían, ¿cierto?, además de resonar en todo el edificio.

El hombre reaccionó de la peor manera posible, me miró con desprecio y después abrió su gran bocota, perdiendo el contrato que su compañía había intentado ya alrededor de unas veintitres veces, sin contar esta.                                                                                                                                                          -Maldita perra, le diré al señor Nova que la despida inmediatamente. -Yo solo asentí y permanecí en silencio hasta que las puertas del elevador de abrieran.

Al entrar al piso, los guardias de seguridad obligaron a los hombres a que permanecieran de pie en el mismo lugar mientras ellos usaban un detector de metales, algo que era solo un truco de seguridad, lo que en verdad sucedía , era como un escáner imposible de ver para la vista humana, investigaba si tenían algo con la cuál podrían dañarme a mí, o a alguien de la compañía, también revisaba sus caras y huellas dactilares, sin que ellos tuvieran que mover ni un solo dedo, bendita tecnología.

Después del pequeño chequeo pasamos frente el escritorio de mi secretaria, Clara, que rápidamente al verme se levantó y se posó a un lado mío.

-Señorita Nova, ¿Quiere que le prepare un café? -Negué con la cabeza y miré de reojo las expresiones de los hombres, parecieron no escucharla, seguí avanzando hasta llegar a mi oficina. Las puertas se abrieron al yo pararme frente a ellas.    Los jefes de seguridad parados frente a las puertas vieron a los hombres y sonrieron, sabían lo que iba a hacer. 

Me senté en un sofá frente dos sillas, mirando furtivamente a los hombres, los invite a sentase frente a mí, y el del cigarrillo estúpido me miró confundido.

-¿Dónde está el señor Nova? -Yo solo asentí y deje que se tomara una eternidad hasta que entendiera lo que estaba sucediendo.                                                                                                                    



S.Ramos

#18629 en Otros
#1862 en No ficción
#28284 en Novela romántica
#4649 en Chick lit

En el texto hay: humor, poder, dinero

Editado: 27.04.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar