Pacto de poder (libro 2)

Capítulo 4

Camino por un túnel oscuro. Me encuentro sola y el ambiente se vuelve más frío a cada paso. 

 

 Mi corazón salta en mi pecho. El sentimiento de que algo anda mal me pone alerta y mis pasos se vuelven discretos y silenciosos.

 

 Sigo andando y el túnel dobla a la izquierda. 

 

 Veo una luz. Avanzó más deprisa y me encuentro en una caverna más grande y amplia.

 

 La luz del fuego ilumina y se filtra por grietas en las paredes y techo, cubriéndolo todo. Pero lo que llama mi atención son las nueve puertas delante mio.

 

 Puertas rojas, con símbolos dorados. No puedo reconocer ninguno de ellos, pero todos son diferentes.

 

Un chirrido capta mi atención y una puerta, una más a la derecha, comienza a abrirse. Su símbolo es parecido al de una víbora.

 

Poco a poco puedo deslumbrar una figura parada del otro lado del umbral y me quedo sin aliento. 

 

Orión.

 

Su rostro se ve inexpresivo y sus ojos rojos me observan sin emoción, fríos y vacíos. Como los de una marioneta sin vida.

 

Pero aun así mis mis cuerpo responde a su presencia y mis piernas se mueven veloces, llevándome directo hacia él. 

 

Cuando estoy por alcanzarlo, la puerta se cierra con rapidez y fuerza.

 

La golpeó con desesperación. "Estuve tan condenadamente cerca"

 

De repente Orión suelta un grito desgarrador. Y luego otro. Y otro.

 

El olor a sangre se filtra por mi nariz y mis golpes se vuelven frenéticos.

 

Intento llamar a mi energía, pero no me responde y en su lugar solo encuentro un enorme silencio.

 

Y mientras los gritos de Orión aumentan, los míos se apagan, convertidos en sollozos y lágrimas que bañan mi rostro.

 

Y sé que no puedo hacer nada para salvarlo...

 

 

 

 Despierto con un jadeo y la sensación de angustia que forma un nudo en mi garganta.

 

Violet se encuentra a mi lado en un segundo y me mira preocupada. Yo asiento con la cabeza, haciéndole saber que me encuentro bien.

 

 Pestañeo para acostumbrar mi ojos y me doy cuenta de que el fuego se apagó. Frunzo el ceño

 

   -¿Qué... - comienzo a decir, pero siento que Violet tapa mi boca rápidamente.

 

 Ella me mira asustada, luego me suelta y se lleva un dedo a lo labios, pidiendo silencio. Luego levanta la vista al techo del túnel y yo hago lo mismo. Me quedo paralizada y siento que el color abandona mi rostro.

 

 Porque allí, ocultos en la oscuridad se encuentran unos pequeños demonios. Los reconozco por la imagen que había de ellos en uno de los libros que Dante me dio para estudiar. No puedo recordar sus nombres pero son muy agresivos y comen cualquier cosa que se mueva. Tienen el aspecto semejante con el de una ardilla, su cabeza es pequeña y ojos grandes y negros. Miden aproximadamente metro y medio y no tiene pelo en su cuerpo. Su piel es oscura, casi marrón. Y su cola se divide en tres membranas con púas. "Espero que no sean venenosas" . Sus garras son afiladas y negras y tiene dientes afilados, incluyendo dos colmillos que sobresalen por su boca.

 

 Parece que están durmiendo, o descansando, porque están totalmente quietos. Hay dos de ellos y con sus afiladas garras se sostienen de las grietas del techo.

 

 Dejó escapar un suspiro tembloroso y con la mirada busco a Dante y Sitael.

 

 Los encuentro en la esquina opuesta del túnel, a unos metros de nosotras. Dante tiene los ojos cerrados y está recostado contra la pared, cruzado de brazos. Sitael está justo a su lado, con la cabeza apoyada en su hombro y su pecho sube y baja lo que me indica que está dormido.

 

 Le señalo a Violet que vaya con ellos, para despertarlos e irnos de aquí con el menor ruido posible. Ella asiente y se mueve sigilosamente hacia ellos.

 

 Mientras tanto, lentamente palpo el suelo hasta encontrar mi mochila y sin apartar la vista de los pequeños demonios me la cargo.

 

   - ¡Maldición! - oigo decir a Dante. Me giro para callarlo pero ya es tarde.

 

 Los demonios gruñen y se despiertan, moviéndose rápido. Y mostrando sus dientes.

 



S. Luque

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En el texto hay: chica, angel, demonio

Editado: 28.07.2018

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