Reina Efímera

J y A

Abrí mis ojos y una vez más me sentía muy cómoda, estaba acostada sobre algo firme que me sostenía de la cintura y de la cabeza. Veía el cielo nublado menearse mientras avanzaba sin hacer ningún movimiento propio. Alcé la cabeza y me encontré con su pecho fornido. Sus ojos firmes estaban observándome, no tenía el oscuro gabán puesto.

—Hola, Jon —Saludé, bostezando.

—Hola, Princesa.

Su contestación fue muy jovial. Estaba segura que se debía a que seguía adormilada.

—¿Dónde estamos?

Me reincorporé sentándome bien sobre su caballo, hasta entonces me soltó.

—Tiene el sueño muy pesado, ya no estamos en los dominios de Einar y Borías, desde hace mucho, mucho. 

Eché un vistazo a mi alrededor, avanzábamos por un valle. Se me escaparon un par de bostezos largos y perezosos. Pese a la forma de ir sobre el caballo había dormido muy bien en sus brazos.

El potro avanzó por largo rato con trote ligero, se asomó hasta una arboleda. No parecía ser tan frondosa como los anteriores bosques que habíamos recorrido.

Con facilidad el caballo avanzó entre los pinos, ciparisos y escasa maleza. Pronto nos adentramos a un bosque húmedo y espeso. A diferencia de los anteriores, simplemente se apreciaba un lúgubre silencio. De vez en cuando se atenuaba el canto de alguna ave, o el silbo en los árboles, pero en general muy silencioso. 

No me parecía algo normal en la vida silvestre de un bosque. El clima cambió rotundamente, sentí mi cara helada y mis dedos enfriarse al igual que mis manos. La espesura y los altos arbustos me infundían cierto temor. Apreciaba algo raro, como si algún peligro asechara en sus frondas, setos y robustos cipreses.

—Jon, ¿este lugar es seguro? —Pregunté sin dejar de ver a mi alrededor.

—Claro, tan seguro que no encontraremos a ninguna persona rondando.

Me volví a él despavorida al escuchar un tono más grave del habitual en su voz.

—¿Por qué dice eso?

—Ninguna persona se asoma por estos lugares. Ya sabe, hay historias sombrías de este bosque, pero yo que usted no me preocupaba por la habladuría de algunos miedosos.

Sentí un escalofrió recorrer mi espalda.

—Jon, no diga eso. ¿Atravesamos un bosque prohibido? Eso me dice.

Me sobresalté sin poder contener el espanto. Una sonrisa maléfica apareció en su rostro.

—Si todo el mundo lo evita, ¿por qué no hicimos lo mismo? —Reproché.

—Princesa, inclínese —Susurró sin dejar el gesto divertido en su semblante.

Fruncí el ceño. Su mirada siguió fija al frente y con una sonrisa traviesa inclinó medio cuerpo. Me volví al frente y fue entonces que sentí una rama darme en la coronilla de la cabeza.

—Creo que hubiera sido más amable decir “una rama al frente”.

Me sobaba la cabeza, mientras él reía entre dientes como nunca antes lo había visto, y eso que algunas veces esa sonrisa se asomaba. Valía el golpe, para contemplar esa risa. Veía como intentaba reprimir ese gesto alegre, sin poder conseguirlo. 

—De acuerdo, la próxima vez, diré: “rama al frente”.

No pude enfadarme. El bosque a cada paso que el potro daba se volvía una cortina de madreselva, enredaderas, matorrales que se extendían con desenvoltura por doquier. No podía distinguirse lo que estaba al frente. La terrible idea de seguir en un lugar prohibido se atestó en mi cabeza, preocupándome.

—¿Tiene miedo Princesa?

Me observaba con una expresión divertida, no tenía idea de que cara había puesto al mirarlo fijamente.

—Bueno, no por nada la mayoría evita este bosque. Si por voluntad mía fuera jamás me habría atrevido a dar un sólo paso por estos lugares, aunque me ofrecieran todos los reinos del mundo.

Para mi suerte seguía de buen humor, por primera vez desde que lo había conocido esa seriedad se había apartado considerablemente de él.

—No hay nada de que temer, es más, estoy convencido que aquí correremos menos peligros que en cualquier otro lugar.

—Y ¿cómo lo sabe?

Tragué saliva con dificultad. No contestó su vista se fijó al frente, seguía tranquilo y sereno sin molestarle mis obvias muestras de espanto.

—Jon ¿qué habladurías hay de este lugar?

—No entiendo porque le gusta darle vueltas a un asunto que no entenderá y que la aterroriza.

—Pues no sé si sea bueno, pero soy así, prefiero saber la verdad.

Se puso serio, pero no como solía ser. Sólo estaba inexpresivo observando al frente.

—Hace mucho dicen que en este lugar hay criaturas y seres que asechan a los seres vivos. Es como si tuviera una vida consciente, dicen que el bosque no deja que cualquiera encuentre la salida, que incluso muchos guerreros que han querido cruzarlo han desaparecido. El bosque atrae a muchas doncellas, quienes también nunca vuelven a aparecer. 

Tenía la boca abierta mientras sentía el horror a flor de piel.




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