Susurros Sepultados

Capítulo 4

Yo no creía en fantasmas.
Hasta ahora.
Yo pensé que mi madre estaba sana mentalmente y que nunca hablaba sobre su familia por problemas tontos y sin importancia.
Hasta ahora.

Ahora sé la verdad. Mi madre era una asesina, tenía problemas de esquizofrenia.
Asesinó a su propia hermana porque estaba quería ser la favorita de la familia, porque no soportaba los celos con mi padre.
Mi padre...¿Cómo es que no sospechó nada?
Y mis abuelos, mis supuestos abuelos. Ellos lo sabían todo.

Diría que no puedo creer lo que pasa, pero el mismo fantasma de mi tía es la que me ha mostrado todo esto.
Sé que ella está presente, seguro mirando cómo mi piel se vuelve cada vez más pálida, yo no sé qué decir.

Había estado equivocada al pensar que Nelson había sido el asesino, pero no, él se disculpó con Lily por no haber hecho nada, por haber ocultado la verdad tanto tiempo.

-No sé qué decirte.- Admito en voz alta, cierro el libro que se me hace desagradable dentro de la caja, las fotografías y los diagnósticos de mi madre también. Esta es la oscura verdad.
¿Cómo iba a imaginarme que esto pasaría? Que llegaría a esta casa y descubriría semejante cosa.

En uno de los estantes delante de mi, una pala y un pico caen de una repisa con un sonido estridente que me llega hasta los huesos.

Sabía lo que ella quería, sabía lo que eso significaba.
Ella había sido enterrada aquí, justo en este sótano. ¿Por qué los abuelos la dejaron en este lugar? ¿Por qué no le hicieron el funeral que ella merecía?
Pero algo que tampoco entiendo es por qué quiere que desentierre sus huesos.
¿Será que haciendo el funeral adecuado ella pueda descansar por fin? 
Eso es, por eso me ha traído aquí. Quiere paz, y sólo yo puedo dárselo.
Asiento fuertemente.
-Entiendo, entiendo. Te daré paz.

Me levanto con piernas temblorosas y tomo el pico primero, miro a mí alrededor. ¿Dónde exactamente está?
La caja se mueve unos centímetros a la derecha. Ahí está.
Aparto la caja con mi pie y empiezo a golpear el suelo con el pico.

Cada golpe me sacude la cabeza, hace que los dientes se me presionen por las vibraciones. 
Siento una mano que me ayuda a golpear más y más fuerte, una mano fantasmal.
El concreto se rompe y estoy consiente de que no sólo se trata de mi fuerza, porque yo soy débil, mis brazos son delgados y sin músculos, no soy yo, es ella, Lily.

El cuerpo me duele y el sudor me cae sobre los ojos y me hacen parpadear desesperadamente, pero no paro, no paro, no puedo.
Mis dedos envuelven el mango con fuerza, una presión me impide soltar el pico.

-Para.- Pido con voz débil y jadeante. Lily no me suelta, no deja que me retire, me hace seguir rompiendo el concreto.
Falta poco, ya va a terminar, lo prometo.
Su voz no es tranquilizadora, es inquieta.

Cuando acabo con el concreto y la tierra debajo ya es visible, me muevo hacia la pala sin ningún poder en mi cuerpo, me siento atrapada, no puedo moverme cuando quiero, no puedo parpadear, no puedo hablar, ella me controla.

Basta.
Pienso.
Deja que descanse, no puedo más.
Te recompensaré.
Me promete.
No, sólo quiero parar.

Luego ya no hay contestación.
Me hace cavar, la pala se entierra en la tierra, la hundo profundamente y luego la retiro con tierra que tiro lejos, repito el proceso más de veinte veces. Empiezo a ver brillante, siento mis latidos en las orejas, demasiado acelerado, demasiado fuerte.
Empiezo a resoplar en busca de aire y sin embargo, ella no me deja, ella me obliga a seguir cavando.
P-por Favor
Le pido otra vez.
Ya vas a terminar.
Me promete.

El sonido rasposo que produce la pala al chocar contra la tierra y algunos pedazos de concreto aún ahí, se me hace cada vez más lejano, dejo de sentir la presión de mis dedos en la pala y yo sólo me dejo llevar.

Hay un agujero profundo delante de mí, reconozco un cobertor en medio de la tierra café, un olor extraño me hace entonar mis sentidos y darme un último impulso para abrir los ojos.
Es su cuerpo, son sus huesos envueltos en un cobertor, mamá la envolvió ahí cuando la mató.
Ya casi.
Me asegura.

Ella me hace bajar ahí, me hace bajar ahí.

Mis dedos se aferran a la tierra mientras bajo. Cuando relamo mis labios quiero vomitar por el sabor entre salado por mi sudor y terroso. Mis uñas se clavan y se rompen y cuando estoy abajo, abro mis piernas para no aplastar lo que está envuelto.

Por sí solas, mis manos empiezan a desdoblar el material raído y manchado de sangre seca.
Gusanos secos y otros vivos caen lejos cuando dejo al descubierto el esqueleto. 
Mis piernas amenazan con doblarse pero no lo hacen porque quien controla mi cuerpo no quiere que suceda. Me siento como una marioneta.
No. 
Me siento como una prisionera dentro de mi cuerpo.

Estoy esperando que me deje libre pero no sucede, puedo sentir su presencia e incluso el ambiente se vuelve pesado, como la otra noche en su habitación.



Abby Conrad

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En el texto hay: fantasmas, muerte, traicion

Editado: 03.04.2018

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