Pasiones Ocultas [serie Ice Daggers 4]

Capítulo 18

 

 

 

Confesiones

 

—Aiden, eres inofensivo para mí. 

 

Su mirada seguía clavada en el suelo, sus hombros estaban decaídos y ella percibía su vergüenza. 

 

A Riley le costaba entender lo que le estaba confesando, pero en cierta forma, todo encajaba, su comportamiento, sus gestos, la forma en que la protegía con excesividad, todo eso era típico de un dominante. 

 

—No me entiendes, soy peligroso cuando pierdo el control, lo hice una vez Riley, y termine con sangre en mis manos. 

 

Oscuridad. Su voz tenía oscuridad. 

 

Ella se reclinó en su hombro, era incapaz de aceptar lo que le decía, de ninguna forma lo veía como una amenaza. Sí, le había tenido miedo cuando le gritó en la calle, pero no era razón para verlo como alguien peligroso. Sabía en el fondo de su alma que Aiden jamás le haría daño. 

 

—No podrás convencerme— respondió con convicción— no lo creeré, tú no puedes lastimarme.

 

—Crees eso porque sólo has visto mi lado sumiso, no me conoces realmente— su voz bajó, la tristeza la embargaba— no conoces mi lado dominante, y espero que nunca lo hagas. 

 

—¿Por qué no?— preguntó, Aiden tenía una razón para estar tan decidido a alejarla, a impedirle conocerlo con la profundidad que quería, pero Riley estaba decidida a saber— Es parte de ti, quiero... Quiero saber todo de ti. 

 

"Quiero llegar a tí" quiso decir, pero no se atrevió. 

 

Aiden la rodeó con su brazo, ese movimiento gentil, que tantas veces le había hecho dar un pequeño salto de sorpresa, ahora le hacía sentir diferente, segura, a salvo. Riley se pegó contra su cuerpo, esperando que hablase,  prestó atención a la embriagadora sensación que le provocaba sentir su calor, sus latidos, aquel movimiento de su pecho al respirar, se mantuvo anhelando quedarse así de cerca. 

 

"¿Qué es lo que siento por tí?" se preguntó en su mente "¿Por qué al verte mi corazón duele y se alivia a la vez?"

 

—Cuando vivía en esta ciudad— habló después de un largo silencio— después de que mis padres desaparecieron, quedé sólo con Emma. Nos unimos a un clan de niños, que era liderado por seis niños cambiantes. 

 

La vibración de su pecho al hablar la hizo querer gemir de placer. Debía prestar atención a lo que él tenía que decir. 

 

—Me humillaron mucho— continuó— por ser un sumiso, pero me necesitaban para mantenerlos estables. Poco después conocí a Vincent— esbozó una pequeña sonrisa— un solitario, fue un gran amigo para mí, pero falleció tres meses después por un ajuste de cuentas entre pandilleros. Una noche de lluvia cuando volví al refugio encontré a Emma tirada en el suelo... 

 

Se detuvo, Riley sintió el dolor que le causaba hablar de eso, su respiración se volvió más intensa, sabía que estaba reprimiendo las lágrimas. Tomó su mano y entrelazó sus dedos. 

 

Como sumisa ella podía aliviar la tensión, el miedo y el dolor, era una habilidad parte de su naturaleza, muy efectiva para sanar heridas ajenas. 

 

Comprendió al instante que Aiden también estaba herido, como ella, necesitaba sanar. Riley quería hacer lo mismo que él había hecho con ella muchos años atrás

 

Recordó el día en que llegó al orfanato, debilitada, herida y traumatizada, nadie podía hacerla salir de su escondite, un viejo armario, a excepción de aquel chico de suave cabello marrón y ojos azules:

 

"–Yo cuidaré de tí Riley."

 

Esa fue la promesa que le había hecho aquella vez que la encontró escondida. Desde ese día se volvieron inseparables. 

 

—Habían intentado abusar de ella— prosiguió Aiden su historia, el recuerdo de su asolescencia se desvaneció con su voz— pero al no poder con su fuerza la golpearon hasta dejarla inconsciente. Yo creí que había muerto, el miedo me hizo huir, pero aún con la lluvia borrando mi olor y mis huellas, ellos me encontraron.  

 

—¿Qué sucedió? 

 

—Me acorralaron en un callejón y el líder me exigió regresar. Esa noche fue la primera vez que perdí el control, la furia de mi lado dominante se apoderó de mí, y los maté, a los cuatro. 

 

Riley se apartó un poco, Aiden seguía mirando el mismo punto en el suelo, ella giró su rostro con su mano, su mirada carecía de emoción, sus ojos se veían tan vacíos... 




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