Siempre Cerca Nunca Juntos

¿Qué somos?

Me sentía bien.

Y supongo que eso era bueno.

Debía confesar que sentía un poco de miedo de estar demasiado bien, sé que sonaba algo muy absurdo, pero cuando una persona está acostumbrada al vacío que yace en su interior, se la hace muy difícil dejar que alguien venga y ocupe ese vacío con nada menos que ¡amor!

Nunca me había enamorado de nadie, en absoluto.

Si había conocido a unos cuantos chicos que me parecían simpáticos pero jamás había sentido si quiera un poco lo que estaba sintiendo ahora, y no había mariposas revoloteando en mi estómago, nada de eso. Más bien lo que había dentro de mí era como un tornado que amenazaba con arrancar mi corazón de su lugar.

Quizá fuese la chica más insegura que habitaba la faz de la tierra, ocultando todo aquello tras un carácter que no ayudaba mucho, pero sabía que Iker jamás me haría daño... No intencionalmente. Pero también estaban las otras personas, aquellas que vivían de las desgracias y desilusión de los demás.

Temía por mi corazón, ya estaba lo suficientemente roto y sabía que jamás volvería a estar al cien por ciento completo. Pero entonces había aparecido él, con sus hermosos y cálidos ojos, su estúpida y tentadora sonrisa, junto con sus palabras ingeniosas y había pasado todas mis barreras. Aquellas que habían sido impuestas después de haberme encerrado en mi propio mundo.

Había días donde me despertaba y no sentía absolutamente nada, ni siquiera el aburrimiento de la pesada rutina. Sabía que debía encontrar algo que me despertase, que me diera un motivo para vivir porque ya tenía suficientes para no querer hacerlo.

Pero entonces, aquella vez en esa gran biblioteca, a kilómetros de distancia de aquí, lo había visto a él, leyendo un libro. Y cuando sus ojos se habían posado en los míos lo había sabido: Quería estar junto a él.

Y aunque me llevó mucho tiempo hacerle caso a los pequeños y desesperados gritos que daba mi corazón por sentir algo, ahí estaba yo, dejando que Iker Adams me mostrase lo que era dejar ir las barreras.

-Creo que deberíamos entrar ya al auto -Susurró Iker, mientras me miraba fijamente.

Aún estábamos bajo la lluvia. Probablemente nos enfermaríamos pero eso no importaba. No ahora, cuando él me miraba de aquella manera.

-Hmm -Fue lo único que salió de mi boca y quise patearme.

Iker me tomó de la mano y comenzó a caminar llevándome junto a él hacia el auto.

Adentro todo era aún más cálido y suspiré felizmente. No me había dado cuenta de lo fría que estaba, pero no me podía culpar, cuando estaba junto a él todo desaparecía.

-¿Vas a tener problemas con tus padres? -Preguntó él mientras pasaba la mano por su cabello y lo alborotaba.

Me quedé mirándolo como idiota. Quería volver a besarle, tenía un adicción con sus besos, siempre comenzaban: suaves, lentos y cálidos, pero terminaban siendo todo fuego y hambre.

-Supongo -Murmuré.

Me había tardado demasiado y ya era un poco tarde. A mis padres no les gustaba que estuviese mucho tiempo por fuera de casa cuando al otro día tenía que madrugar a estudiar.

-Siempre podría explicarles porqué el retraso -Me miró entre serio y divertido, solo Iker podría hacer aquello.

-Sí, eso no pasará. Me las arreglaré yo misma -Comencé a estrujar mi cabello para que le saliese todo el agua que había acumulado, actualmente lo tenía más largo de lo normal y ya comenzaba a molestarme.

-Ya sabes, si voy yo tal vez ni te den un discurso sobre lo preocupados que los tenías -Dijo mientras arrancaba el auto.

Me crucé de brazos y traté de no estremecerme, tenía un frío horrible. Sabía que si le decía a mi madre que estaba con Iker no se molestaría pero mi padre haría un espectáculo y después preguntaría qué estábamos haciendo.

Él era así. Primero actuaba y después preguntaba.

-Paso -Le miré de reojo y le vi sonreír abiertamente.

Todo el camino pasó sin ningún imprevisto, ninguna discusión ni nada, y fue un verdadero alivio, no quería que se arruinara todo lo que había pasado hacia varios minutos atrás.

Tan pronto como pudo ocurrir, estábamos en la entrada de mi casa. La lluvia aun no paraba y no parecía que ésta lo fuera hacer.

-Así que... -Dije sin saber muy bien qué decir. Estaba nerviosa, qué sorpresa, era lo único que hacía últimamente. -Iker... ¿Dónde quedamos nosotros? -Pregunté directamente, tratando de dejar a un lado los rodeos.

Necesitaba que me dijese qué éramos. Era mejor dejar todo claro, todo lo que se veía turbio era malo.

Concéntrate, por dios -Me regañé mentalmente por mi estupidez.

-¿Dónde nos deja? -Repitió la pregunta y me miró directo a los ojos, para después bajar su mirada descaradamente a mi labios. -Haber -Dijo lentamente, miró al frente y luego de nuevo a mí, parecía casi nervioso -¿Quieres salir conmigo, no? -Enarqué una ceja y eso pareció hacerle poner más nervioso -Me refiero a una relación seria, ya sabes. No quiero presionarte, Kay, pero ya no puedes negar lo que sientes por mí, así que sería una pérdida de tiempo que lo intentaras negar.



Luz K

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Editado: 10.06.2018

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