romance entre un lobo y la luna

Cap.5: El rumbo que el lobo ha de seguir.

Al llegar a casa comencé a tratar las heridas del lobo y al cabo de diez minutos escuche que alguien tocaba la puerta. Deje al lobo sobre mi mesa de trabajo y me dirigí hasta la puerta para ver de quien se trataba, y al abrirla vi que se trataba de Rossaline.

- ¿Rosse? ¿Qué haces aquí? – le pregunte con el ceño arrugado, bastante confundido.

- bueno es que… no lo sé, solo quise pasar a ver como estabas – dijo ella con timidez.

La mire con intriga y con desconcierto dije – eem… bien.

- ¿Puedo pasar?

Me le quede viendo con inquietud pues no sabía que responderle y luego de unos segundos le señale con mi cabeza que podía entrar, ella entro y yo cerré la puerta y luego dijo con la voz temblorosa.

- Eh… Thomas… hay una lobo en tu sala.

Me reí un poco y luego dije – tranquila, lo encontré herido en el bosque y lo traje aquí para curarlo. Siéntate por allá mientras termino de tratar sus heridas.

Ella se sentó en uno de los muebles de la sala de estar, mientras yo curaba al lobo, y luego de unos minutos termine de tratarlo. Me senté junto a ella y el lobo se acercó a mí para que lo acariciara, entonces ella se me quedo viendo por unos instantes fijamente.

- ¿Qué? – gruñí.

Sacudió la cabeza a ambos lados y luego desvió la mirada diciendo – veo que en serio te apasionan los animales.

- Si, planeo estudiar veterinaria en Harvard, quiero aprender mucho más acerca de ellos y de cómo ayudarlos. Todos me ven como un bicho raro cada vez que traigo un animal del bosque a mi casa para curarlo, la verdad no entiendo por qué pero tampoco me importa demasiado.

Ella dejo salir una pequeña risa mientras decía – claro, no será que te miran así porque solo tu estas lo suficientemente dispuesto, o para ellos loco, como para traer animales salvajes a tu casa.

- Si bueno, como dije no es que importe mucho que digamos.

- Así que piensas estudiar veterinaria, bueno viendo lo mucho que te gustan los animales, creo que era de esperarse, yo en cambio, quiero estudiar psicología.

Deje salir una leve risa sarcástica y dije – eso es obvio.

- Ah cierto, lo olvidaba, ¿Aún no cenas cierto? – Dijo ella con bastante entusiasmo y luego añadió – pediré una pizza.

Al cabo de media hora trajeron la pizza hasta la puerta y cuando ella iba a pagarle al repartidor la detuve, saque mi billetera y le pague luego de recibir la pizza en mis manos.

- ¿Por qué hiciste eso? – pregunto ella confundida.

- Ni yo mismo lo sé – le respondí y luego dije – es solo que… me parece incorrecto dejar que tú la pagues.

- Pero fui yo quien pidió la pizza – replico ella, yo la mire casi matándole los ojos y luego le dije.

- Discutirás conmigo o comerás.

Ella se sonrojo y agacho la mirada, entonces fui a la cocina por un par de platos, y abrí la caja de la pizza, tome un par de rebanadas y las coloque en un plato para ella y otro par en otro plato para mí. Comenzamos a comer y ella pregunto.

- ¿Cuánto tiempo planeas tener al lobo aquí?

Mire al lobo y luego mantuve mi mirada sobre el plato y le respondí – hasta que esté completamente sano, luego de eso lo llevare de vuelta al bosque.

- Bueno, cuando lo hagas avísame, estaré encantada de acompañarte y así podre ver a los animales del bosque que tanto amas – dijo ella sonriéndome con ternura. Yo la mire y luego replique.

- ¿Qué te hace pensar que lo hare? – entonces ella me miro y repuso.

- Pues que somos amigos.

- Peor aún, ¿Qué rayos te hace pensar que somos amigos?

Ella me miro con una gran sonrisa y dijo – gruñe todo lo que quieras Thomas, no lograras convencerme a mí como lo has hecho con los demás de creer en esa ridícula fachada de ser el lobo solitario. No soy tonta, he notado que tu actitud hacia mí ha cambiado demasiado desde lo que paso aquel día con el cachorro, y también se, aunque por alguna ridícula razón no me lo digas, que te gustan mis sándwiches, sé que te agrado aunque quieras demostrarme lo contrario, así que no te molestes porque tu fachada no funciona conmigo.

- No sé de qué rayos estás hablando – Gruñí con desagrado.

- Claro, claro – dijo ella con sarcasmo, luego añadió – bueno, ya tengo que irme, nos vemos mañana.

Se levantó del mueble, tomo sus cosas y se fue. Yo me quede un poco avergonzado después de todo lo que había dicho ella; no sé qué me estaba ocurriendo, porque me avergonzaba de esta manera cuando estaba con ella, porque tenía esa clase de pensamientos que jamás había tenido antes. Estaba realmente confundido.

Prepare unas sábanas para que el lobo durmiera en mi cuarto conmigo y me fui a la cama después. A la mañana siguiente, era sábado, y no tenía que ir a la preparatoria; me levante y prepare mi desayuno, y me quede cuidando del lobo durante todo el día, y por alguna extraña razón, Rosse no apareció en todo el día, y por otra aún más extraña razón, sentía como si esto me hiciese falta. Supongo que se debía a la costumbre de tenerla siempre cerca, molestando.



R.G. Martinez

Editado: 20.03.2019

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