Soy tu victima mi amor

Capítulo 4: "Cucharas, tenedores y platos"

De una forma brillante se destacaban las luces de la aeronave, tanto así que se asemejaban al fulgor de las matinales estrellas, pero también, los trajeados que servían tanto a mi familia como al hermano de Gael, resaltaban vivamente en la negruzca noche. En cuanto a nosotros, ya nos encontrábamos listos para abordar, pero a nada más poner un pie en el primer escalón, un intenso escándalo detrás de nosotros nos llamó la atención.

—¿Qué pasa? —volteé a la dirección en la que parecían oírse gritos acompañados de un intenso tiroteo, lo cual me puso los nervios de punta.

—¡Será mejor no preguntar! ¡Suban enseguida! —ordenó mi hermano, quien luego se atrevió a cargar en su espalda a Dalton, pues la silla de ruedas ahora se transformaba en un obstáculo más en nuestra lucha por la supervivencia.

—¡Oye, no hace falta que me cargues! —declaró mi amado, quien parecía ahora notablemente incómodo.

—¡Este no es el momento para avergonzarse Dalton! —le dijo Louis, e inmediatamente todos subimos muy amontonados y a los empujones dentro del avión. Producto de la desesperación, terminamos cayendo unos sobre otros apenas metimos un pie en el pasillo, y aun así, las compuertas se cerraron detrás nuestro.

—¡Esto es molesto! —aseguró Davis, quien había sido el primero en salir de la pila que habíamos formado, y en agitar sus ropas para quitarse el polvo.

—Están todos muy pesados —me quejé por lo bajo, pues tuve la desgracia de quedar atrapada entre esa montaña de cuerpos.

—Lo lamento hermanita —declaró Louis entre risas mientras salía de encima de mí junto a Dalton, a quien después acomodó en uno de los asientos.

—Esos malditos ya se habían tardado en actuar —mencionó mi amor, por mientras, yo terminaba de ponerme de pie.

—Y que lo digas, pero al menos ya estamos a salvo —dijo Davis soltando un profundo suspiro.

—Yo no estaría tan seguro de eso —expresó Louis mirando a mis espaldas, lo cual hizo que todos fijáramos nuestra vista a una azafata del avión.

—Espero que disfruten su vuelo —alegó con una suave sonrisa ella, pero luego el horror me sobrevino cuando vi que portaba una pistola—. Porque será el último de sus vidas.

—¡Dalton! —gritó Louis.

Como si se tratara de un lenguaje que solamente ellos conocían, mi novio pareció interceptar aquel llamado como una orden, e inmediatamente me tomó por el brazo, y tiró obligándome a caer sobre su regazo. Aquel movimiento, le permitió a mi hermano actuar libremente, pues, de un momento a otro, él había realizado una táctica de defensa, que tenía que ver con girar el arma en la misma mano del delincuente, aunque no antes de hacerse a un lado para evitar recibir algún impacto de bala. Por parte de la muchacha, ahora con la situación revertida, se asustó tanto que retrocedió dejando el arma ahora en las manos de Louis.

—¡Bien hecho! —festejó Davis su hazaña.

—No ha sido nada —mencionó moviendo ligeramente los hombros, y luego apuntó con la pistola a la azafata justo en la cabeza—. Ahora, es mejor librarnos de los indeseables.

—¡Espera! —declaré horrorizada, no obstante, ya era tarde. Mi hermano había descargado las seis balas sin misericordia sobre el cuerpo de la mujer, quien soltó unos cuantos alaridos desgarradores antes de caer al suelo inerte.

—Listo —mencionó satisfecho Louis.

—¡Cómo pudiste! —exclamé derramando algunas lágrimas por la pobre chica.

—Pero no está muerta —declaró mi hermano con tranquilidad, a lo que yo lo miré desconcertada.

—Mira bien Lili —me indicó Dalton con un movimiento de cabeza—. Sus piernas y brazos recibieron el impacto, y quizás ella se desmayó más que nada de la impresión —me explicó él.

—Oh —me llevé una mano a los labios y con la otra me dediqué a limpiarme los ojos—. Lo siento, pensé que… —de repente sentí la mano de Louis sobre mi hombro, la cual me invitaba a terminar de apaciguarme.

—No te preocupes, tampoco puedo andar matando gente indiscriminadamente, no soy así, en especial cuando estás aquí —declaró él dulcemente. Sin dudas, mi hermano era todo un caballero, y se preocupaba por cómo podía sentirme.

—Oigan, creo que no tenemos tiempo para sentimentalismos —avisó Davis mirando a ambos lados del pasillo entre los asientos, y yo hice lo mismo junto con Dalton.

—¡Diablos! —exclamó él al ver que estábamos rodeados de ambos extremos, y de quienes se quejaba, parecían ser parte del resto del personal.

—No creo que sean gente de confianza, y mucho menos creo que vengan a darnos la bienvenida —dijo con una sonrisa Davis, burlándose descaradamente de la situación, para luego acomodarse espalda con espalda con Louis mientras sacaba sus cuchillas.

—Ahórrate la charla para cuando estemos a salvo —declaró mi hermano seriamente, y Dalton me abrazó con fuerza aun cuando le dolía su herida.



La Rosa Blanca

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Editado: 10.06.2020

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