Soy tu victima mi amor

Capítulo 31: "La lluvia cae con todo así como los sentimientos"

La lluvia muchas veces trae consigo una buena cantidad de inspiración para los escritores, y también atrae el sueño, aunque me hubiera gustado que fuese alguna de las cosas que les estoy contando, no es así. No estaba sentada en el escritorio frente al computador para redactar algún tipo de historia, y mucho menos buscaba algo de música relajante para pasar la tarde, ya que en realidad me encontraba en otro tipo de situación. Una tormenta se había desatado durante toda la semana, lo que hizo posible que nuestra estadía se extendiera, y que nos mantuviéramos seguros de la mafia Neutraalne. Sin embargo, no es como si esto fueran vacaciones, ya que Asteris me ha hecho trabajar intensamente desde entonces.
Un fuerte azote que se dio sobre el escritorio, y me hizo salir de mis pensamientos, como de igual forma estremecer un poco; Asteris estaba enfadado, muy enfadado.

—¡No estás haciendo bien tu trabajo! —me hizo saber él cruzándose de brazos.

—¡Es que tú no dejas atemorizarme! —le recalqué haciendo pucheros.

—¡Tch! —chasqueó él la lengua, y luego se acomodó sus anteojos—. Si tan sólo recordarás bien la formula, no tendrías que sufrir tanto —él se inclinó apoyando su mano sobre el escritorio para explicarme, y eso hizo que se viera muy elegante como atractivo. Debo decir que para estas alturas quizás hasta yo misma me daba cuenta de que era una babosa en este aspecto, ¡pero no puedo!; ¡por qué hay tantos hombres tan bien parecidos a mi alrededor! Me llevé las manos a la cabeza después de tener en mente esto último, lo que me hizo también perder las palabras que me estaba dirigiendo Asteris, y fue en ese momento que sentí como me golpeó con un libro en la cabeza—. ¡Tienes suerte de que eres la hermana del novio del señor, si no, ya te hubiera castigado más severamente!

—¡Auch! —me quejé y acaricié mi cabeza con ambas manos—. Dije que no es mi culpa. Estos códigos son demasiado difíciles —mencioné con angustia.

—Ese no es el problema —alegó él enderezándose, y llevando su puño a la cintura—. Tienes que aprenderlos para romper la seguridad de los Neutraalne, además, yo no estaré ahí para ayudarte —me hizo entender—. Por eso te repito que no sirve de nada que recuerdes la mitad y la otra no —me volvió a explicar. Ese discurso ya lo había oído más de veinte veces, por lo que me sentí aún más estresada. Las clases con Asteris no habían cedido ni por asomo, y eso me hacía sentir cansada; realmente agotada. Pero de repente, se escuchó que tocaron a la puerta.

—¡Traje galletas! —anunció una voz masculina, y en cuanto se asomó por la antes mencionada, se desveló que se trataba de Agni—. ¿Por qué no descansan un poco? —preguntó sonriente.

—¡Deja de venir! —le dijo mi maestro en un tono quejoso—. Esta es ya la cuarta vez.

—Tranquilo, no deberías preocuparte tanto Asteris, además la lluvia… —traté de calmarlo, pero no llegué a terminar la frase, ya que Agni la completó por mí.

—La lluvia se está deteniendo —el castaño terminó de entrar al cuarto. Otra vez volvía ese sentimiento de inseguridad, pues sabía que con eso, nuestra paz se vería interrumpida.

—¡Ah, fantástico! —mencionó fastidiado—. Ahora no tenemos más tiempo —declaró mi maestro.

—¡Hey! —entró Dalton haciéndose un espacio al empujar levemente a Agni—. Louis mandó a avisar que esta noche será cuando zarparemos de regreso a Argentina —todos nos miramos, y luego Asteris me observó molesto.

—Bien, no hay de otra, seguiremos con los cursos intensivos dentro del barco; vamos a movernos —al fin Asteris había decidido dejarme en paz, por lo que suspiré deshaciéndome en el escritorio al echarme sobre éste mientras notaba como se iba a pie ligero.

—Te dejaré esto aquí —Agni depositó las galletas sobre el escritorio con un par de tazas de café, y luego se fue corriendo en lo que gritaba: “no me dejes mi amor”. Esas palabras ya sabía para quién iban dirigidas. Me tomé un momento, pensando que hasta Dalton me había abandonado, aunque estaba equivocada, ya que muy pronto su voz la escuché a mis espaldas, mientras sentí sus manos acariciarme los hombros cosa que me hizo sobre exaltar un poco.

—¿Te encuentras bien? —me interrogó con un tono amable.

—Ah… no aguanto más esto, y yo que pensaba que después de graduarme, me dedicaría a trabajar y pasar una vida tranquila junto a mis amigas —saqué mi teléfono, y me lo que quedé mirando con melancolía—. Pero ellas ni se acuerdan de mí después de tanto tiempo; supongo que también tenían algo que ver con la mafia de mi familia.

—No estás sola, si es que es eso lo que te preocupa —me aseguró mi amado, cosa que me hizo sonreír por aquello, así que me enderecé, y lo miré echando mi cabeza hacia atrás.



La Rosa Blanca

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Editado: 10.06.2020

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