¿quién eres? - Observación

Capítulo 24.

Se despertó Pitu con un hilo de luz que entraba entremedio de las cortinas, miró a su alrededor y estaba en lo que parecía ser la cama de Facho, todo indicaba que el día anterior luego de su llanto en el abrazo casi obligado, él fue por un vaso de agua y a su regreso la encontró profundamente dormida en el sillón.

 

A lo lejos escuchó como Facho hablaba con su hermano menor.

 

―¿Por qué no le podía decir que la mamá…?

―Se lo decías y no hubiera aceptado quedarse, y ambos sabemos que no estaba en condiciones para irse sola a su casa.

―Bueno, viéndolo así es verdad, pero…

―Solo no le digas nada, después yo veré como se lo digo, ¿estamos claro, enano?

―Sí.

 

Esa había sido la razón del porqué cuando llegaron al departamento no apareció su mamá, al menos Pitu consideraba algo tarde para alterarse, sino había pasado nada extraño, salvo que ambos fueron amables con ella en  dejar que se quedara.

 

Se sentó sobre la cama para revisar su teléfono y averiguar si sus padres la habían llamado cuando estaba durmiendo, pero todo indicaba que nadie debió haber notado su ausencia, claro, sus padres seguían de viaje, por lo que solo se alertó cuando escuchó a Facho estar discutiendo con alguien acaloradamente.

 

―¡Obvio que se iba a ir si le dijo que se fuera!, nadie se queda si le dicen algo así, dile que no voy a seguir haciéndole caso… no, esto superó todo límite…

 

Al segundo, él respondió una llamada y esta vez habló con tono fuerte como si quisiera que la otra persona no tuviera ninguna duda sobre lo que decía por teléfono.

 

―Sí, está aquí… ¡ya te dije ayer!… ¿cómo durmió?, ¿cómo va a ser después de lo que pasó ayer?... ¡esto no puede ser!... y debería… te he apoyado en todo, en las buenas y en las malas, pero esto no… ah, sabes que está mal… olvídate que te voy a hacer caso nuevamente… tú no tienes idea… más te vale… no, en eso no te voy a ayudar… no tengo idea cómo lo harás… no tienes idea…

 

Y la llamada se dio por terminada cuando se escuchó como golpeaban una mesa.

 

―¡Buenos días! ―se asomó Adam desde la puerta―, no te queríamos despertar, pero necesito sacar algo de la pieza…

―Sí, sí, claro, no te preocupes ―dijo Pitu algo nerviosa por saber que podría estar incomodando.

―Si la despertaste, enano… ―dijo Facho como advirtiendo sobre algo.

―Estaba despierta ―reclamó inocencia a su hermano mayor.

―Es cierto, ya estoy despierta ―y trató de defenderlo.

―Ah, bien ―apareció en el umbral de la puerta algo despeinado.

―Me debo ir a mi casa ―buscó sus cosas―, y ¿mi zapatilla?

―La dejé en la entrada, estaba algo mojada, hermanita ―indicó la entrada del departamento con un movimiento de su cabeza haciendo que su cabello quedara más alborotado que antes―. La traeré…

―No pasa nada porque un día camine sin zapatilla, no te preocupes…

―Deja que hoy te la traiga yo, aún tienes ese tobillo…

―Cierto, mi tobillo ―se lamentó al recordarlo―, ¿se secó la bota?

―No, pero acá tenemos una venda que podría servirte…

―No te preocupes, los he molestado lo suficiente…

―¡Qué dices, hermanita!, ¿quieres comer algo?, de seguro tienes hambre…

―No, gracias ―y sintió como su estómago se apretó cuando recordó el por qué estaba allí―, debo irme.

―Pero, no puedes irte sin comer nada ―insistió Facho mostrándose preocupado.

―No tengo ganas ―se detuvo frente de ellos―, solo dime, ¿dónde está el cuarto de baño?

―Claro, claro, está ahí en frente ―indicó él una puerta cerrada.

 

Lo miró con una sonrisa quebrada como si quisiera mostrarse mejor de lo que se sentía realmente por dentro.



María-José Aragón

Editado: 24.11.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar