¿quién eres? - Observación

Capítulo 20.

Lo que a Pitu le preocupaba sobre que, si era cierto que a Facho le gustaba ella, se trataba más de que no era correspondido, y lo había experimentado más de alguna vez en carne propia sentirse rechazada, eso dolía mucho, por otro lado, estaba el asunto que no sabía si creer en él.

 

―¿Cómo se supone que lo mire a la cara, si todo esto es cierto, Romi? –se preocupó Pitu.

―Como siempre, de todas formas, estoy segura de quese te va a olvidar ―aseguró su amiga conociendo lo despistada que era.

 

Y todo se aclaró cuando al día siguiente de regreso a su edificio, se alarmó al percatarse que quien ahora la estaba siguiendo no era Tuto sino Facho.

 

―¿Por qué me estás siguiendo? ―lo enfrentó Pitu furiosaa mitad de cuadra.

―No te estoy siguiendo, solo me aseguro de que llegues bien a tu…

―¡Me estás siguiendo!, ¿es solo la culpa o es algo más?

―¿Culpa? ―la miró como si ella hubiera acertado.

―¡Me dices la verdad o llamo en este instante a la policía! ―le advirtió mostrando el teléfono.

―¿Por qué no me dijiste que Tuto te había estado siguiendo?―la interrumpió.

―¡Responde a mi pregunta! ―le gritó furiosa.

―Bueno, si quieres saber si siento culpa de no haberte cuidado, sí, me siento culpable y no sabes cuánto ―dijo Facho quien pareció sonar sincero, pero ella no le creyónada.

―¡No me refería a esa pregunta! ―lo ignoró fríamente―, ¿por qué me estás siguiendo?

―Te dije que solo me aseguro de que llegues bien a tu casa.

 

Lo miró con sus ojos entrecerrados llenos de desconfianza y él la sintió comocon un gran abismo de distancia.

 

―¿Por qué no me crees?, ¿no confías en mí? ―se desencajó cuando al acercarse, ella retrocedió un pasohacia atrás.

―¿Por qué yo debería confiar en ti?

―Porque somos familia.

 

Sintió asco cuando lo escuchó y se le aguaron los ojos de rabia.

 

―¿No se supone que somos una familia todos los que vamos al voluntariado?, porque me parece que es lomismo que olvidaste en ese departamento ―y trató de no alterarse más de lo que estaba―, tú sabes, cuando te sorprendimos con…

 

Y Facho pareció comprenderlo, ella no solo lo había visto, sino que también no le creía.

 

―¡Tú sabes que ella se me lanzó y yo me corrí! ―se quedó callado Facho quien la quedó mirando por unos segundos―,no confías en mí, ¿es eso?

―¡Bingo!, ¡has acertado!, yo no confío en ti ―sentenció Pitu quien sintió que se detenía el tiempo―, tú me das las suficientes razones como para no hacerlo.

―Pero… ―la miró considerando que no comprendía sus palabras―, ¿qué necesitas para confiar en mí, hermanita?

―¡No me llames así!, ¡yo no soy nada tuyo!

 

Esto iba más allá de que ella le creyera, además del hecho que élhicieratodopara averiguar cosas para Santiago, porque sintió que no solo estaba frente a una chica fiel a sus negativas en salir con él, sino con opinión propia, y que ahora se mostraba abiertamente desconfiada hacia su persona no por suposiciones e inseguridades como antes le había pasado con otras chicas que acostumbraba a seducir, sino que Pitu las basaba en razones concretas, y este descubrimiento lo desencajó a tal nivel de llegar a mostrarse afligido, cosa que lo notó ella a diferencia de su actitud despreocupada y sonriente.

 

―¿Por qué quieres que yo confíe en ti? ―preguntó sin saber si exactamente si quería escuchar su respuesta.

 

La pregunta lo llegó a zamarrear de su propio egocentrismo.

 

―¡Rayos!, ¿es en serio?, ¿por qué de pronto desconfías de mí?

―¿Por qué de pronto te interesas en mí?, no tenías idea donde vivo y ahora resulta que me vienes siguiendo para asegurarte que llegue bien.



María-José Aragón

Editado: 24.11.2019

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