¿quién eres? - Observación

Capítulo 12.

Teo fue el encargado de pasar a buscarlos cerca de una estación del metro a algunos voluntarios para ir al asado en la casa de Consu. Al llegar todos notaron que la casa era enorme y estaba repleta de pinturas casi de muro a muro, las cuales Pitu disfrutó de mirarlas por algunos minutos.

 

―La pintó mi papá ―dijo Consu observando la pintura con nostalgia―, de hecho, todas las pinturas son de él…fue lo que nos dejó para recordarlo en la casa.

 

Observó como los ojos de ella se llenaban de lágrimas y la abrazó tratando de que se sintiera mejor.

 

―Puedo venir en otra oportunidad y así me hablas sobre las pinturas de tu papá.

―Claro, claro, perdona aún me emociono cuando hablo de él ―dijo Consu limpiándose sus lágrimas―, eres bienvenida cuando quieras venir, Pitu.

―Vendré, gracias ―sonrió tratando de animarla.

―Vamos, ya veo que los chicos destruyen mi casa con sus ocurrencias.

 

Caminaron por un largo pasillo hasta llegar al patio donde estaba Teo junto a Santiago conversando cerca de la parrilla, Consu se acercó a ellos y Vilo se fue donde estaba Pitu.

 

―La casa es gigante ―comentó Vilo.

―Eso parece… ¿viste las pinturas?, son muy bonitas.

―Ven, vamos, tiene una piscina ―y casi la arrastró hacia donde estaba la piscina.

 

Estaban contemplándola cuando apareció Facho quien tenía considerado lanzar su primer anzuelo para acercarse a Pitu con su nueva estrategia.

 

―Después del asado ―dijo Facho apoyándose de espaldas sobre la reja de protección―, podemos usar la piscina.

―¡Súper! ―exclamó Vilo entusiasmada.

―A mí nadie me dijo que era con piscina el asado ―lo miró Pitu de forma inocente.

―Supongo que no es impedimento para ti ese detalle.

―¿Por quién me tomas? ―preguntó Pitu seriamente cruzándose de brazos.

―Yo te cobro la palabra, Facho ―dijo Vilo quien partió corriendo hacia el interior de la casa.

―Yo no te cobro la palabra ―sentenció Pitu quien se sintió molesta por el comentario.

―No te enojes, ¿ya? ―la miró de reojo tratando de bajar el perfil al asunto después que se sorprendió al escucharla casi ofendida por su comentario―, suelo hacer la misma broma cuando llega alguien nuevo, tu amiga, cayó.

―Te va a cobrar la palabra ―dijo ella quien casi no lo miró.

―Si la cobra, improvisamos ―y se giró quedando hacia el mismo lado―. Generalmente, nadie se acuerda después del asado, de la piscina.

―Supongo que realmente compraron carne, ¿cierto? ―y consideró posible que capaz su comentario hacía referencia que sólo bebían alcohol en sus asados.

―Obvio, algunos se ponen mal genio si no comen, ¿qué pensabas?

―En nada.

―Asique consideraste que sólo era una excusa para emborracharnos, ¿así que lo pensaste?

―Lo pensé por tu comentario, yo vine a un asado, así que más les vale que haya carne.

―Interesante ―y Facho pensó en voz alta―, de todas formas, la Consu no prestaría su casa para un asado sin carne.

―Lo tendré en cuenta.

―Ahora con respecto a mi teléfono.

―¿Qué sucede con tu teléfono? ―simuló ella no saber a qué se refería.

―El que me requisaste ayer.

―Ah, eso, tú sabes, te lo regreso solo si aceptas mi condición.

―¿De qué se trataba? ―sonrió él.

―Mi condición es que dejes tu juego de requisarme mis cosas, ¿vas a aceptar o no?

―Y, ¿qué hay de mi cuaderno con las guías?, ¿eso tiene otra condición o es negociable? ―la miró de forma desafiante.

 

Pitu se quedó en silencio solo para generar suspenso en él.

 

―Va todo en la misma condición.

 

Él festejó internamente sintiéndose ganador.

 

―Entonces, acepto tu condición, de ahora en adelante dejaré el juego de requisarte tus cosas ―sacó de su bolsillo de la chaqueta los guantes y del bolsillo del pantalón la revista enrollada―, aquí tienes tus cosas.



María-José Aragón

Editado: 24.11.2019

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