Píntame la mirada

Capítulo 33

— ¡¿Cómo que están viviendo juntos?! — el grito que profirió Carmen casi hizo a Isabela caerse de la silla. Adrián suspiro, sonriendo torcido a su mamá que había entrado a su casa interrumpiendo de manera incómoda una sesión de besos con la excusa de que había preparado comida para él.  Se arrepentía profundamente de haberle dado la llave, aunque se supone que no debía usarla si no era una emergencia.

Madres.

—Fue una emergencia Carmen…— Isabela hablaba despacio, como si estuviera hablando con un niño pequeño que le costaba entender las cosas — Mi padre apareció de nuevo y bueno… conoces a María Montalvo — el gesto de sorpresa de Carmen se deformó de inmediato a uno de decepción. Hizo una mueca de disgusto antes de hablar

— Y yo que pensé que tu madre había cambiado…— sacudió la cabeza, antes de dirigirse a su hijo.

— Querido ¿me dejas un momento a solas con Isabela? — Sugirió su madre. Adrián se quedó quieto por un momento, aún le molestaba que le ocultaran cosas, pero sabía que ellas dos habían convivido mucho más tiempo por lo que había más confianza. Así que asintió subiendo las escaleras hacia su oficina, de todas formas debía hacer unas llamadas.

>> Isabela… — empezó Carmen en cuanto vio a su hijo desaparecer por el segundo piso —. ¿Estas segura de esto? Parece demasiado pronto para que ustedes vivan juntos, sumándole todo lo que tú has vivido… — inquirió preocupada, la muchacha asintió segura de lo que hacía.

— Agradezco que te preocupes por mí… pero estoy segura de lo que hago.  Aunque suene extraño debido al poco tiempo que hemos estado juntos…—  Esbozó una sonrisa melancólica, hacia muchísimo tiempo que no tenía sentimientos similares por alguien.  — Pero de verdad siento cosas fuertes por él… estoy realmente feliz y cómoda a su lado, quiero disfrutarlo todo lo posible.  

Carmen no pudo evitar sonreír enternecida a pesar de su creciente preocupación. Ella confiaba en su hijo ciegamente, sabría que si no fuera algo serio ella ni siquiera estuviera en esa casa. Pero aún con todo y eso él era excesivamente inocente comparado con Isabela.  Tal vez era momento de tener esa conversación a la que le daba largas pensando que eso serviría para que su hijo se olvidara de ella, mientras la realidad era que se fijaba cada vez más en la castaña.

— Sera raro que te lo pida pero ¿puedes quedarte aquí un momento? Tengo que hablar a solas con mi hijo…— se dirigió de inmediato hacia arriba luego del asentimiento de la muchacha. Se extrañó al escuchar gritos venir de la oficina de su hijo. Se adentró preocupada, encontrándolo iracundo para segundos después lanzar el teléfono a una de las sillas. — ¿Ha ocurrido algo hijo? — inquirió con preocupación. Adrián negó.

— Solo es Ximena con sus estupideces — trato de respirar profundo para disipar su furia, ¿Cómo se atrevía Ximena a cuestionar su relación con Isabela? ¿Qué sabia ella de amor? Si las únicas relaciones que lograba mantener eran sexuales.  Su comportamiento era supremamente contradictorio.

Recordó como parecía contenta cuando se dio cuenta que estaba interesado en Isabela, no entendía porque se comportaba ahora como una novia celosa, pero no iba a darle importancia a sus estupideces.

— ¿Necesitas algo, mamá? — pregunto al verla observarlo en silencio.

 — Solo quería hablarte algo sobre Isabela, pero si estas ocupado puedo irme…

¿Sobre Isabela? ¡Por fin!

 — No hay problema, siéntate mamá— señalo una de las sillas frente a su escritorio y  ella tomo asiento de inmediato, empezando a hablar sin muchos rodeos

— No te voy a preguntar sobre si estás seguro sobre tu decisión de vivir con Isabela, porque te conozco y sé que ella está aquí por eso. Más bien… deseo advertirte, hijo. Ella no es para nada como las otras chicas que has conocido.

— Eso lo sé — contesto serio, Carmen negó.

—No lo digo porque sea ciega… Isabela ha pasado por demasiadas cosas y eso ha calado en el fondo de ella, créeme que cuando la conocí no era ni la sombra de lo que es ahora.

— Su estado era completamente lamentable, una chica que empezaba a asumir una reciente ceguera y rodeada de relaciones toxicas por doquier. Mutismo selectivo y depresión crónica, intentos de suicidio ¿tienes idea de la gravedad de lo que hablo? — escuchar que Isabela había intentado acabar con su vida alguna vez le dolía en el alma, sin embargo, después de escuchar su historia esa misma mañana, no le sorprendía. —. Me llamaron del centro asistencial cuando ya todos en su familia habían tocado fondo e Isabela casi cumplía su objetivo de morir.  Tarde más o menos dos semanas enteras en que se dignara a hablarme, no lo hacía con otra persona que no fuera su médico de cabecera o su hermano.

Carmen hizo una mueca de tristeza.

>> Lo único que llegaba a decir era que ella tenía la culpa de todas las desgracias de su familia— si supiera su madre que aún lo repite. —. Y debo decir que María no ayudaba a cambiar ese pensamiento en ella… definitivamente algunas mujeres no merecen ser madres. Tuve que confrontarla y amenazarle con quitarles a sus hijos si no reaccionaba.  Fui una estúpida por creer que de verdad lo había hecho… aunque en mi defensa, no pensé que ese hombre regresaría, según Isabela y sus hermanos, siempre fue un desobligado., Isabela sufrió mucho, hijo. Ese tipo de vida es muy difícil de superar. Debes tener mucho cuidado porque ella… te quiere. No es como otras mujeres con las que has estado, ella es como un cristal que se va puede romper al más mínimo golpe.

el gesto de dolor de su madre es genuino, está preocupada por ella, pero no debía temer, primero muerto antes de lastimar a Isabela… él también la quería,  más de lo que él mismo creía que era posible querer a alguien.

—Estaremos bien, mamá— aseguro con una leve sonrisa — Soy un poco torpe en estos temas, pero yo también la quiero y hare mi mejor esfuerzo para que funcione…— Carmen asintió un poco más tranquila y algo conmovida por escuchar a su hijo hablar de esa forma, no creía que ese día llegaría.



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En el texto hay: romance, amor novela juvenil, drama

Editado: 09.06.2020

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