Sanando Heridas

Capítulo 21

Cuando salí del consultorio del doctor no esperé encontrarme con todas aquellas caras conocidas esperando por mí. Me sentí un poco avergonzado por hacer que las madres e incluso padres de mis amigos estuvieran aquí, cuando mi propio padre no había vuelto a comunicarse conmigo desde que decidió marcharse. Kim fue la primera en venir hacia mí y envolverme en un cálido abrazo.

—Te quiero mucho conejito. Estoy tan feliz por ti, sé que lo superaras. Vamos a apoyarte.

—Ya te he dicho que no quiero…

—Vuelve a decirme que es lastima y no me importará avergonzarte.

—Kimberly

—Oh eres tan tonto, pero así te queremos—esa fue Renata que también me envolvió en un abrazo

—Ay Max, Max. Que falta de confianza hombre. Estoy indignado y te tomará tiempo recuperarme, pero estoy aquí para ti—ese fue Tino.

—Que conste que solo estoy aquí porque últimamente las cosas han estado muy aburridas y el drama me gusta.

—¡Lucas!

—Soy sincero—se encogió de hombros antes de unirse al abrazo. Solo faltaba Henry que no parecía muy dado a unirse. Juró por lo bajo y luego se acercó.

—Debería golpearte por lo que le hiciste a mi hermana y a nosotros. Pero ahora debemos tratarte con cuidado, florecita—compartimos una sonrisa antes de que se uniera al gran abrazo. Estuvimos así por varios minutos hasta que sentí a Kim removerse y yo tampoco podía soportar el peso por más tiempo. La madre de Henry se dio cuenta.

—Chicos creo que ya es suficiente. Max debe ir a descansar y el resto también. Mañana hay escuela—todos empezaron a salir de encima dejando a Kim sobre mí. La aparté un poco, estaba roja y tenía marcas de mi polera en su rostro.

—Lo siento bebé—dije sin pensarlo acariciando suavemente su rostro, ella me miró con ojos brillante y empezó a desenredar su cabello con una mano mientras la otra seguía en mi cintura.

—Pobre Kim, resistió el peso de todos nosotros. Esas marcas en tu cara son lindas, pequeña.

—Creo que estás falto de sueño Lucas. Tu madre debería llevarte a casa y arroparte.

—No me arropan hace muchos años. Soy mayor de edad, ahora soy yo quien arropa.

—¡Lucas!

—No dije nada, mamá.

—Es hora de irnos, Renata. Mañana tengo que trabajar—Renata rodó los ojos y echó un vistazo a su madre. Fruncí el ceño ante la falta de parecido con ella.

—Ren se parece a su padre—susurré en su oído.

—Mmmm…Entonces, ¿vuelvo a ser tu bebé? –preguntó Kim esperanzada.

—¿No vas a rendirte verdad?

—No lo creo, amigo.

—El proceso va a ser muy pero que muy largo. Al parecer seguirá hasta que sea un anciano.

—Exagerado.

—Hagamos algo. Sigamos siendo amigos, se parte del proceso. Y si en el camino ves que soy mucho con lo que lidiar estás en todo tu derecho de enamorarte de alguien más, pero si te sientes apta pues…no se…supongo que…podemos volver…

—Es un arreglo tonto. No estoy comprando un producto que luego de probarlo y decidir que no me gusta lo dejo. Estamos hablando de sentimientos, de cariño…de amor.

—Pienso que es una buena salida.

—¿Para quién? –desvié la mirada—. Ah ya. Ósea que estas poniendo mis sentimientos por encima de los tuyos. No te importa si decido que ya no te quiero y me enamoro de otro. Porque no seré yo quien sufra, sino tú.

—Suena horrible.

—No estoy dispuesta a aceptarlo.

—No voy a darte más—me encogí de hombros.

—Eres tan terco…asino

—¿Qué?

—Nada—fingió inocencia—. Piénsalo esta noche y yo haré lo mismo. Mañana nos veremos en el parque y hablaremos. Al parecer no he dejado mis intenciones muy claras.

—A veces siento que eres el hombre de esta relación—ambos sonreímos.

—Kim, vamos hija. Max necesita descansar.

—Max, hora de irnos.

—Ahora voy. Me alegro de que sepas quien tiene las de ganar. Ah y que bueno que sepas que tenemos una relación, aunque te guste negarlo.



Nat Castañeda

Editado: 06.09.2019

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