Relatos de un secuestro

Capítulo 21

TRES MESES DESPUÉS

DÍA 1

Tanto ha pasado en estos meses. No pude llamar a la policía para pedirles ayuda, fue Axel quien lo hizo, claro, sin dar muchas explicaciones acerca de lo que ido sucediendo.

No estoy feliz con eso; tanto tiempo hemos pasado escondiéndonos de cualquiera. No ha sido fácil, tampoco. Noche a noche he tenido que desvelarme mientras Axel dormía plácidamente a mi lado. Algunas veces mi descontrol hormonal podía con mi razón y comenzaba a gritarle a Axel por cosas mundanas, no sé por qué lo hice en ese momento, pensé que Axel no me haría nada, pero estaba muy equivocada.

Demasiado.

Dios sabe que ya he tenido suficiente. A pesar de ya no estar encerrada, vivo con un miedo constante y Axel se ha sumado a eso. Tengo cortado mi labio inferior y mi pómulo izquierdo ya se tornó de un tono morado por el último golpe que recibí por la bestia a la que creí amar alguna vez. Fui una estúpida al creer que él sentía lo mismo por mí.

Antes él no se atrevía a levantarme la mano, ahora no sé lo que ha pasado. Me mira con odio irradiando de sus ojos pero aun así no me deja ir, no me deja salir de esta casucha que ha comprado a las afueras de una urbanización. No lo entiendo, a veces, mientras duerme, habla dormido pidiéndome que no me vaya pero al levantarse es otra persona.

¿Así será a partir de ahora? Muchas veces lloro desconsoladamente bajo la ducha, dejando que el agua fría se lleve el dolor con mis lágrimas mientras me abrazo el vientre que ahora está más abultado que hace unos meses atrás.

No sabes cuantas veces he pensado en rendirme, en dejar que la sombra oscura de la muerte me quite el último aliento por mi propia mano; no quiero vivir así, mi corazón ya no lo soportará más. Esto no es lo que quería al salir de ese escondrijo en el que me tenía Axel, a pesar de todo esto de los narcotraficantes, me imaginaba que estaríamos juntos, por lo menos intentaríamos ser felices en nuestra pequeña burbuja.

Todo en esta habitación se ve alegre, desde las paredes blancas con pequeños dibujos de dinosaurios hasta el ventanal con vista hacia el patio pero mi sombra lo opaca todo sabiendo que debería estar alegre solo por mi hijo.

Hace mucho todo ha cambiado, especialmente con Axel; yo, a pesar del daño que él me ha hecho lo sigo amando. Cada vez que sus manos recorren mi cuerpo siento millones de sensaciones alucinantes que recorren todo mi ser, cuando sus labios se unen con los mío siento como si él realmente sintiera lo mismo que yo a sabiendas de que sé que no puede ser.

El primer golpe que me dio fue hace unas semanas atrás, había llegado totalmente ebrio a lo que ahora debo llamar casa. No entendí el motivo por el que lo hizo, por más que le gritaba que no me haga daño él lo hizo para luego desvivirse pidiéndome perdón pero yo ya no lo escuchaba.

Solo miraba un punto fijo dándole la espalda a mi agresor; pensaba en todas las veces en las que Axel de un modo u otro me lastimaba y siempre pedía perdón el cual siempre le daba con gusto porque pensé que lo decía de verdad.

Cuando me desmayé después de eso fue que nos enteramos que tendría un niño, un hermoso niño que sin duda me recordaría todo lo que he vivido, la mugrienta vida que estoy llevando ahora a pesar de vivir en un lugar hermoso. Por parte de Axel, él está tan contento de que sea un niño que hasta se ha puesto a pintar esta habitación con los dinosaurios.

Pero que esté esperando un niño de él no le impidió que me golpeara de nuevo solo por el simple hecho de no querer tener relaciones sexuales con él. Ni siquiera le importó que le hubiese dicho que me dolía el vientre y que no podía moverme mucho. él simplemente alzó la mano para estamparla con mucha fuerza en mi rostro.

Luego de haberme dejado en el suelo llorando me gritaba perdón, abrazándome a su pecho, susurrando que toda esta situación lo tiene al límite, que la impotencia de no poder encontrar aún a los que me querían muerta lo está consumiendo.

Hoy dejé que haga con mi cuerpo lo que quisiera y así lo hizo, como las veces pasadas, hace mucho tiempo, sentí lo mismo que las primeras veces; miedo para luego abrirle el paso al fuego de la pasión, al ardiente deseo que me consume.

A veces camino por toda la casa como un zombi, me he mirado en el espejo y me he visto muy pálida, mis ojos transmiten tristeza y muerte, porque me siento muerta. Lo único de vida que podría tener es mi pequeño bebé.

Pero ¿qué madre podré ser? Ya de por sí le estoy haciendo daño a mi hijo por permitir que Axel me golpee, le hago daño a mi bebé cada vez que lloro caminando como muerta en vida por los pasillos de la casa. Lo estoy matando cada vez que dejo que Axel me toque.

A veces me pongo a rememorar vivencias pasadas en las que mi futuro lo tenía escritos en mi mente, tenía que seguirlo como una receta, pero ahí aparece mi verdugo. Pensaba en mi familia, en las veces que nos reíamos de cualquier cosa mundana que salí en la televisión. Recordaba los momentos en los que peleaba con mi hermana por cualquier cosa.

Los extraño tanto, los necesito a pesar de que mi padre es el culpable de esta condena en la que estoy viviendo. Me he torturado de nuevo rememorando las fotos de su masacre, mirando detalladamente lo que les hicieron. Sé que soy masoquista pero necesitaba verlas para poder imaginarme lo que me harían si me encontrasen.



Andrea B. Bethlehem

Editado: 05.09.2020

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