Tal vez es ahora

Capítulo 13

Nora

Me detengo en mitad de la calle, con la respiración agitada, cuando la música que estoy escuchando a través de los auriculares se detiene y da paso a una llamada.

He salido a correr. Hacía muchos días que no lo hacía por falta de tiempo –si no estaba en las prácticas, estaba con Selena o llegaba demasiado cansada a mi casa–, y ya necesitaba hacerlo.

Miro la pantalla de mi móvil y veo que es mi padre quien me está llamando. Desenchufo los auriculares y acepto la llamada al tiempo que me pongo a caminar de vuelta a mi piso. Ya llevo una hora fuera.

–Hola, papá –le saludo nada más responder.

–Hola, hija –dice él al instante–. ¿Te pillo ocupada?

–Había salido a correr un rato, pero ya estoy yendo a mi casa. ¿Por qué?

–Te llamaba para invitarte a tomar algo. Si quieres te paso a recoger, ¿por dónde estás?

–Por Chinatown. ¿Te espero aquí?

–Genial. No tardaré en llegar.

Y, efectivamente, no tarda mucho en llegar.

Le estoy esperando en una de las calles principales de Chinatown cuando veo aparecer su coche, doblando una esquina. Le saludo con la mano cuando pasa por delante de mí y busca un hueco libre que no tarda en encontrar cerca de donde yo me encuentro. Me acerco a él mientras aparca el coche.

–No te voy a abrazar, que estoy un poco sudada –le digo cuando me detengo frente a él.

–Vale –él ríe–. Pensaba que te pillaría en las prácticas.

–He ido, pero sólo un par de horas –me encojo de hombros y nos sentamos en una mesa libre de una cafetería que había cerca de nosotros. No hay mucha gente–. Y yo pensaba que tú estarías trabajando.

–Tengo el día libre –aparta la mirada de mí para mirar al camarero–. Un café, por favor.

–Sólo agua –le digo yo cuando me mira.

–¿Sólo agua? –mi padre me mira–. ¿No quieres un refresco? ¿Un café?

–He estado corriendo. Un refresco o un café ahora es lo que menos me apetece –me encojo levemente de hombros–. Dime, papá. Me quieres decir algo, ¿verdad?

–¿Por qué piensas que tengo que decirte algo?

–Porque muy pocas veces me llamas para ir a tomar algo juntos –enarco una ceja–. Que me gusta venir aquí contigo, pero sé que me tienes que decir algo. Venga, dímelo.

El camarero llega en ese momento con nuestras bebidas y, tras agradecérselo, le doy un sorbo a mi vaso de agua mientras mi padre lo hace a su café.

–Es por mamá, ¿a qué sí? –adivino cuando él no dice nada.

–Sí –asiente con la cabeza y suspiro–. Nora, no es bueno que sigáis así las dos. Ni para vosotras, ni para Olivia, no para mí. Tenéis que intentar arreglar vuestros problemas y… y ser madre e hija como tal. Cada vez que os veis, acabáis discutiendo. Y eso le está afectando a su hermana. No deja de preguntar el por qué os lleváis así. Y yo ya no sé qué más hacer, cariño.

–Papá, te entiendo. Te prometo que lo hago. Pero ya lo he intentado, y nada cambia.

–Pues seguid intentándolo.

–¿Más? He estado meses intentando arreglarlo, he intentado llevarme bien con ella, he intentado… he intentado olvidar lo que pasó –me aclaró la garganta–. Pero no puedo, papá. Yo sé que a veces me muestro reticente a hablar con ella, vale, podría hacerlo más, lo sé. Pero… ¿y ella? ¿Acaso ha cambiado algo?

–Claro que ha cambiado, cariño. No sigue siendo la misma mujer que hace unos años. Lo está intentando.

–Yo no lo veo tan claro. Piensa en la cena del otro día. ¿A qué venía su insistencia sobre Austin? ¿Por qué ahora quiere hacer de madre ejemplar y preocupada?

–Porque está preocupada por ti.

–A mí no me pasa nada para que tenga que estar preocupada por mí. Eso debería haberlo hecho hace unos años.

Hay un momento de silencio.

Le doy otro sorbo a mi vaso para deshacer el nudo que se me ha formado en la garganta y mi padre me mira desde el otro lado de la mesa, con el café frente a él. No ha vuelto a probarlo desde que se lo han traído.

–Esta noche vamos a salir tu madre y yo con Olivia a cenar, hace mucho que no lo hacemos –añade tras unos segundos de silencio–. Podrías venir. Será una cena tranquila, sin sobresaltos. Te lo aseguro.

–No sé si es una buena idea.

–Tu madre quiere que vengas –insiste–. Olivia por supuesto que también. Seguro que en un rato te dirá algo. Y yo también quiero que vengas. Hace mucho que no salimos los cuatro juntos; es una buena oportunidad.

Suelto un suspiro y me paso las manos por mi pelo recogido en una coleta.

Sé que mi padre lo hace con buena intención, que quiere que los problemas entre mi madre y yo se arreglen, que seamos una familia feliz. Pero no todo es tan fácil como ir a su casa, abrazar a mi madre y pedirle perdón por todo. Porque ella conmigo no se ha disculpado en ningún momento. Y… siendo egoísta… creo que soy yo quien se merece esa disculpa.

–Lo pensaré –me limito a decir.

–Está bien –ahora sí que le da un nuevo sorbo a su café–. Te mandaré la dirección del restaurante por mensaje. Pero avísame un poco antes, ¿vale?

–Vale.

–Genial –sonríe un poco–. ¿Quieres que te lleve a tu casa?

–No, prefiero volver corriendo.

Los dos nos terminamos nuestras bebidas y, en cuanto mi padre paga, caminamos de vuelta a su coche. Me detengo ahí, mirando como abre su coche.

–Papá –le llamo antes de que entre–. Sigue sin decirle nada a Olivia. No quiero que sepa nada.

–Algún día lo acabará sabiendo, Nora –me mira con una pizca de compresión en su mirada.

–Prefiero que sea más tarde. De momento, quiero que todo siga como está ahora, sin que ella sepa nada de lo que pasó –insisto y él, finalmente, asiente–. Te escribo luego con lo que decida.

–Vale. Ten cuidado.

Asiento con la cabeza y, tras un intercambio de sonrisas, él se mete en el coche y yo le doy la espalda, andando unos metros a paso rápido hasta que, finalmente, comienzo de nuevo a correr hasta mi piso.



Laura G.

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En el texto hay: romance, amor, cine

Editado: 04.01.2021

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