Princesa de los lobos

Capítulo 39

El molesto ruido del despertador que me han comprado las chicas causa que suelte un quejido. He prometido no romperlos en miles de pesados, es por eso mismo que con torpes movimientos llegó a donde está el botón para que se apague. Una vez que la habitación vuelve a estar en un completo silencio, me levanto de la cama y camino hasta el baño para darme una buena ducha.

Después de estar un buen rato debajo del agua, me envuelvo en una toalla y salgo del baño, en mi cama, como todas las mañanas después de que me baño, se encuentra la ropa que me ha dejado Marta el día de hoy. Esta vez no me ha deja vestidos ni nada por el estilo, hoy me ha dejado un pantalón ajustado color celeste, una polera que me llega al ombligo que es de color blanca con un enorme dibujo justo al medio de un rato muy colorido que se encuentra sacando ambos dedos del medio mientras se cubre sus ojos con ellos y por último unas zapatillas negras.

Ya vestida, bajo las escaleras con pasos despreocupados y demasiado lentos, justo cuando estaba dispuesta a abrir la puerta de la cocina sale de ella mi tío con cara llena de preocupación.

— Lamento mucho que te hayas tenido que enterar de todo de aquella manera — se apresura en hablar, rápidamente captó a lo que se refiere — lo lamento tanto.

Asiento con la cabeza y sin ánimos para nada sigo mi camino. Casi todos los Lovamp se encuentran ya aquí, comiendo todos juntos, como todas las mañanas que hemos compartido en este corto tiempo.

— Buenos días princesa — saludan todos a coro, ante mis picas ganas de hablar solo les sonrío de medio lado.

— ¿Se encuentra bien Princesa Erin? — Luis me observa de manera preocupada.

Asiento con la cabeza y comienzo a buscar algo en la nevera para poder comer, muero del hambre.

— ¿Todo bien? — pregunta Axlin al momento de entrar a la cocina con una ceja alzada.

— ¿Por qué no debería estarlo? — pregunto mientras me llevo una tostada a mis labios que he encontrado en la isla.

— Todos tienen cara de los mil demonios — habla mientras barre con su mirada todo el lugar — realmente lucen mal.

Termino de comer y dejo lo poco que e ensuciado en el lava platos y salgo de la cocina. Hoy tengo muchas cosas que hacer y solucionar, lo mejor es empezar desde ya, no quiero acabar tan tarde.

— Buenos días señorita — bajo mi mirada hasta encontrarme con los verdes ojos de una pequeña niña, Luisa.

— Hola pequeña — le doy una cálida sonrisa — ¿Has comido ya?

— Si princesa — mueve muchas veces su cabeza en señal de asentamiento — ¿Y usted?

— Acabo de hacerlo — respondo y al terminar de decir aquello muchos niños más llegan.

— ¡Hola princesa! — saludan todos a coro logrando que una sonrisa se pinte en mis labios.

— Hola pequeños.

— ¡Niños! — Rápidamente levanto la mirada y me encuentro con una mujer que busca en todas las direcciones posibles — ¿¡Dónde están!?

Bajo la mirada en dirección a los pequeños que aún se encuentran junto a mi, estos están riendo en voz baja, una ricilla se escapa de mis labios logrando que sus ojos conecten con los míos.

— No deberían ocultarse de los adultos — aconsejo con voz suave — mucho menos de los que los están cuidando.

— Lo sentimos princesa — susurran ellos a coro.

— Vamos — ordenó y ellos asienten con la cabeza, comienzo a caminar yo primero y ellos me siguen de cerca — ¿Son a ellos los que busca señora?

La mujer pega un brinco al oír mi voz, se da la vuelta y tras mirarme unos segundos baja su mirada, un suspiro lleno de alivio se escapa de sus labios.

— Muchas gracias princesa, llevo un buen rato buscando a estos pequeños traviesos — susurra algo molesta mientras los mira — sus padres estarán muy molestos con ustedes cuando les diga que se han escapado de mí — los niños rápidamente comienzan a dilatar quejidos llenos de desesperación, la mujer con un movimiento de manos hace que guarden rápidamente silencio — ¡Nada de reclamos aquí! Ustedes han sido los revoltosos que se han escapado, es por eso mismo que hoy saldrán aún más tarde de sus clases.

Ellos bajan sus cabezas y comienzan a caminar en dirección a dónde se encuentra la cabaña que los chicos han construido específicamente para ellos, pues se necesitaba un lugar para mantener a los niños más pequeños durante el día.

— Buenos días princesa — saluda Javiera con una sonrisa en sus labios.

— Hola — sonrío — ¿Cómo va todo esta mañana?

— Todo ha marchado de maravilla, como nunca — sonríe — ¿Y usted? ¿Cómo se encuentra?

— Muy bien — intento que mi sonrisa sea sincera, pero supongo que no me ha salido del todo bien — ¿Has visto a Jairo?

Jairo es uno de los mejores guerreros que posee la manada, realmente es increíble al momento de luchar. Y por aquello mismo, por ser tan bueno en ello, le he asignado la tarea de enseñarle a los más pequeños.




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