Rosa pastel

Epílogo: Lo que quiero y no lo que debo

Maratón final 8/8

Y con esta hermosa y real frase, les digo adiós a estos personajes que me hicieron llorar a moco tendido.

Espero que les gustara esta breve, pero emocionante historia y que pudieran conectar con sus personajes, sobre todo con Kalei, pues existen millones de mujeres como ella, perdidas, desorientadas y desprotegidas.’

#ComentenConAmor

Me despido, recuerden seguirme en mis redes para mostrar su apoyo:

Instagram: CaroYimes

Facebook: Caro Yimes (Autora).

 

***

 

"Lo que quiero y no lo que debo".


No bastó mucho para que cada cosa cayera en su lugar y como se imaginarán, terminé junto a quien yo quería estar, y no junto a quién yo debía estar.

Era una ecuación simple, algo que no requería de mucho esfuerzo, pero sí de mucho amor. Sin dudas, Dan demostró ser todo lo que yo quería y que alguna vez había buscado en un hombre, y más que eso, demostró ser, a pesar de nuestras edades, mi príncipe azul.

Volví a entender que nunca era tarde para alcanzar mis metas, aquellos sueños que nacen en una niñez y se clavan en el alma con garra. E impulsada por Dan y mi familia, me inscribí otra vez en la universidad y terminé mi año escolar, aquel año que había sido postergado por el egoísmo de mi exmarido. 

Y a pesar de que mis padres creyeron que era ridículo —ya saben, padres negativos—,  no tuve tiempo ni ganas de oír sus opiniones, pues había otras personas que sí creían en mí, en lo que yo era y todo aquello que podía alcanzar.
Sin siquiera poder creérmelo y ante la poca experiencia que poseía, —no olvidemos mencionar la emoción—, fui la mejor de mi clase y me destaqué por encima de muchos jóvenes de gran talento.

Para cuando logré graduarme, el verano había regresado otra vez y decidí disfrutar las cortas vacaciones que Abril disponía en la escuela, donde terminamos viviendo durante un par de semanas en Angol, para ser más específica, en la casa de Dan. Mis hijas estaban más felices que nunca y ya para esa fecha, Violeta caminaba y lograba decir un par de palabras desordenadas.

Kelly me dejó conservar mi puesto de medio tiempo en su salón de belleza, y aunque muchas veces no lograba cubrir los turnos que me había asignado, nuestra relación de hermanas fue más estrecha que nunca. Ella se mostró notoriamente afectada cuando llegó la hora de abandonar su departamento, pero un poquitito más feliz para cuando entendió que estaría viviendo en Santiago y a escasas manzanas de su hogar.

Y sí, todo había resultado mejor que nunca. Había logrado vender la casa en que alguna vez Juan y yo habíamos pretendido formar una familia, pero que, impulsado por su egoísmo y su rabia, había destruido. 

¡Y había logrado conseguir un buen precio! 

El dinero fue suficiente para adquirir un departamento amplio en Santiago, cerca de Dan y de mi hermana y cerca de mis sueños. También logré cubrir mis deudas y pagar por mi carrera universitaria y con la indemnización que la empresa en la que Juan trabajaba pagó, logré reabrir mi estudio de fotografía.

No fue nada muy ostentoso, pero si traté de entregarle un plus adicional, un plus enfocado en la libertad y aquella nueva ideología que reinaba entre mis pensamientos.

—¿Segura que blanco es el color? —preguntó Kelly, mirando la pintura blanca que había elegido para los muros—. No es muy... ¿desabrido?

—No, no lo es. —Moví mi escalera para alcanzar el techo—. La idea es que la exposición destaqué y bueno... —musité sonrojándome—, Dan ha recomendado el color, ha dicho...

—¡Ahhh! —mi hermana resopló divertida—. Ya veo... —continuó burlándose—. Bueno, ya sabemos que Cruz es el experto aquí. ¿Has visto a Maron? —preguntó de pronto y giré para mirarla, sorprendida por su reciente interrogatorio. Negué—. Necesita tiempo, es un niño aún, aunque parezca un adulto.

—Lo sé —dije entre suspiros—. No voy a obligarlo a nada. Pero estaré aquí para cuando él quiera hablar —revelé, pues desde que Dan y yo habíamos decidido estar juntos, Maron no se había interpuesto en nuestra relación, pero si se había alejado de Dan, y aquello me entristecía, ya que yo no quería ser la culpable de la separación y distancia de su único hijo.

Kelly solo sonrió ante mi respuesta y mi continuo silencio y aunque quise seguir hablando sobre ello, sentí que no era necesario. Maron debía aceptar lo que ocurría entre su padre y yo, y para eso estaba más que claro qué el niño precisaba de mucho tiempo. Y yo, yo no tenía apuro en nada, pues pretendía quedarme toda la vida con Dan, por lo que tarde o temprano, Maron tendría que aceptarlo.

Seguí retocando detalles con lentitud, siendo cuidadosa de no arruinar mi veraniego vestido, ni de ensuciar mis manos, pues por la noche ya venía la inauguración y estaba segura de que no tendría más tiempo como para tomar una ducha o cambiar mi ropa.

Para cuando la media tarde llegó, Kelly se encaminó hacia el colegio de Abril y la guardería a la que Violeta asistía, lugar que había ayudado mucho a mi pequeña a desenvolverse y a confiar en el resto del mundo, puesto que desde el ataque de su padre, mi pequeña hija había sufrido intensas crisis de miedo.

Mi teléfono timbró, despertando mi atención y olvidándome de mis tareas, caminé hasta mi oficina personal, hasta el final de la galería. Sacudí mis manos un par de veces y tras fijarme qué era Dan quien llamaba, una sonrisa se dibujó en toda mi cara.

Estaba claro que el hombre me hacía feliz, ¿no?

—Señorita Undurraga, tengo una entrega especial para usted —bromeó y me reí ante el tono de voz infantil que había usado.

—¿Una entrega? —pregunté, siguiendo su juego—. Si yo no he ordenado nada —dije, riéndome como una nena enamorada.

—¿Está segura? —insistió, volviéndose un poco más serio—. No ha ordenado usted a: ¿un guapo hombre de mediana estatura, cuarentón sexy y muy codiciado? —investigó y solo reí—. Viene en dos opciones, pero usted ha seleccionado la de mejor rendimiento.



Caro Yimes

Editado: 24.04.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar