Resplandor entre Tinieblas

Capítulo 04. Demasiado peligrosa

Resplandor entre Tinieblas

Por
WingzemonX

Capítulo 04.
Demasiado peligrosa

A la mañana siguiente, Matilda se despertó muy temprano, se empinó lo más rápido que pudo dos tazas de café en el restaurante de la planta baja del hotel, y luego se sirvió un poco más en un termo para el camino. Se subió a su vehículo alquilado, y condujo hacia el norte junto con los primeros rayos del sol. Sería un largo y cansado viaje de algunas horas, en el que no tendría a otro acompañante más que la radio y su termo.

La ruta original que tenía pensada el día anterior, previa a su llamada con Eleven, era dirigirse directo hacia Port Townsend, pasando por Portland, y quizás deteniéndose unos momentos en Olympia para descansar y desayunar algo más en forma. Ese sólo recorrido le terminaría tomando quizás entre cuatro y cinco horas. Una vez en Port Townsend, tendría que esperar y tomar el ferry que la llevaría hasta la Isla Moesko, en donde se encontraba la Granja de Caballos de los Morgan. Tomando en cuenta la espera y el tiempo del recorrido, en el peor escenario esperaba estar ahí entre la una y las dos de la tarde.

Pero, como dijimos, esa era su ruta original; la que llevaba en la mente al levantarse esa mañana, ya era otra nueva. Ésta incluía que en Tacoma, en lugar de tomar hacia el noroeste en dirección Port Townsend, se desviara hacia el noreste, hacia Seattle, desvío que le tomaría a cuenta varias horas adicionales. Había pensado pasar a Seattle después de ir a Moesko, pero la llamada con Eleven le había hecho sentir que ir allá debía de ser prioritario.

Según su información, desde hace tres años, Cody Hobson, un viejo amigo suyo de la Fundación, trabajaba en Seattle como maestro de biología en una escuela primaria. Cody también tenía el resplandor, pero uno único, muy diferente al suyo, muy diferente al de Eleven, y muy diferente a básicamente cualquier otro que había conocido hasta ese momento; pero, sorprendentemente, quizás algo parecido al de Samara, o al menos eso es lo que teorizaba. Es por ello que había considerado buena idea hablar con él, especialmente aprovechando su relativa cercanía. Pero ahora quizás él podría darle además algo de luz sobre qué era lo que a su mentora había puesto tan alerta, o de cuál era esa "otra" experiencia que supuestamente le hacía falta. Y aunque no pudiera, su percepción especial gracias a su resplandor, estaba segura le sería de mucha utilidad.

En Olympia, se detuvo en un Denny's a desayunar, descansar y estirar las piernas. Aprovechó la parada, que consideró ya era a una hora prudente para llamar por teléfono, para comunicarse con el señor Morgan, y mover la hora de su reunión para más tarde, después de las cuatro o cinco; no pareció haber problema alguno. Intentó igualmente comunicarse con Cody para no caerle de sorpresa, pero al parecer el último número que tenía de él no era el más reciente. Le mandó un mensaje a Eleven, pidiéndole que le pasara su nuevo número si lo tenía. Para su buena suerte, en efecto, sí lo tenía; para su mala suerte, le respondió ya cuando estaba de nuevo en el camino, y no lo pudo leer hasta una hora después, cuando ya estaba por cruzar los límites de Seattle. Y aun así, cuando intentó llamarle de nuevo a ese nuevo número, el teléfono sonó, pero de los tres intentos que hizo, en ninguno obtuvo respuesta.

Se detuvo unos momentos para meditarlo. ¿Y si había hecho su desvío en vano? ¿Y si Cody ni siquiera estaba en Seattle?; quizás había ido a Alabama a visitar a sus padres, y ella se había aventurado sin averiguar siquiera.

Le tomó unos minutos decidirse, pero al final optó por dirigirse a la escuela en la trabajaba y arriesgarse. Al llegar, se presentó en la dirección como colega de Cody Hobson, a quien buscaba por un asunto personal importante. Para su fortuna, le informaron que en efecto la persona que buscaba se encontraba presente, y dando clases en esos momentos. Eso la hizo suspirar aliviada. Le ofrecieron mandarlo a llamar, pero ella optó por ir por su cuenta a verlo a su salón de clases, previendo que la hora de recreo estaba cerca. Aunque renuentes al inicio, su muy efectivo poder de convencimiento le dio el camino libre.

Siguió las indicaciones que le dieron para dar con el Salón B de cuarto grado, cuya puerta se encontraba abierta. Cuando ya estaba a unos cuantos centímetros de la entrada, pudo escuchar, y reconocer, con claridad la voz del profesor en su interior.

—...y esta clase especial de mariposa monarca, es de las especies más longevas —pronunciaba la voz suave y algo juguetona en el interior del aula—, ya que pueden llegar a vivir de ocho hasta nueve meses.

Matilda se detuvo cerca del marco de la puerta, y se asomó sutilmente, intentando no llamar para nada la atención. Parado delante del salón, vio a un hombre joven, algo delgado, de cabello rubio, ligeramente largo y lacio, con un copete peinado hacia la derecha, que le cubría por completo su frente. Sus ojos pardos se asomaban desde atrás de un par de anteojo de armazón delgado. Usaba un atuendo interesante, de jeans azules, camisa verde a cuadros, y un saco café casual, que gracias a su complexión hacía parecer que le quedaba más grande de lo que realmente era. Matilda no pudo evitar sonreír un poco; unas botas y un sombrero, y tendría el atuendo esperado de un joven cowboy de Alabama, aunque su notable falta de vello facial no le ayudaría a afianzar dicha apariencia.




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