Sobre Moon y otras cosas que nunca comprenderé

Sobre cómo Moon empezó a evitarme

Muchas veces, si no conoces el contexto, es imposible comprender el comportamiento de algunas personas. Hay gente que cambia radicalmente su forma de actuar, y si no conoces lo que realmente ha pasado, lo que hay detrás, ya puedes volverte loco que nunca lo entenderás.

Eso es lo que me ocurrió cuando Moon, repentinamente, dejó de hablarme. Y no solo dejó de hablarme, sino que cada vez que intentaba acercarme a ella encontraba una excusa para irse. Y eso no encajaba en absoluto con la forma de ser de Moon o, por lo menos, la que yo había conocido hasta entonces.

Me molestó, y mucho. No voy a negarlo. Quedaban dos días para que empezaran los exámenes finales y no podía dejar de comerme la cabeza con qué había hecho mal o qué se había girado en la cabeza de Moon para que, de repente, no quisiera saber nada de mí.

Nunca había tenido esperanzas de que Moon y yo termináramos juntos, nos casáramos y tuviéramos tres hijos, pero al menos esperaba que pudiéramos ser amigos, o al menos dirigirnos la palabra.

—Le has dicho algo a Moon —afirmé, dirigiéndome a Sammie, en la pausa entre clases.

—¿De qué? —preguntó, arqueando una ceja—. Ah, ¿de eso? No, ¿por qué iba a decirle nada?

—No me habla —contesté.

—¿Has probado a hablarle tú?

—Eh… —titubeé, inseguro—. No, la verdad es que no.

—Eres más poco espabilado para depende de qué cosas… —Negó con la cabeza, desesperada.— Ve y dile algo, tonto.

—No hace falta insultar —me quejé—. Vale, ya le diré algo.

—A las mujeres nos gusta que nos vayan detrás —dice, como si estuviera dándome el consejo de mi vida.

—Que a ti te guste no significa que le guste a todas las chicas —aclaré.

Sammie rodó los ojos y me alejé de ella, examinando la clase con la mirada sin encontrar a Moon, hasta que la vi entrando con la mochila colgando del hombro y la cabeza en las nubes, a juzgar por su cara de desconexión de la realidad.

Decidí que si no lo hacía en ese momento no lo haría nunca, y me acerqué a su mesa mientras ella sacaba las cosas de su mochila de tonos azulados.

Ella vio claramente que me estaba acercando, pero siguió como si nada. Solté todos mis estúpidos nervios por tener que enfrentar un potencial problema en un suspiro, que hice todo lo inaudible que pude. Puse ambas manos en la mesa, en las que apoyé todo mi peso, y fue entonces cuando me miró.

—Ahora eres tú la que está evitándome —fui directo al grano, refiriéndome a cuando yo intentaba por todos los medios no relacionarme con Moon, los primeros días en que ella estuvo aquí.

Ella simplemente hizo lo que hacía siempre: darme una media sonrisa o, mejor dicho, una sonrisa marca Moon. Podría decir que incluso me lo esperaba.

—¿Te estoy evitando? —preguntó, aunque ella lo sabía tan bien como yo.

La miré con una ceja levantada, sin disponerme a aclarar lo obvio.

—Corren rumores —dijo—. Rumores sobre ti sintiendo algo por mí.

Y, como el idiota que puedo llegar a ser, hice lo que mejor se me daba: hacerme el tonto.

—¿Qué dices? —pregunté, actuando como si pensaba que ella había enloquecido.

—No soy buena para ti, Elijah —dijo. Ni que fuera la hija del diablo—. Y no estoy buscando ningún tipo de relación.

Muchas veces me llevé decepciones por esperar que las personas fueran de una determinada forma. Me las imaginé de una manera en mi cabeza e inconscientemente esperaba que actuaran acorde a lo que yo pensaba en la realidad. Luego, cuando no fue así, me sentí decepcionado, pero la verdad era que la culpa era solo mía. Es algo que los humanos hacemos mucho: esperar que otras personas cumplan nuestras expectativas. Está mal, pero supongo que es inevitable.

Cuando Moon me dijo todo eso, me hizo sentir mal. Evidentemente. Pero no era culpa suya. Así que asentí con la cabeza y seguí con mi actuación de “pero qué dices, mujer”.

—Vale —contesté—. Aunque no te había preguntado eso.

La mirada que me dio Moon me hizo entender que no se tragaba mi escena, y cuando la profesora Collins entró en el aula, obligándonos a todos a volver a nuestros sitios, me sentí agradecido con ella por primera —y probablemente única— vez en la vida.

Ya veía el título en mi cabeza: “Elijah Holloway, dieciocho años, primera vez que se interesa por alguien y es rechazado”. Podría escribir una novela entera compadeciéndome de mí mismo pero, ahora que pienso en ello, aunque me dolió, tampoco fue para tanto.

—Tío, tienes que luchar por ella. —No sé cómo ocurrió, pero Hayden se enteró de mi rechazo y terminó dándome ese horrible consejo.

—Hayden, me ha dicho que no le intereso. No voy a dedicarme a acosarla para que me diga que sí por pena. Si no le gusto, no le gusto, y punto.

—Qué rápido te rindes. —Suspiró, y decidí callarme y pasar de él.



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En el texto hay: fantasia, amor y magia, amor

Editado: 25.07.2018

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