Sujeto 23061

Capitulo CINCO

Axel volvió a llevarme al sitio de la explosión tres veces más esa semana.

Y, para mi suerte, no volvimos a parar en Synapse ni en la CUI en toda la semana. Me aterraba cada vez que mis pensamientos volvían a Athena Mitter. Y aunque no la había imaginado como una señora, senil y dulce, con muchos nietos y mentas en su bolso, no estaba consciente de su…ferocidad. No creí que la salvadora de la humanidad no pareciera tener ningún problema con quitar una vida. Era justo lo contrario a la imagen de una abuelita dulce.

El sábado fue uno de esos dias en los que Axel no se apareció por mi apartamento. Y como todos esos dias, le saqué el máximo provecho.

Me levanté temprano, como siempre, y salí a correr por el vecindario. Luego, cuando volví a casa—agotada y sudada—, preparé un desayuno suficientemente grande como para una familia—el cual comí sin recelo. Luego de eso, me lavé y vestí, para luego sentarme en la sala con la laptop que Axel me había dejado.

Me sentí muy orgullosa de mí misma los ¿Treinta minutos? Que me pasé en línea investigando sobre explosiones y sobre esa antigua sede. No me acerqué ni un poco al tema de los rebeldes u otra cosa relacionada, ya que era de conocimiento público que ese tipo de cosas eran revisadas por Synapse en todo Wandel. Básicamente, no se podía entrar en el limitado internet sin que ellos llevaran registro de cada detalle. Cada letra que borrases del buscador antes de presionar enter, cada incognito window que abrieras, ellos lo sabían. Realmente no entendía por qué siquiera seguían poniendo la opción de incognito. Tal vez por las apariencias o para darle un sentido de privacidad a la gente.

Pero como dije, eso solo fue durante treinta minutos. Llegó un punto en el que mis ojos ya estaban hartos de mirar imágenes de edificios blancos y cristalinos con encabezados aburridos. Además, esa información estaba censurada, no podía decirme nada útil o nuevo. Así que cuando leí algo de un embajador de la CUI Europea, presumiblemente de la antigua Italia, que estudiaba el antiguo dialecto, pensé en que sería interesante tratar algo nuevo.

Y empecé por un curso de italiano arcaico, el mismo italiano que hablaban las personas cuando aún el mundo no conocía el sistema de Kasten ni la Meningitis Mutada, ni la Catástrofe…

Ya para las doce del mediodía, podía decir un par de oraciones alla perfezione. Y en eso, con todo eso del italiano, me antojé de comer pasta. ¿Qué hice al respecto? Busqué un par de recetas de diferentes tipos de pastas, salsas y carnes para comer. Sin embargo, al revisar la cocina, me di cuenta de que no había nada remotamente útil para hacer un Spaghetti alla puttanesca. Rodé los ojos y miré mi ropa. Bastante decente para mi criterio. Unos simples pantalones de pijama y una blusa fina de algodón. Me encogí de hombros, torciendo el labio en una mueca de resignación.

Caminé a la puerta, tarareando una canción y saboreando mis Spaghettis alla puttanesca. Dejé salir un suspiro, la imagen de estos había sido tan angelical, que no podía dejar de sonreír como una enamorada pensando que dentro de un rato, estarían en mi mesa. Justo de camino a mi estómago.

Pasé mi mano por el panel de la puerta y dejé escapar una maldición cuando vi a Axel de pie en el marco de esta.

— ¿Qué haces aquí? Hoy es sábado…—hice un puchero, ya había planeado el resto de mi día. Luego de mi cita con mi almuerzo italiano, me iría a correr por el vecindario de nuevo y cuando volviera, vería una película de terror clásica. Estaba tan feliz de tener un día tranquilo.

—No viniste a Geld a vacacionar, Kalila—Cerré los ojos y torcí los labios hacia abajo.

Prego…—Axel frunció el ceño, pero luego me sonrió divertido.

Parli italiano? È un gioco per due, il mio amico dai capelli rossi—La boca se me secó y lo miré atónita.

— ¿Qué dijiste?—Axel ladeó la cabeza.

—Creí que hablabas italiano.

—Tomé un curso durante un par de horas, pero no es suficiente para catalogarlo como ¨hablar italiano¨—dije haciendo comillas con los dedos y dejando salir una risa— Ahora, no sabía que tú supieras.

Axel se encogió de hombros.

—Me gusta conocer el contexto de mis autores favoritos, creo que leer sus obras en su propio idioma las hace más…no lo sé, ¿Especial?—Me miró como si esperara que le dijera que sonaba estúpido, sin embargo asentí y sonreí abiertamente.

— ¡Sí! Me pasa lo mismo pero no con escritores, con todo. Me gusta ver lo original—Axel me devolvió la sonrisa y por un segundo, olvidé por qué estaba ahí. Casi lo invite a pasar o a que me acompañara al supermercado, pero entonces Axel habló.

—Athena me dijo que quería que te llevara a Synapse. Consiguió a un grupo de psicólogos y científicos para que te asesoraran el día de hoy—Eso sonaba mucha atención. A veces, toda la cautela que tenía Synapse con los rebeldes me hacía preguntarme qué tan estable era nuestra sociedad.



Maureen

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En el texto hay: distopia, romance

Editado: 21.09.2020

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