Relatos cortos

Una noche más y una vida menos

 

En la silenciosa noche donde todos duermen sucede este hecho, que permanecerá sin develarse a persona alguna, y solo quién lo lea será testigo y cómplice del mismo.

 

—Isabel, no me siento bien… No puedo respirar —dice el anciano con la voz entrecortada por el esfuerzo titánico que está haciendo para poder llevar oxígeno a sus pulmones. La oscuridad del dormitorio acrecienta su pánico, y el jadeo silencioso de su esposa a su lado que no le responde lo lleva al abismo de la desesperación. —¡I-i-i-isa-sa… beel! 

—¿Qué te pasa? ¿No podés respirar, Alfonso? 

—Ahj, ahh… ¡no! 

—Esa es mi intención, asfixiarte hasta que no puedas más —responde ella y enciende la portátil para dejarse ver, y para que su marido observe su rostro, quiere que él conozca el verdadero horror de la impotencia. 

Isabel le sonríe todo el tiempo que lo está asfixiando con sus manos, ayudada por el sedante que le puso en la cena la tarea se le hace mucho más fácil, por lo que Alfonso no ofrece resistencia física. —Todos estos años tuve que tolerar tus arrebatos, tus malhumorados días como si fuera una mártir, ¿por qué? 50 años son demasiada tortura para un ser humano, nunca debí haberme casado, pero en aquella época se vivía así, teniendo que depender del hombre, fuera el padre, el hermano o el marido, así fuimos educadas y salirse de la norma era impensable. Yo no fui tu madre, ¡yo era tu esposa! Fuiste un inútil que no serviste ni para tender la cama, ¡todo lo tenía que hacer yo! No me mires así, porque de esto no hay vuelta atrás, no me voy a arrepentir por lo que te voy a hacer, te vas a morir ahora, hoy mismo, y a tus amados nietos les voy a decir que moriste durmiendo. Igual, nunca te cuidaste, fumabas y tomabas todo lo que querías, nadie va a sospechar nada, menos a tu edad, un viejo de 70 años con severos problemas cardíacos.

—Cahh… kjjj —los jadeos por recuperar el aire son inútiles, Isabel presiona con fuerza la garganta de Alfonso y el viejo no puede ni pronunciar una sílaba. Estira un brazo intentando desasirse del agarre de su esposa, siendo eso lo último que hace, el brazo elevado un momento antes ahora cae con todo su peso sobre el colchón, sus ojos abiertos se congelan, y su boca también.



Jo Vans

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En el texto hay: relatos cortos, amor desamor, terror

Editado: 21.11.2020

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