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Capitulo 47: Repetir la historia.

La habitación estaba oscura, apenas unas líneas de luz se colaban entre las cortinas. Estaba acostada en la cama del departamento donde me quedaba con Evans, pero sentía que no pertenecía a ningún lugar. No había vuelto a la casa de mi padre… no sabía si sería capaz de resistir los recuerdos con solo poner un pie allí.

Escuché los pasos de Evans. Se acostó a mi lado y me abrazó.
—Te preparé un baño con agua caliente.

Negué con la cabeza. Mis manos temblaban, el pecho dolía, y solo podía pensar en Mary.
Ella me odiaba. Ella me odiaba. Ella me odiaba.

Evans suspiró y, en un segundo, me levantó en brazos.
—¿Qué haces? —pregunté, el corazón al borde de estallar.

Me dio un beso suave en la nariz. Sin decir nada, entró conmigo al baño, me quitó la ropa y finalmente me sumergió en la bañera. El agua tibia me envolvió, pero no podía relajarme. Cada recuerdo de Mary me atravesaba como cuchillos.
Agua tibia… tibia… tibia Evans… ¿y Evans? ¿Por qué no me mira? ¿Por qué no me besa?

—Grita si necesitas algo —dijo, besando mi mejilla antes de salir.

Lágrimas. Todo eran lágrimas. Obligación… soy una obligación… solo eso para él…

Desde que me rescataron, no había vuelto a besarme. Ni una sola vez. Sus labios apenas rozaban mi frente, mi nariz, mis mejillas. Y en las noches, aunque dormíamos en la misma cama, despertaba sola.

El agua se enfrió. Pensé en Mary, en nosotras, en pijamadas, helados, risas… y ahora nada. Nada. Solo culpa. Solo dolor. Solo miedo.

Me levanté, salí envuelta en toalla. Escuché el timbre… voces… silencio…

Evans entró con la comida.
—Debes comer algo —dijo, serio.

No tenía hambre. Solo miedo. Miedo a perderlo también. Miedo a que todo lo que amo desaparezca.
un pensamiento cruel me atravesó: le doy asco, ya ni quiere comer conmigo.

Me quedé en ropa interior. Solté la toalla. Solo ropa interior. Solo… ¿Qué hago? ¿Por qué estoy así?
Evans salió del baño con su pantalón de dormir y el torso desnudo.

—¿Allison? —su voz, sorpresa y duda.

—Quiero irme —susurré, y mi corazón gritaba que no podía más.

—¿Irte? —dio un paso.

—No puedo seguir así. No es justo.

—¡Allison, espera! —me alcanzó, me sujetó la cintura. La tibieza de mano me estremeció. La retiró de inmediato, como si quemara. Brutal, pequeño, doloroso.

—No puedes irte sola. —Firme. —Y menos así.

—¿Por qué no? —crucé los brazos, retándolo.

—Allison… ¿Qué está pasando?

—Nada —mentí, pero las lágrimas me traicionaban.

—Ajá… “nada” —paso más cerca.

—Sé que lo de Mary es…

Lo interrumpí. Lo besé. Sorprendido al inicio. Luego hambre. Necesidad. Desesperación. Mis manos en su cuello, pegándolo más a mí. Sus manos recorriendo mi espalda, un gemido escapó de mis labios. Fue suficiente para sacarlo de golpe de la realidad.

Se separó bruscamente.
—Allison… no creo…

—¿No crees qué? —grité con frialdad. —¿Qué no serías capaz de acostarte con la hija del hombre que arruinó tu vida?

—No… —sus ojos, abiertos.

—Tomaré mis cosas y me iré. No soy tu obligación.

Me sujetó del brazo, deteniéndome.
—Nunca has sido obligación. Te deseo más que nada. Pero hay cosas que debes saber… y quizá, después de oírlas, no querrás seguir conmigo.

—No entiendo… —mi voz fragmentada. —No… no… ¿por qué todo se complica? ¿Por qué me duele tanto?

Me llevó al sofá, me sentó sobre sus piernas, me abrazó. Necesitaba anclarme.

—Allison… lo que hacía tu padre… —pausa, cada palabra un golpe—. Mi abuelo viene de un linaje de mafiosos… mis padres murieron en un atentado dirigido a mí… yo soy heredero…

Her… her… ¿heredero? — mi mente giraba, mareo, miedo, caos.

—Sí. Todo estaba destinado. —Sus ojos no huían. —Desde que nací me prepararon para tomar el mando. Cuando cumpliera la mayoría, mi abuelo se retiraría y yo quedaría al frente. Todo estaba destinado.

Un nudo me cerraba la garganta.

—Cuando mi abuelo conoció a tu padre, lo reconoció al instante. Sabía quién era, de dónde venía. Por eso... creo que por eso nunca se opuso cuando describió que estaba enamorado de ti… —tragó saliva—. Y yo… yo me estaba muriendo por dentro, Allison. Porque mientras más odiabas lo que vivías por culpa de tu padre, más miedo tenía de que, cuando supieras lo que soy… me odiaras también.

todo desapareció bajo mis pies.

Su mundo, su mundo… mi mundo… no entiendo… todo duele… miedo… odio… amor… ¿Qué siento?

—Mientras estuviste secuestrada, tomé el mando. Era el momento de convertirme en lo que siempre quisieron que fuera. Pero no podía hacerlo sin ti. Le prometí a mi abuelo que te pondría a salvo… y luego me marcharía a mi nueva vida.

—No… —mi voz rota. —No puedo… no puedo…

—Tu padre lo sabía. Una vez que entras en este mundo… no puedes salir. Puedes intentarlo pero tarde o temprano pagas tú… o pagan los tuyos.

—¡Él no podía decidir por mí! —grité, lágrimas cayendo sin control, el pecho doliendo, el corazón a punto de estallar.

—No lo hizo —susurró—. Solo me pidió que te protegiera... Pero aunque no lo hubiera pedido, lo habría hecho igual… porque te amo. Estoy enamorado de ti, Allison. Me tienes de cabeza. Eres la única capaz de destruirme con una sola palabra.

Mi mente explotó: miedo, deseo, culpa, confusión, amor, caos. Quería gritar, llorar, huir, abrazarlo… todo a la vez. Sentí que podía perderme en él y en sus palabras, y quizá… eso era justo lo que necesitaba para no caer por completo.



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En el texto hay: suspenso, hurmor drama, humor amistad amor adolescente

Editado: 23.08.2025

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